CULTURA / ESPECTáCULOS › CINE. TORREMOLINOS 73, UNA PELíCULA DE PABLO BERGER CON JAVIER CáMARA

Una comedia con apuntes satíricos

Recién estrenado en DVD, el film está ambientado en la España de Franco. Tiene toques costumbristas y algo de Bergman.

 Por Emilio A. Bellon

Es probable que en las nuevas historias del cine español haya un capitulo dedicado a "las chicas y chicos Almodóvar". Es que por sus films desfilaron toda una serie de actores, de actrices, que se caracterizaron por representar desde una modalidad rabiosamente colorida, estridente y kitsch, con gestos ampulosos y conductas por momentos surreales. Si bien en principio en tono de comedia, estas actrices -particularmente, ellas- plantearon una línea interpretativa entre el melodrama y el humor alocado, pleno de referencias a religión, familia y sexualidad, particularmente irreverentes. Ahí están el primer Banderas y la eximia Carmen Maura, Rossy De Palma y Penélope Cruz, Chuz Lampreave y Verónica Forque, Nacho Martinez, Eusebio Poncela, Loles León, Miguel Bose y tantos más.

A partir de Hable con ella del 2002, film que ha tenido una larga permanencia en cartel y que mereció significativos premios, se incorpora al grupo el comediante -hoy, ciertamente, uno de los más solicitados- Javier Cámara, nacido en enero del 67 y con un gran reconocimiento a partir de sus labor en el film Torrente, de Santiago Segura.

Y es Javier Cámara, quien un año antes de volver a filmar con el director de Volver, protagoniza en primera línea Torremolinos 73, una desternillante comedia de costumbres ambientada en la España de Franco de principios de los 70 y que mira por igual al cine "de ropas caídas" y a los films de Ingmar Bergman, desde su personaje rutinario y agobiado vendedor de enciclopedias, puerta a puerta, de nombre Alfredo López.

En Torremolinos 73, reciente estreno que sólo podremos ver en DVD, Javier Cámara es un hombrecillo de clase media baja, casado con una mujer llamada Carmen, que trabaja como depiladora en un salón de belleza cuyo nombre es París. Situación inicial marcada por la ausencia de un hijo, por el anuncio de que la editorial Montoya cambiara de rubro y que se internara, para asombro de sus seis empleados, en el mundo de la divulgación "de conducta sexual y reproductiva". Todo con el asesoramiento y el cofinanciamiento de una empresa danesa.

Estrenada en octubre del 2003, nos llega esta comedia con apuntes satíricos cuyo nombre identifica una estación balnearia, ciudad por otra parte que será motivo y asiento de un rodaje muy particular. En su opera prima, Pablo Berger, nacido en Bilbao en 1965, le planteó a la prensa cuando el estreno del film esa pregunta, que para él, organiza todo su film: "¿Es que acaso la felicidad consiste en lograr lo deseado o conservar lo conseguido?".

Con una banda sonora que incluye los temas mas cantados y bailados de entonces, tales como Mammy Blue, Eres tu, Eva Maria se fue..., entre tantos otros, Torremolinos 73 ofrece en su primera parte un abierto y declarado tono de comedia conforme al modo de vida de una etapa cercana a lo que se llamo "El Destape" -el dictador Franco morirá en noviembre del 75- para pasar de a poco a experimentar un giro que tiene mucho de desvío hacia el grotesco y la comedia sentimental.

Sin lugar a dudas para el espectador español y para el argentino que haya vivido en los años de la dictadura, el film de Pablo Berger puede apuntar a marcar ciertos vínculos identificatorios, particularmente en lo que hace a ese clima de censura y autoritarismo que el film retrata en algunos personajes y situaciones. En ese sentido, es más que oportuna esta invitación a disfrutar y reflexionar esta película que muestra situaciones de la vida cotidiana desde una perspectiva posterior a los hechos y que mantiene "ese miedo que flota en el aire", propio de aquellos años.

Al estar frente al film no sólo los hechos nos llevan a los años 70, sino también su resolución estética en lo que hace al montaje y al trabajo de iluminación. Es como si estuviéramos viendo un film de entonces, marcado por cortes y silencios, cuya historia incluye a empresarios especuladores y supuestos ayudantes de dirección. Se trata también de un posicionamiento ante una realidad que exige estar con los ojos abiertos.

Las referencias cinéfilas son múltiples y los pasos de una filmacion las acompañan. En un vaivén que expande una atmósfera de tristeza y un acelerado optimismo Torremolinos 73 nos permite volver sobre un género que no olvida una mirada crítica sobre una época que mentalidades conservadoras se esfuerzan por reinstaurar.

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En el celebrado film, Cámara es un hombre de clase media.
 
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