CULTURA / ESPECTACULOS › GRAN CONVOCATORIA TUVO LA QUINTA EDICION CONSECUTIVA

Una semana en los bordes del arte

Gran convocatoria en toda la provincia de Santa Fe, e incluso más allá, tuvo la quinta edición consecutiva de la Semana del Arte del Castagnino+macro, que terminó el 31 de octubre. Continuando una expansión iniciada con la cuarta edición el año pasado, participaron artistas y gestores culturales de Santa Fe capital, Rafaela, Venado Tuerto, Reconquista, Rufino, San Carlos, Helvecia, Tostado y Los Amores. Se sumó también la ciudad de Córdoba. El objetivo de trasladar el arte al espacio urbano amplió así su teatro de operaciones. Repensar el límite como borde o contorno, imaginar fronteras permeables: tal fue la propuesta este año.

"Opuesto al límite, el borde invita a transitarse, a disponer de él como un margen, como posibilidad -escribían los organizadores-. La propuesta trata de interrogar la noción de límite. Cuando este concepto es puesto en cuestión comienza a desdibujarse, deja entonces de dividir para convertirse en puente. La tarea de la 5SAR09 es justamente deslegitimar la geografía, hacer del límite un borde".

Varias obras de la Colección Castagnino+macro fueron puestas a circular ante el público en los espacios públicos de la ciudad, y no solamente en los espacios destinados a las exposiciones artísticas. Estas obras se encuentran, justamente, al borde, ya que cuestionan la idea de perdurabilidad del arte y su almacenamiento en el interior de instituciones. Fueron creadas por tres artistas argentinos del arte de vanguardia de los años sesenta: Edgardo Giménez, Alberto Greco y Federico Manuel Peralta Ramos, quienes pusieron en cuestión a través de ellas los límites institucionales tradicionales de la obra de arte.

"Por qué somos tan geniales" se titula la de Giménez, que se apropia del lenguaje de impacto masivo y el tono optimista de la publicidad de la época para efectuar una operación de autopromoción artística bien propia de las vanguardias históricas. No obstante, cabe señalar que a muchos de aquellos artistas pop argentinos los patrocinaba el mecenazgo de instituciones y empresas asociadas al desarrollo industrial y tecnológico de su época. El arte, hacia fines de los años sesenta, desdibujaba sus diferencias con la cultura de masas, mientras las élites burguesas soñaban al país como autónomo en lo económico.

La semana del arte este año ofreció un ámbito muy adecuado para pensar y debatir ese período, que fue rico en todo sentido, además de polémico. Charlas y exposiciones fueron ámbitos donde aproximarse a aquellos escenarios y reflexionar en torno a su validez estética hoy en día.

El público respondió con la lúcida mirada crítica de siempre, de la que viene haciendo gala desde aquella primera edición en 2004. Pero lo bueno es que esta vez tuvieron más espacios válidos donde expresarse, en un productivo diálogo con los artistas, curadores y críticos invitados. No faltó el desparpajo de algunos gestos de los invitados oficiales, por ejemplo el de la artista Marta Minujin, quien en vez de viajar desde Buenos Aires envió al panel de la Escuela de Bellas Artes de la UNR a su "doble": un actor travestido que respondía al alias de Martita. Las cámaras de video del público registraron el acontecimiento. Basta una recorrida por Facebook para acceder a los testimonios. La pregunta es qué valor revulsivo tiene una acción así hoy, cuando la transgresión está instituida y el mandato de la cultura oficial es precisamente ése, el de transgredir.

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