CULTURA / ESPECTáCULOS › PLASTICA. EN 2009, UN MODO LOCAL DE ENTENDER EL ARTE SE EXPANDIó POR LA REGIóN

El arte rosarino venció las pestes

Los artistas de la ciudad hicieron un buen papel en Buenos Aires y otras ciudades del mundo. En tanto, espacios como el Parque de España y el Castagnino marcaron tendencias. Y las iniciativas por fuera de lo estatal fueron pocas pero buenas.

 Por Beatriz Vignoli

La Gioconda con barbijo: una imagen casi dadaísta viene a la mente como alegoría de un año de arte engripado, el que pasó. Pero la restricción de exposiciones y otras actividades públicas a causa de la cuarentena por la epidemia de influenza es sólo una parte del cuadro. También 2009, año de la Astronomía, será recordado como el momento en que un modo made in Rosario de entender el arte se esparció cual big bang intergaláctico por toda la región. Puede haber influido en la búsqueda de alternativas a las disciplinas más tradicionales y comercializables el empobrecimiento del mercado debido a la crisis económica global, pero el caso es que en gran medida esta difusión de la nueva escuela rosarina estuvo orientada por voluntades institucionales bien decididas.

Con la consigna "al borde" y bajo el lema "¿Pero qué es lo que hace a Rosario tan diferente, tan atractiva?" la Semana del Arte diseminó la imagen de marca de una Rosario avant garde en la capital provincial y en localidades de la provincia de Santa Fe como Rafaela, Venado Tuerto, Reconquista, Rufino, San Carlos, Helvecia, Tostado y Los Amores.

Importante convocatoria tuvo la Noche de los Museos Abiertos. El contagio prendió en la capital de la provincia, que con la muestra de objetos de José Luis Roces en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) abrió un capítulo nuevo en el arte santafesino: el de su vanguardia serena, parafraseando al historiador de arte Guillermo Fantoni, según quien el arte de Santa Fe tuvo una modernidad serena.

Los artistas rosarinos hicieron un buen papel en Buenos Aires y otras grandes ciudades del mundo, en muestras colectivas y ferias internacionales. El curador Carlos Herrera, quien como artista tuvo un par de exposiciones individuales en la capital del país, se destacó en el Centro Cultural Borges con Destructivo Arte, que reunió a artistas de Rosario y Buenos Aires en un homenaje a aquel Arte Destructivo de 1961. La muestra brindó un recorrido por el arte trash (el estilo de moda del 2009) y también por otras propuestas de obra en papel y otros materiales que subrayan el aspecto procesual. Una galerista surgida de Rosario, la travesti Topacio Fresh, hizo capote en Barcelona con una galería de arte contemporáneo que se llenó de puntos rojos a pesar de la crisis. Y el travestismo fue estrategia artística en la despareja pero audaz Tríada de Mauro Guzmán. Otra travesti mucho más bizarra, Martita, fue de Buenos Aires a Rosario a personificar a la Minujin en una mesa redonda de la Semana del Arte, que estuvo dedicada a las vanguardias de los años sesenta. La década de Vietnam y el Mayo Francés fue homenajeada además en la muestra sobre el Rosariazo en el Museo de la Ciudad. Allí se vieron piezas de valor estético y no sólo documental, como la tapa de Boom dibujada por Roberto "Negro" Fontanarrosa sobre la foto que tomó Domingo Sahda al estudiante asesinado por la represión de Onganía.

Un encuentro vital con aquel período fue la excelente muestra antológica en el Centro Cultural Parque de España del fotógrafo Norberto Puzzolo, quien ganó además un premio de la Asociación Argentina de Críticos de Arte a su trayectoria. Rodrigo Alonso, curador de la muestra, fue uno de los integrantes del jurado del premio, donde el crédito local se alzó con una cosecha de lo más variada. El sitio wokitoki.org de información y debate sobre arte latinoamericano de contenido político fue también premiado por la AACA, además de otros exponentes. La muestra de Puzzolo le disputó el título de "muestra del año", que desde estas páginas se propuso a mediados de año, a la antológica de Diana Aisenberg titulada Escuela y curada por Roberto Amigo. El mote les cabe a ambas con igual justicia. Una tercera, la de Daniel García, podría llevarse la corona si no fuera porque le faltó curador. El que las tres hayan tenido lugar en el CCPE habla muy bien del lugar, que se arriesgó con propuestas nada convencionales como la Novela del Dibujo y una muestra de arte curada por Max Cachimba para conmemorar a Galileo Galilei y la llegada del hombre a la Luna. Allí también pudieron verse envíos internacionales como la antológica individual de Gerhard Richter y la edición local de la Bienal del Fin del Mundo.

Impecables, radiantes, los nuevos grabados de Pedro Sinópoli, pero las condiciones del Centro de Expresiones Contemporáneas conspiraron contra su visibilidad. Pese a ellas se lució Matilde Marín en el CEC. Y el Centro Cultural Bernardino Rivadavia se destacó con muestras de escultura, dibujo y fotografía. El Castagnino exhibió tres muestras formidables: la antológica póstuma de Rubén Baldemar, la retrospectiva de Adriana Lestido (también galardonada por la AACA por su trayectoria como fotógrafa) y la de León Ferrari. El Castagnino+Macro continuó con su política de adquisiciones, incorporando (entre otras) una obra emblemática de Edgardo Giménez en el marco de la Semana del Arte y desarrollando sobre conservación de arte contemporáneo con una obra de Ferrari, Jaula con aves. Y sigue valorizando su colección a través de la muestra Sobre gustos, que aún puede visitarse este año. El Castagnino, el Macro y el CCPE fueron anfitriones de Huésped, la exposición del Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC) que dio cuenta de lo más innovador del arte global. Y al fin de una década, el autor del porteño Manifiesto frágil, Rafael Cippolini, reunió a los artistas que se lo encargaron hace nueve veranos: Ernesto Ballesteros, Graciela Hasper, Fabio Kacero y Pablo Siquier. La nada frágil muestra, Fragilidad Iltda, episodio 2, pudo verse en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (MACRO).

Acaso como un eco de aquel olvidado escándalo de la reinauguración del Museo Castagnino en 1999 (hito con el que comenzó la Era Farina, o Período Contemporáneo), el arte subió la apuesta al ser objeto de atención por parte del Poder Judicial. En 2009, un proceso iniciado en 2005 contra un artista rosarino quedó revocado finalmente mediante un fallo de la Sala III de la Cámara Penal de Rosario. Así se cerró el expediente 815/05 caratulado "Caiazza Fabricio Pablo s/Instigación a cometer Delitos", que a partir de este año tendrá una copia en el Museo Castagnino. La copia fue donada como insólito registro de una experiencia colectiva que ironizaba sobre las conexiones ilegales y suscitó la denuncia de una empresa proveedora de televisión por cable.

En cuanto al Poder Legislativo local, honró al arte en el año que pasó, con un esperado gesto de justicia. En 2009, el Concejo Municipal de Rosario declaró ciudadano ilustre de esta ciudad (en carácter post mortem) a Leónidas Gambartes, por su invalorable actuación en la esfera de las bellas artes. "Se torna muy importante resaltar los artistas de nuestra ciudad como modo de mantener viva su obra y, más en este caso, porque representa a quien nació, trabajó y murió en la ciudad, logrando trascender las fronteras del país", expresó el edil socialista Aldo Gómez, autor del proyecto.

Poco hubo por fuera de lo estatal, pero poco y bueno. El espacio Imago de OSDE albergó (entre otras) una excelente muestra que con la curaduría de Adriana Armando releyó el arte rosarino desde una perspectiva de género. Ediciones independientes acompañadas por muestras, como el libro de Sabina Florio sobre los Schiavoni y Musto publicado por Iván Rosado, y el de Rodolfo Hachén sobre Adolfo Nigro editado por el Instituto de Artes Contemporáneas de Rosario, Icaro, demostraron que se pueden lograr muy buenas cosas desde los espacios privados. El Pasaje Pam sigue adelante de la mano de Román Rivoire, y continúa la nueva galería surgida en su planta alta: Oficina 26, de Pauline Fondevila, además una dibujante de gran talento. Una muestra en la decana de las instituciones culturales locales, Amigos del Arte, signó el regreso del pintor y dibujante expresionista Delfo Locatelli. Otra edición importante fue la del coleccionismo de arte en Rosario, con los aportes de la Fundación Espigas. En resumen, ni la crisis global ni la gripe A frenaron la expansión del arte rosarino, y es de esperar que en 2010 vaya por más.

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Predictiva pintura de Rubén Baldemar en los años 90.
 
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