CULTURA / ESPECTáCULOS › CINE. EL MEJOR LUGAR DEL MUNDO, DE SAM MENDES, VUELVE A INDAGAR EN EL MUNDO DE LA PAREJA

Cuando el azar señala los caminos

La última película del director de Belleza americana y Sólo un sueño sigue el recorrido de una pareja que espera un hijo y busca un lugar para vivir en familia. Una película de autor, que rehúye las lecturas complacientes.

 Por Emilio A. Bellon

A diez años del estreno de su primer largometraje, American Beauty Belleza americana, el cineasta inglés Sam Mendes, que ha realizado su obra en el marco de la industria estadounidense, nos lleva nuevamente a recorrer el camino de la pareja y nos ofrece otra visión, desde otra perspectiva, del medio familiar. Su anterior film, Sólo un sueño, cuyo título original remite a una zona residencial. Revolutionary Road, cerraba con una imagen que clausuraba las posibilidades de un entendimiento y de una posible reconsideración de las conductas de un matrimonio en crisis. Mientras aquella transcurría a mediados de los años 50, en el seno de un hogar de familia acomodada, la que hoy comenzamos a comentar nos ubica en nuestro tiempo, en el espacio de la sociedad contemporánea.

De manera antitética a Sólo un sueño, en la que ya desde la última secuencia se anula la posibilidad del alumbramiento, de la llegada de un hijo, ya desde el inicio en El mejor lugar del mundo la situación se revierte. Es el tema del hijo que se espera el que pasa a primer plano y es su futura presencia lo que va abriendo nuevos caminos.

Una de las maneras de acercarnos a un film puede llegar a ser aquella que nos proporciona el diseño y la composición de su afiche original; en este caso, la que corresponde a la actual edición en DVD nos permite pensar a esta historia en el territorio de la historieta, con marcados elementos naif, de un colorido que nos presenta distintas gamas del verde y una acentuada presencia del rojo. Sobre las figuras que componen a sus personajes principales, la joven pareja treintañera que está tomada de la mano, caminando "rumbo a", un escenario geográfico de variadas formas subraya esta idea de búsqueda, de tránsito, de recorridos en busca de lo que puede llegar a ser un lugar ideal.

Ante la noticia de que Burt y Verona van a ser padres, y frente a otra noticia familiar que compete a los padres de él, la joven pareja (él, ligado a los seguros y ella a la ilustración de libros científicos) optan por comenzar a andar. Y dicho está ya en sentido literal, cruzando fronteras provinciales, alcanzando distintas ciudades, en una suerte de road movie que nos permitirá ir acercándonos a diferentes tipos de familia. Aquí todo se juega en una extensión de kilómetros por venir, a cielo abierto y en tono de visitas a familiares y amigos; en busca, ciertamente, de algunas respuestas ante lo que va a ser un hecho inminente.

En El mejor lugar del mundo no hay nada que permanezca igual a una situación anterior, todo se va modificando conforme el transitar por otros espacios se va desplegando frente a esta pareja que marcada por interrogantes se lanza detrás de algunas certezas. En este sentido, este nuevo film del director de Camino a la perdición es una constante exploración sobre reacciones humanas, más que de hechos argumentales, tal como el llamado cine independiente ha ido señalando. En este sentido, estamos ante un film de personajes que se va armando frente a nosotros y que contrasta notablemente con sus films anteriores, en el que sí reconocemos un previo armado de guión, modelado con rigor y clasicismo.

Y es que el periplo de esta joven pareja no busca ya un modo narrativo clásico, sino más bien una apuesta (que Mendes alcanza), una modalidad propia de un cine de hoy, alejado de ciertos mandatos y atento a una producción de bajos recursos, que se proyecta de manera exploratoria, ya desde la elección de sus actores que no pertenecen a una plana mayor estelar. Es así que El mejor lugar del mundo nos lleva a aceptar la propuesta fílmica de un realizador atento a la precisión del trabajo del encuadre; pero al mismo tiempo dispuesto a que sus personajes se muevan libremente; por lo que el film marca un lugar de pasaje hacia resoluciones estéticas propias del cine independiente de hoy.

Si en Sólo un sueño la joven pareja que componían Kate Winslet y Leonardo DiCaprio había pensado otro lugar como un modo de escapar de la rutina y hallar un espacio propio, y ese lugar era la ciudad de París, aquí en El mejor lugar del mundo ese deseo se vuelve realidad, se concreta, no se frustra, lo que en el anterior film sí empujaba la tragedia. Ahora, desde una motivación particularmente antitética, Mendes explora ciertas líneas del cine moderno: lo itinerante y lo azaroso, desde aquello que se va reformulando en cada nuevo tramo que se recorre, en cada nueva visita, un próximo interrogante.

Pero no hay que pensar lo señalado desde el lugar de un desenlace como conciliación, como un estabilizador reencuadre pero que no posiciona un conformista happy end. Muchas situaciones se han ido modificando y ciertamente las mismas están presentes en el momento final, pese a que pueda llegar a no parecer así. En El mejor lugar del mundo, el realizador optó no ya por actores consagrados por la taquilla, sino por rostros que si bien son familiares entre el público estadounidense aún tienen mucho del hombre y de la mujer de todos los días, del personaje medio, con el que el gran público puede trazar fuertes vínculos de aproximación.

En tono de comedia, pautado cada capítulo con indicaciones geográficas, el último film de Sam Mendes se proyecta como un continuo travelling que explora no sólo espacios territoriales sino actitudes y reacciones, que descubren aspectos conflictivos y momentos de plena armonía, como el que se da en el interior de un hogar en el que el padre y sus hijos acompañan los giros del film de Robert Wise La novicia rebelde. Film de variadas voces y de matices, El mejor lugar del mundo nos permite, por otra parte, reconocer lo que se define como un film de autor.

El mejor lugar del mundo. Calificación: 7 (siete).

(Away we go)

Dirección: Sam Mendes

Guión: Dave Eggers y Vendela Vida

Fotografía: Ellen Kuras

Música: Alexi Murdoch

Intérpretes: John Krasinski, Maya Rudolph, Jeff Daniels, Maggie Gyllenhaal, Chris Messina, Catherine O'Hara.

Duración: 98 minutos.

Disponible en DVD

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La pareja es protagonizada por figuras no tan conocidas, que permiten la identificación del público.
 
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