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Domingo, 24 de noviembre de 2013

CONTRATAPA › FOTOGRAFIANDO LA ZONA

Ropas con historias

 Por Adrián Abonizio

*Hay un traje vencido pero de colores firmes que ha descubierto entre los canastos y las perchas del ropavejero. -Setenta pesos, le dice el tipo. Barato para un traje largo que parece hubiese pertenecido a Melchor, solapa azul de gamuza y corte en la espalda a las altura de los glúteos. Ideal para Prince. Lo adquiere y asiste a la oficina en el primer día de su empleo, al que detesta y detestará por siempre. -Ya no hay rebeldías, lo único que tengo es este traje, se dice mirándose al espejo del baño de la empresa. A sus espaldas dos empleados se ríen de él, de su valentía. Pobres, ellos no conocerán nunca la locura y el desempleo.

*La abuela ha muerto y le han encargado a ella, de veinte años que limpie el ropero de "porquerías". Asiste a la casa cerrada a pleno sol y se ceba unos mates. Luego abre despaciosamente las puertas de madera azulina y encuentra un tesoro de ropas alucinante, italiana del sur, mora y psicodélica. También descubre un collar de perlas que lo descarta absorta como está en su prosperidad. -Los tíos malandras se llevaron hasta los caños de bronce, dicen amargadas las tías. -Y dicen que el collar de la abuela lo capturaste vos. Es cierto? -Ella se encoge de hombros: tiene el placard lleno de joyas en telas y ropa que parecen haber pertenecido a Jimy Hendricks, a Janis Joplin, las acusaciones le importan un bledo.

*--Ese, ese que va ahí es el que va al puti club de enfrente. La pinta lo vende. El lo observa y solo descubre a un morochón alto, pantalón ajustado y zapatos en punta, caros. Lo ha visto entrando reiteradas veces en el tugurio --No ves que se viste como un putañero? El, que no interroga, se pregunta para si como las mujeres descubren estas sutilezas en la ropa.

*El era un jovencito y había asistido invitado a una casa quinta: la dueña, un señora exuberante, prodiga en amabilidades y soltura le indicó donde cambiarse. Allí, en la semi penumbra descubrió la bombachita de una bikini de la dueña de casa. Se la puso y por un instante ella, la hembra, le perteneció. Luego, cuando salió al sol evitó mirarla a la cara. Una señora al sol. Perfecta. Mamá de una de sus amigas. Separada. El había estado casi, casi dentro de ella y con eso le alcanzaba.

*Le dan pena los animales vestidos, las mascotas, presas del corset doméstico y la estupidez del amo, que suele ser afecto en el fondo; un amor zonzo pero amor al fin. Y allí van desfilando: perrazos que pueden quedar a la intemperie, bajo la garúa filosa o por los caminos de nieve, sin resfriarse con pullovercitos maricones y otras monerías. Se ve mucho en las solteronas o quienes han perdido maridos. A alguien necesitan encerrar dentro de algo, una casa, una comida, un abrigo.

*"Las mujeres son cucha e perro: puro trapo y pelo", lee en una antesala de un gim. Adentro varones argentinos se desloman hinchando las venas, sudando la gota gorda para cumplir con ese lema que los subyuga y está escrito en un cartelito. Ser esclavos para ellas, sacar físico para ellas, ser parte indivisible de ellas. Por ello las visten y desvisten con lo que ellos yugando como bueyes les proveen. Son en el fondo, niños mariquitas: aún siguen jugando a las muñecas

*Se viste con variado atuendo. Nadie podrá descubrir su linaje, su origen: puede andar con una campera de gamuza cara y una camisa de hilo estilo hawaiano, un pullover rústico de laburante con una gorra de hilo fino. Zapatos y zapatillas variadas. Es que se viste con las prendas que los padres de sus amigos, al morir van dejando y sus hijos le obsequian. -﷓Ropa de muertos usa. Lo dicen con respeto, superstición y pena. Pero al él no le importa. Lleva con orgullo el uniforme de aquellos a quienes quiso. Y de paso no gasta un mango.

*Ropa, el regalo más temido para un niño en su cumpleaños. Y más aún si era acompañado de una pariente odiosa a la que encima había que agradecerle. Y lo peor de lo peor, si era "cierta" ropa: las temidas medias, calzoncillos y camiseta. -Que lindo, son de interlock, decía una madre cómplice de nuestra desilusión. Los niños deberían quemar en un acto vindicatorio esas prendas en el patio, aullando como diablos alrededor del fuego.

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