CORREO

Tristeza

Cuánta tristeza, cuánto desconsuelo. Lo conocí personalmente en el 2002, el 17 de octubre de ese año, cuando participamos en la organización de un acto en el Club Sportivo América. Ese día estaban los dos, Néstor que tenía un 6 por ciento de intención de voto como candidato presidencial y Cristina que ocupaba el cargo de diputada nacional. Ese día se distinguieron a más 30 hombres de la "Resistencia Peronista", aquella gesta de tantos anónimos militantes que sin reparar en nada, después de casi 18 años entre 1955 a 1973, lograron que Perón vuelva al país.

El club estaba colmado y muchos expectantes por su discurso. Néstor habló de "un país serio, sin figurones que sigan entregando patrimonio nacional". Después las volteretas políticas lo pusieron ahí, para disputar la presidencia con Menem. Ganó Néstor sin segunda vuelta porque los cobardes huyen.

Después de mucho tiempo sentí la emoción de estar frente a un tiempo distinto, cuando le entregaron el bastón presidencial aquel 25 de mayo de 2003. Y ese día dijo, "no somos hombres distintos, somos hombres comunes que tenemos muchas responsabilidades".

En su gobierno vinieron definiciones importantes, bajar la desocupación, derechos humanos, jubilación de dos millones de abuelos, distribución de la riqueza, políticas inclusivas. Mi sentido común era complacido siempre por ese modelo que proponía Néstor y luego continuó Cristina.

Murió el mejor compañero que nunca hizo alarde de su militancia, la transitó sin escándalo, sin exhibicionismo. Supo instalar el ausente debate político entre los argentinos.

Murió el mejor compañero y murió en la cancha porque sabía que el partido venía con alargue.

Era, sin dudas, quien tenía muchas chances de llegar otra vez a la presidencia en el 2011. Además quién más que él garantizaba la continuidad de este proyecto político.

Murió el mejor compañero que restituyó las esperanzas a millones de compatriotas. Murió un cuadro político con pocos émulos en nuestra Nación.

Es odioso establecer comparaciones pero un sino fatal marca la historia de los argentinos. La muerte de Evita en 1952, siendo presidente Juan D. Perón y ella renunciando a la formula Perón Perón porque la devoraba el cáncer, repiquetean en mí cabeza.

La comprobada tenacidad de los argentinos para superar coyunturas difíciles hace que uno vea el futuro con expectativas. Pero hoy siento que murió el mejor compañero, la puta que lo parió.

Daniel de San Benito

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