SOCIEDAD

Te espero en mi casa para la reunión de tupper sex

Perfumes seductores, bombachas abiertas en el centro, lencería para hacer un streep tease, vibradores pequeños -lejos del estereotipo-. Elementos eróticos a la venta en una reunión de mujeres al estilo tupper ware.

 Por Sonia Tessa

La reunión comenzó un poco demorada, pero con mucha expectativa. Algunas de las asistentes fueron periodistas, como la anfitriona, y otras médicas, como su compañera de departamento. La propietaria de Sexto Sentido, Laura, se mostró contenta con la convocatoria de su primer desembarco en Rosario. "En Buenos Aires, muchas veces se cancelan las reuniones. Llaman a las vendedoras para decirles que no pueden ir", relató antes de comenzar con el despliegue de los productos. El tupper sex, la venta directa de cosmética, lencería y juguetes eróticos, ya es una tendencia instalada en la Argentina, como ocurre en Estados Unidos y Europa, y llegó a Rosario para quedarse. La reunión que se organizó la semana pasada en una casa tuvo sus códigos. Durante más de una hora, las chicas miraron, escucharon y tocaron con unción los productos. Algunas hablaron, otras se limitaron a observar. La mayoría compró y todas llegaron con la ilusión de cumplir con el nuevo imperativo de las mujeres: ser diosas sexuales, una función agregada por la época a los mandatos más ancestrales.

Más allá de imposiciones y modelos, se trata del placer. Y entre mujeres, en un ámbito relajado, circula el deseo de innovar. Para romper el hielo, Laura desplegó los perfumes con pheromonas, que son las hormonas relacionadas con la atracción sexual. Todas las asistentes se probaron las fragancias para hombres y mujeres, hasta que una planteó la duda: "¿Si me pongo la fragancia de mujer atraigo hombres?". A la seria respuesta de Laura siguieron las risas, y la distensión. "¿Atrae a cualquier hombre o te garantiza alguno en particular?", bromeó otra. En el mismo rubro, circuló el aceite para masajes y los lubricantes saborizados, que la vendedora aplicó sobre las manos para que las chicas prueben los sabores de menta y dulce de leche. "Están pensados para que no dé vergüenza tenerlos en la mesa de luz", afirmó, después de aclarar que el uso de lubricante es "perfectamente normal" porque la sequedad vaginal puede aparecer en cualquier momento. "No es lo mismo que ir a comprarlo a la farmacia, donde parece que necesitaras algo porque tenés un problema", afirmó. Con mayor o menor destreza, todas conocieron el gusto de los lubricantes.

Un momento de gran interés se generó cuando Laura mostró la lencería. Bombachas mínimas, abiertas en el centro, baby doll, culottes con detalles sensuales, las prendas pasaban de mano en mano. "Nuestro fuerte era la cosmética. Sacamos la lencería como complemento del negocio, y de repente fue un éxito, así que cada vez tenemos más prendas", contó Laura, quien agregó: "Te la podés pasar pensando qué quiere la gente en una oficina, pero eso se encuentra en las reuniones, hablando con la gente. La demanda que tenemos ahora, cada vez más fuerte, es lencería masculina".

Por ahora, sólo fabrican para mujeres. Un triángulo de tela mínimo, con largos hilos para atar a los costados, es el producto diseñado para el streep tease, acompañado de una camiseta transparente. Todas lo miraron y lo tocaron, pero ninguna se animó a llevarlo. "Esto es para hacer el streep", había alertado Laura, quien aclaró que la lencería no es para mujeres perfectas, sino para las normales, que tienen ganas de estar lindas. "Cuando una mujer se siente linda, eso se transmite y él la ve linda también", filosofó la vendedora para henchir la autoestima de las asistentes.

Una prenda que hizo furor fue un babydoll negro, abierto adelante, que entusiasmó a todas. Una de las chicas dijo, temerosa: "¿Me lo puedo probar?". Todas la alentaron rápidamente. "Dale, así vemos como queda", se superpusieron. Con cierto resquemor, ella se metió en la habitación, y volvió con la prenda semitransparente. La exclamación fue general. El clima, de confianza. Tanto que una de las chicas, sobre el final, se animó a decir: "Para la próxima reunión prometo tener con quien usar estas cosas".

Estas cosas eran los juguetes eróticos, todos en una línea muy delicada, que formaron la tercera tanda de productos ofrecidos durante la reunión. La vendedora activó los vibradores y mostró los objetos pequeños, lejos del estereotipo de grandes vibradores que se ven en tiendas y películas. En este caso, son objetos pequeños, de silicona, con vibradores a escala. El pulpito, el finger, la bala, y los aros, todos para incrementar el placer sexual. "La idea es llegar a la pareja, pero a través de las mujeres, porque cuando un hombre trae algo de esto, seguro que ella se molesta, le pregunta dónde estuvo, quién se cree que es ella; en cambio, si es la mujer la que propone, yo les aseguro que él piensa que es una fenómena, una genia, y esa noche hay fiesta garantizada", resumió en pocas palabras Laura F.

En la reunión rosarina había una mayoría de veinteañeras y alguna que otra de treinta y pico. Sin embargo, Laura afirmó que "el target justo es de 40 años. A esa edad la rutina está instalada en la pareja, fue destruyendo la pasión, y esto ofrece un estímulo para renovar la quietud cotidiana". Al mismo tiempo, no dudó en afirmar que "las más chicas tienen más prejuicios".

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"Cuando una mujer se siente linda, él también la ve linda", se argumentó.
Imagen: Alberto Gentilcore
 
ROSARIO12
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