PSICOLOGíA › ¡USA TU SíNTOMA! LA SINGULAR PROPUESTA DEL CURSO ANUAL DE PSICOANáLISIS

Sobre amar al síntoma como a sí mismo

Mientras la religión postula amar al síntoma, la medicina propone curarlo. Dos maneras de reducir eso que es más fuerte que nosotros mismos. Por qué se plantea usarlo, como una forma de enfrentar las paradojas del sufrimiento.

 Por Angel Fernández*

¡Usa tu síntoma! ¿De dónde viene esta expresión extraña y por qué nos resulta extraña? Viene de la lógica interna del curso anual 2014 "La enseñanza crítica de Jacques Lacan". Encontrábamos que esa enseñanza criticaba duramente la reducción del psicoanálisis a una terapéutica. Y que la crítica a esa reducción constituye uno de los fundamentos de esa enseñanza.

Esto significa que no hay retorno a un estado de bienestar anterior a la enfermedad. Pero tampoco el acceso a un estado de superación espiritual que reduzca el sufrimiento. No por medio del psicoanálisis. Pero, ¿por qué nos resulta extraña esta invitación a hacer uso del síntoma? Porque, lo sepamos o no, estamos habituados a asociar el síntoma a lo que se cura, no a lo que se usa. El discurso médico ha estabilizado este sentido. Y así es como funciona en medicina. Pero justamente el punto es que hay una diferencia fundamental entre el síntoma médico que se cura y el síntoma psicoanalítico que no se cura. Una parte fundamental de la enseñanza de Lacan consiste en argumentar esta diferencia.

Así tenemos un tratamiento del síntoma que apunta a curarlo. Pero los neuróticos hacemos otra cosa con el síntoma: tratamos de integrarlo a nuestro yo, de hacer la vista gorda, de enceguecernos un poco respecto de él, de negar un poco su aspecto. En una palabra, lo amamos. Los neuróticos amamos a nuestros síntomas como a nosotros mismos.

Curar y amar son dos maneras de tratar con ese extranjero interior. Dos maneras con las que la cultura intenta reducir eso que es más fuerte que nosotros mismos.

Dos imperativos culturales. Por un lado, la medicina dice: ¡Cura tu síntoma! Y ofrece sus remedios que en la actualidad están prácticamente reducidos al uso de la medicación. Por el otro la religión que dice ¡Ama tu síntoma! ¡Amalo como a ti mismo! Y ofrece su curatela de trascendencias. Ese más allá donde no habrá síntomas. Esa promesa de fin de sufrimiento. "Esta vida falsa pronto terminará y ya vendrá la vida verdadera donde el sufrimiento no existirá".

El discurso médico en cambio apunta a la calidad de vida, a vivir más y mejor en este mundo. No hay más allá como en la religión, hay un más acá que podemos intervenir químicamente. Hay un cerebro que podemos usar, una hormona de la felicidad, una glándula del amor. Tenemos el inestimable apoyo de la industria farmacéutica. Hay suplementos dietarios, antipsicóticos, antidepresivos etc.

Entre el "más allá" de la religión y el "más acá" de la medicina, entre el cielo protector y el organismo manipulable se administran las paradojas del sufrimiento humano.

El síntoma que descubre el psicoanálisis no se cura en términos médicos ni resulta muy amable. Ni curable ni amable, veremos si puede ser utilizable. Pero antes hagamos la pregunta: ¿para qué sirve el síntoma neurótico? Nos sirve para obtener una satisfacción, aunque sea sufriente. Pero también nos aporta un sentido, aunque sea fallido. Gracias a él gozamos del sentido y damos sentido a nuestro goce.

Es por eso que después de Freud, la salud pública y privada además de la biología empieza a tener que ver con la cultura. Pero en psicoanálisis nunca se trata solamente de hacer distinciones teóricas o de definir conceptos, hay que aprender a hablar, se trata de decir bien lo que nos hace mal y de crear audiencias para esa novedad crónica que significa el descubrimiento del inconsciente.

Por esta razón y con el auspicio de El juguete rabioso libros y Oliva libros organizamos el primer coloquio del curso anual de psicoanálisis 2015. Ahí tuvimos ocasión de oír una palabra en torno al deseo de analizar en nuestra ciudad. Los expositores, asistentes al curso desde el año 2012, fueron Ariadna Scandizzi, Ana Luz Rodriguez, Melisa Barrera, Clara Casalegno, Rafael Echaire Curutchet, Javier Pérez y Alejandro Benedetto, todos practicantes del psicoanálisis.

Cada uno desplegó una lectura singular de los temas del curso y subrayó algún aspecto destacado del lugar de nuestra práctica en el malestar contemporáneo.

La audiencia cerró el círculo con preguntas e intervenciones que abrieron el espacio de una conversación que tomó distancia de la oscura jerga profesional. Así cumplimos con la divisa secreta del coloquio y con la consigna explícita del curso anual que parafrasea a Witold Gombrowicz: "No hablar psicoanalíticamente de psicoanálisis".

*Psicoanalista. Docente en Facultad de Psicología UNR.

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Con Witold Gombrowicz, se trata de "no hablar psicoanalíticamente de psicoanálisis".
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