OPINIóN › SIETE DIAS EN LA CIUDAD

Preparados para el temporal

Los pronósticos coinciden: Será un verano muy lluvioso y con tormentas fuertes. Una metáfora para la política santafesina también, que termina el año con disputas que se prolongarán en 2010.

 Por Leo Ricciardino

Todo empieza a frenar, de a poco se escucha el chirrido de las puertas que empiezan a cerrarse. Faltan unos pocos días, el año está perdido. Restos de 2009 es lo que queda por aquí y por allá. Apenas unas disputas que -seguramente quedarán aplazadas para el año próximo que por supuesto, comienza en marzo. El 1º dicen, con las clases. Siempre que no haya conflicto con los docentes, claro. Enero llegará con su calma inquietante, de esas que preceden las tormentas. Nunca pasa nada, pero siempre algo pasa. Y generalmente, nada bueno. Hay que estar atentos, vigilantes. Sobre todos aquellos que se quedan. Los balances a esta hora son tan aburridos como inevitables, así son. Y pensando en la ciudad y en la política, como siempre desde este espacio, las cosas también empezarán a frenar, a hacerse más morosas. Pero atención, después del año que está terminando y con los pronósticos del Servicio Meteorológico, nadie podrá relajarse.

El intendente Miguel Lifschitz tomará unos pocos días como lo hace desde el inicio de su gestión hace seis años, y sin avisar con demasiada antelación, no sea cosa que de tanto anunciar el descanso algo termine por frustrarlo. Pero los que deberán estar atentos serán los encargados de Defensa Civil. Ya han manifestado que "están preparados" y que tienen incluso nuevos sistemas de evaluación y -llegado el caso- evacuación de personas para lugares comprometidos de la ciudad. Juran que lo mismo pasa en Defensa Civil de la provincia. Los meteorólogos dicen que esta vez no hay dudas: Habrá lluvias (y muchas fuertes) cada tres o cuatro días durante el primer mes del 2010 y hasta marzo por lo menos. La cuestión no es para desatender en una ciudad que aún tiene fresco el recuerdo de la crisis social de este año que se termina -en los primeros días de febrero- cuando los piquetes se multiplicaron en distintos puntos de Rosario por reclamos de chapas y ayuda social tras un vendaval con aguacero violento que arrasó vastas zonas periféricas.

Con todo, los vaticinios para 2010 -a diferencia de los pasó en los últimos años- no son tan desalentadores. El 2009 no termina de la peor manera, nadie estará tirando manteca al techo (una antigüedad), pero por lo menos se pudo tomar la sidra y el champán con considerable relajamiento. Quienes parecen no tener espacio para relajarse son el gobernador y el intendente. El primero porque termina el año con una puja fuerte con el peronismo que encima, por esas circunstancias de la política, terminó unido en las Cámaras como hacía mucho no se veía. Esto marca no ya un entendimiento más allá de lo habitual entre reutemistas y kirchneristas, sino una serie de errores en los pasos dados por el Ejecutivo entorno de la negociación por la bendita Reforma Tributaria que ha empezado a naufragar por segunda vez. Más allá de lo que se piense de la oposición, el gobierno debería revisar sus métodos a la hora de reunir consenso en temas centrales como este. Algo más sustancionso debería llevarse de esta segunda discusión impositiva.

Sea cual fuere el resultado, Hermes Binner deberá seguir gestionando la provincia. Lo mismo que Miguel Lifschitz la ciudad. Y nadie puede decir que uno la tendrá más fácil que el otro. Quedan dos años de gestión para un intendente de Rosario que tiene aspiraciones a la Casa Gris, y que sabe que -precisamente su mejor carta de presentación serán estos 24 meses restantes, en los que deberá ser muy ingenioso porque los recursos no sobran y, sobre todo, porque será difícil sorprender a los rosarinos con nuevos emprendimientos. Es más, se diría que sería un verdadero triunfo mantener los logros alcanzados hasta aquí. Es un poco la desdicha que conllevan los segundos mandatos si al funcionario le fue bien en el primero. Y a Lifschitz sí que le fue bien en los primeros cuatro años.

Tenía razón el intendente cuando dijo que la elección a concejales del 27 de setiembre sería menos influyente en su futuro político que los próximos dos años. Ya se vio: La elección terminó, el oficialismo no perdió pero tampoco tuvo un triunfo resonante. La oposición se agrandó por unos días y se animó a discutirle la presidencia del Concejo al socialismo, pero después todo volvió a acomodarse. Si no igual que antes, por lo menos parecido. Nadie mejor que el jefe del Ejecutivo local sabe que no tiene -y no tendrá ya un pico de respaldo en la ciudad como el que obtuvo en su reelección con más del 50 por ciento de los votos. Por lo menos no para un cargo local. Habrá que ver qué pasa si llega a la candidatura superior para 2011.

Pero también dependerá de la suerte de Binner, que tiene por delante dos años de administración provincial en los que deberá acelerar políticas de transformación en varias áreas. El no tiene reelección, pero si conserva sus aspiraciones nacionales tendrá que trabajar duro. Además, tendrá que hacerlo si quiere colocarle la banda a otro socialista o por lo menos a alguien del Frente Progresista, porque -para nadie es secreto el intendente de Santa Fe Mario Barletta también piensa que puede llegar. Y él sí tiene otra ventaja: Lo que desarrolla en la capital provincial sí es novedoso para los santafesinos, está detrás el empuje de lo nuevo, de lo que no se había conocido. Ese plus que por alguna razón aún no puede disfrutar del todo el propio Binner. O quizás porque una gestión provincial sea más distante para la gente que una municipal o la propia nacional. Eso es para discutir.

Bueno, como los pronósticos: Habrá nuevos temporales para sortear, los nubarrones negros nunca se van del todo. Lo importante es saber verlos a tiempo y prepararse para enfrentarlos.

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