SOCIEDAD

El silencio era tan fuerte

Víctor Almada, Omar Mastroberardino y Fernando Alvira también dieron testimonio ayer en el primer juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en San Nicolás. Almada relató el secuestro de su esposa, María Regina Spotti, junto con sus hijos, Víctor y Martín, de un año y ocho meses y de ocho meses. Mastroberardino se refirió a ese mismo secuestro, en el que se llevaron a su tío, José Emilio Mastroberardino, que alquilaba la casa a la familia Almada. Aunque su tío dedicaba la vida al reparto de frutas, y jamás había militado, estuvo una semana secuestrado.

Fernando Alvira, que tenía nueve meses cuando secuestraron a sus padres María Cristina y Horacio Martínez, hizo llorar a toda la sala. Entró con una foto de sus padres en las manos. "Cuando tenía ocho o nueve años, se me venía el mundo abajo cuando me preguntaban quiénes eran mis padres", le dijo a los jueces Beatriz Caballero de Baravani, Omar Digerónimo y Jorge Venegas Echagüe. "En setiembre va a nacer mi hijo, Bautista, y también va a sufrir las consecuencias de la tragedia que vivió mi familia en mayo de 1977, porque dos de sus cuatro abuelos no van a estar. Y eso no es justo", afirmó. El silencio era tan fuerte que llegaban a escucharse las lágrimas del público.

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