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Viernes, 22 de agosto de 2014

BDSM ILUSTRADO

Sexo en botas

 Por Pablo Pérez

¿Cuantos pares de botas tenés?, me pregunta bootedguy, desde algún lugar de España. Tres pares, le contesto, ¿y vos? Ciento tres pares, dice, y la enumeración parece no tener fin: botas de caña alta, de media caña, botas tejanas, de motoquero, de trabajo, de montar, botas militares, borcegos, botas de goma… El Master, cuánto más botas y más cuero tiene, más Master es. Al menos así piensan muchos, como también muchos otros opinan que “el hábito no hace al monje”. Lo importante, entre los amantes de las botas, es usarlas al menos durante los encuentros sexuales. Muchos no resisten a la tentación de usarlas siempre. En la calle, los más audaces se las pondrán por afuera del pantalón, los más discretos por debajo, esos en particular son los que más morbo me provoca descubrir.

Durante el encuentro sexual, tanto el Dominante como el sumiso pueden estar vestidos o desnudos, lo importante es que siempre con las botas puestas ambos, o por lo menos el Dominante. Es frecuente (en muchos casos por una cuestión económica) que un fetichista de las botas no se compre ni un par y se contente con estar con alguien que las use. El sumiso se ocupará de lustrarlas, puede ser obligado a echarse en el piso, recibir patadas y pisotones. Después tendrá su premio. Mirar desde abajo un hombre en botas caminando alrededor de uno es uno de los mayores placeres para la vista. Hay sumisos que se humillan hasta lamer las suelas, y para estos casos hay Amos compasivos que no usan en la calle las botas que usan para el juego sexual, por una cuestión de profilaxis.

En una sesión de sexo con botas, son importantes todos los sentidos: la vista (disfrutamos de verlas), el olfato (nos perdemos metiendo la nariz en las botas propias o ajenas), el gusto (una buena lamida debe sentirse a través del cuero en el pie), el oído (estar con los ojos vendados y escuchar los pasos del Amo en botas acercándose acelera los latidos y el deseo), y el tacto (lustrar las botas, cepillarlas, acariciarlas y besarlas es una experiencia religiosa)

En español, no hay una palabra que defina a la persona que usa botas, como booted, en inglés. Por eso entre los perfiles de personas hispanohablantes encontramos nicks como “bootedman” o “bootedslave”. Algunos se autodenominarán “machoenbotas” o “perrolamebotas”, otros usarán neologismos como “botado”; lo que tenemos en común es un radar que nos manda la mirada a los pies cuando un hombre en botas se nos cruza: un tipo vestido con jeans y botas tejanas, o trajeado y con botas de vestir, policías motorizados, granaderos, bailarines de malambo, rockeros, skinheads, encargados de edificio manguereando la vereda, si bien los encuentros sexuales con botas de goma tienen otras características y se asocian a prácticas como la lluvia dorada, sexo en el barro o en el agua, por mencionar solo algunas.

¿Nos ponemos las botas y nos vemos por cam?, propone bootedguy.

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