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Viernes, 18 de noviembre de 2011

Experiencia previa

 Por Gustavo Díaz Fernández *

La idea del espacio de Alfabetización surgió en 2008 mientras íbamos confeccionando el proyecto de lo que luego sería Crisálida. Muchas trans abandonaron la escuela a muy temprana edad. En ese momento, iniciamos los contactos con el programa de alfabetización y nos pedían una serie de requisitos que en ese momento, como organización emergente, que no teníamos. Dos años después, volvimos sobre el tema al ver que muchas trans que se acercaban a Crisálida JUS evidenciaban no saber ni leer o escribir, o bien tener dificultades para hacerlo.

El proyecto una vez más se topó con la resistencia del programa local de alfabetización, mil y un requisitos y ese discurso sobre que no hay que construir espacios que “segreguen” a los grupos vulnerables, como si fuera muy fácil ser trans y transitar en un centro de alfabetización con adultos y toda la carga sexista que de por sí ya tiene el sistema.

Se lo comentamos al equipo de asesoras de la senadora Beatriz Rojkes de Alperovich, quienes nos pusieron en contacto con la senadora y con la Red de Mujeres Solidarias. El centro estaba funcionando a las dos semanas.

De un total de 25 chicas interesadas, se inscribieron 15 de las cuales 4 concluyeron los estudios. Lo innovador fue que propusimos la currícula oculta, todo eso que aprendemos en la escolarización y que nos va acompañando toda nuestra vida. Nuestra propuesta de currícula tenía que ver con información sobre correcta hormonización, advertencias frente a las intervenciones y prácticas caseras de intervenciones en sus cuerpos, sus derechos como ciudadanas, la ilegalidad de las detenciones arbitrarias y la averiguación de antecedentes, de cómo enfrentar la violencia que sufren las trans por parte de parejas, familiares y clientes, entre muchas otras cosas, incluso tuvieron clases de maquillaje y cuidados de la piel.

La alfabetización como proyecto no es un dispositivo “moralista” para que abandonen la prostitución este proyecto impulsa a que accedan a herramientas para transitar los caminos que ellas deseen y tengan más y mejores oportunidades, pero las oportunidades que ellas deseen. Hubo una deserción fuerte producto de las dueñas de las paradas donde están las chicas (las Luisas, la Pelusa, etc.) que veían en el centro un modo de independizarse de muchas de las asistentes: fue muy curioso cómo se movilizaron intentando instaurar un imaginario perverso sobre el centro de alfabetización con versiones desopilantes. Las chicas aprendieron a sumar, restar, dividir y a ver que podían administrar sus ingresos sin la necesidad de una “tía” que les maneje lo que ellas laburaban. El centro retomará su ciclo el año entrante con un nuevo grupo de alumnas, más algunas que volverán a cursar.

* Presidente de Crisálida (Tucumán)
Biblioteca Popular de Género, Diversidad Afectivo Sexual y Derechos Humanos.

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