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Viernes, 18 de noviembre de 2011

UN TIRO DE GRACIAS

Por qué la escuela se llama Mocha Celis

 Por Lohana Berkins

¿Quién era Mocha Celis? Una travesti tucumana que trabajaba en la zona de Flores. Una conocida mía de hace mucho; me acuerdo de la época en que volvió la democracia y nosotras creíamos que las cosas iban a cambiar. Entonces trabajamos en Flores y teníamos cada una nuestra estrategia para sobrevivir al abuso policial. Mocha, por ejemplo, se había enfrentado con el sargento Alvarez de la comisaría 50ª de Flores, que le tenía una saña particular a ella. Un día estaba la Mocha en la calle, ella era un semáforo: divina, morocha, con vestido rojo y cartera dorada, y nosotros nos escondimos debajo de un auto porque queríamos ver qué es lo que el tipo le decía y cómo se defendía Mocha. El tipo ese día no la lleva detenida, pero le grita antes de irse: “¡Ya vas a ver, puto de mierda, vos vas a terminar con tres tiros!”. Y eso lo escuchamos varias.

Un día me llaman otras travestis y me dicen que Mocha había desaparecido. “¡Pero maricas, búsquenla! Vayan a las guardias de los hospitales, averigüen para poner un hábeas corpus ya mismo.” Y nada, no aparecía; ahí hablo con la abogada del Serpaj, que me llama unas horas más tarde y me dice que parece que estaría en el Hospital Penna. Bueno, salimos todas corriendo al Hospital Penna. Lo que no me había aclarado la abogada es que la chica estaba muerta. Estaban ahí la Nadia Echazú y un grupete de compañeras, la reconocí, dije que “sí, era ella”, y bueno, la velamos. Cuando pedimos que hagan la autopsia fue otro lío, porque no teníamos personería jurídica, no éramos familia, no pudimos denunciar. La hermana parece que recibió dinero del comisario y después se borró. Entonces insistimos para que le hicieran la autopsia, para que por lo menos nos digan de qué había muerto Mocha. Había muerto de tres tiros. No pudimos confirmar que Alvarez fue el que la ejecutó porque la causa nunca prosperó.

Mandamos a todas las chicas a comprar velas y nos citamos frente a la comisaría a tal hora todas con su paquetito. Caímos de repente: prostitutas, travestis, todas a la vez y empezamos a armar un silueta con velas en la puerta de la comisaría. Ahí dijimos unas palabras, se acercaban los vecinos y alguno de ellos nos empezó a contar “que sí, que esa noche sentí que algo raro pasaba...”. En fin, al rato nos tuvimos que ir porque vimos que empezaban a dar vueltas unos tremendos camiones y patrulleros. Dijimos bueno, ok, nos vamos.

¿Por qué ponerle al bachillerato Mocha Celis? Porque Mocha no sabía leer ni escribir. Cuando llegábamos a las comisaría detenidas, ella siempre me pedía a mí que le leyera. Me acuerdo de que cuando estábamos en los calabozos había otra trava, que era una chica supererudita, y yo le dije: “Aprovechemos que estamos acá adentro y enseñale a Mocha. Pero hacelo de manera que ella no se sienta mal, que no se sienta menos”.

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Lohana Berkins y Agustín Fuchs, dos de los principales impulsores del proyecto.
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    Por Gustavo Díaz Fernández *
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