11:49 › DERECHOS HUMANOS

La fiscalía pide diez años de cárcel para Martínez de Hoz y Harguindeguy

La pena fue solicitada por Federico Delgado, que investiga la causa por el secuestro de los empresarios textiles Federico y Miguel Ernesto Gutheim, ocurrido en 1976. Acusa al ex ministro de Economía de la última dictadura militar José Alfredo Martínez de Hoz y el entonces titular de la cartera del Interior, Albano Harguindeguy, ambos procesados y con prisión preventiva, como "autores del delito de secuestro extorsivo".

Ambos ex funcionarios son juzgados por haber privado de la libertad el 5 de noviembre de 1976 al dueño de la empresa Sadeco, dedicada a la exportación de fibra de algodón, y su hijo Miguel Ernesto, para obligarlos a realizar operaciones comerciales con una empresa en Hong Kong, favorecida por el entonces titular del Palacio de Hacienda.

Según los fundamentos, padre e hijo fueron secuestrados y "mantenidos en cautiverio" hasta el 6 de abril 1977 con el objetivo de "presionarlos para que negociaran con empresarios chinos, un contrato de exportación de algodón, que Miguel Ernesto Gutheim, titular de la firma SADECO, había incumplido".

"Las detenciones se instrumentaron a través de los Decretos del Poder Ejecutivo Nacional 2840/76 y 949/77 -este último, dispuso su liberación-, firmados por Jorge Rafael Videla y el Ministerio del Interior, Albano Eugenio Harguindeguy (...) pero fueron a su vez promocionadas por el entonces Ministro de Economía, José Alfredo Martínez De Hoz", recordó el fiscal.

Mientras los Gutheim estaban secuestrados, en enero de 1977, "fueron forzados a mantener reuniones con empresarios ingleses y chinos que vinieron al país para negociar la operación comercial” y los encuentros se realizaron "en presencia de los representantes de las firmas extranjeras, funcionarios de la Secretaría de Comercio y personal policial a cargo del traslado y custodia de los detenidos".

En su pedido, Delgado sostiene que ewl secuestro de los Gutheim "tiene la peculiaridad e interés especial de constituirse como el dios romano Jano, en síntoma del carácter bifronte de la instauración del terror, pues se utilizó en forma burda el maquillaje de la legalidad para llevar a cabo una privación de la libertad con fines extorsivos".

"Estas modalidades del ejercicio del poder de excepción, tienen la peculiaridad de moverse en el terreno del ejercicio de la fuerza más allá del pudor y el control público, no ya a través del juego de lo oculto, de lo invisible, sino la mucho más sutil y edulcorada de lo visible, las formas legales de la justificación y regularización", argumentó.

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