UNIVERSIDAD › EN FILOSOFIA Y LETRAS SE PRESENTO LA CATEDRA LIBRE ERNESTO LACLAU

Afecto, pasiones y democracia

Con seminarios y un espacio de investigación, la nueva cátedra se propone indagar la filosofía y la política desde el pensamiento de Laclau, fallecido este año. La primera actividad fue una conferencia de Chantal Mouffe.

“Hoy en día una política de izquierda tiene que pensarse como populismo de izquierda. Una articulación de demandas colectivas que constituyan un ‘noso-tros’”, sostuvo la filósofa belga Chantal Mouffe en una conferencia que dio en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. La charla marcó el inicio de la Cátedra Libre Ernesto Laclau, con quien Mouffe estuvo casada y con quien introdujo la corriente post-marxista en el campo de la filosofía política desde la década del ’80.

La nueva cátedra, a cargo de Paula Biglieri y Gloria Perello, fue creada tras el fallecimiento de Laclau, en abril de este año, y se propone continuar el pensamiento del autor de La razón populista. Para eso tomó el formato de cátedra libre y, según aseguraron las docentes a Página/12, contará no sólo con seminarios de formación, sino que además buscará conformar un espacio de investigación. La cátedra está compuesta por el equipo que trabajó con Laclau en esa facultad y que edita la revista Debates y Combates, también ideada por el filósofo. El objetivo será entonces abordar en ese espacio la filosofía política contemporánea desde la perspectiva de Laclau.

Pasiones y afectos fueron el eje de la conferencia de Mouffe, primera actividad de la cátedra. Su presencia por estos días en la Argentina sirvió para realizar, posiblemente, el lanzamiento más adecuado de la nueva cátedra. Junto a Laclau, Mouffe es autora de Hegemonía y estrategia socialista, obra que marcó el inicio de una corriente post-marxista al introducir alternativas para pensar la izquierda en un mundo donde el Muro de Berlín se encontraba presto a caer y el socialismo “real”, a punto de desintegrarse con la Unión Soviética.

“Política y pasiones. Cómo movilizar afectos en una dirección democrática”, fue el título de la clase de la filósofa, destinada siempre a reflexionar, tal como lo dice uno de sus libros, en torno de lo político, un ámbito que se caracteriza por la existencia de conflictos que no tienen solución racional. Sin alejarse del planteo original que sostuvo con Laclau sobre el término “antagonismo” (una confrontación planteada en términos de amigo-enemigo), Mouffe prefirió centrarse en la línea que sigue desde hace un tiempo y que surgió como una “reflexión posterior nutrida de la perspectiva teórica de Hegemonía y estrategia socialista”.

Habló entonces del agonismo, la construcción de un “nosotros” siempre en disputa con un adversario, que no constituye ya un enemigo a destruir como en el caso del antagonismo, sino que es reconocido como un oponente legítimo.

“La confrontación agonista, lejos de representar un peligro para la democracia, es en realidad la condición misma de su existencia. Sin duda, la democracia no puede sobrevivir sin ciertas formas de consenso, pero también debe permitir la expresión agonista del conflicto que requiere que los ciudadanos tengan la posibilidad genuina de elegir entre alternativas”, remarcó la filósofa.

Contra una concepción racional de la política, Mouffe volvió a hablar de la idea de las pasiones y su rol en la esfera pública, para lo que consideró “esencial” una distinción del término respecto de las emociones. “Mi enfoque ha sido elaborado con relación al ámbito político, y uno de sus principios centrales es que en dicho ámbito siempre estamos tratando con identidades colectivas, algo que el término emociones no expresa de manera adecuada, porque se refiere al individuo”, señaló.

“Pasiones –continuó Mouffe– permite destacar la dimensión de conflicto y sugerir una confrontación entre ideas polémicas colectivas, dos aspectos constitutivos de la política.”

En ese sentido, la filósofa consideró que, dentro de este modelo de democracia, la dimensión afectiva cobra un papel fundamental, porque los afectos, constituyen las pasiones colectivas y pueden ser movilizados dentro de un esquema democrático.

“No basta con crear afectos, sino que también hay que ver cómo articularlos”, puntualizó. Así señaló que, para una transformación en la esfera pública, es necesario traspasar la mera idea de movimiento, como representan los casos de los indignados en España u Occupy en Estados Unidos.

“¿Cómo es posible hacerlo?”, se preguntó Mouffe. “Una política contrahegemónica necesita la creación de un régimen diferente de deseos y afectos, con el fin de generar una voluntad colectiva capaz de desafiar el orden existente. Eso es la movilización de las pasiones”, enfatizó la filósofa. Finalmente advirtió: “Sería trágico para la izquierda y para el futuro de la democracia abandonar ese terreno sólo a los movimientos populistas de derecha”.

Informe: Aldana Vales.

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