No sé si escribo esto por bronca, indignación o furia. O todo eso junto.
La pandemia está exarcebando un problema horrible en los Estados Unidos, la desigualdad social.
Desde Barcelona
"¿Cuánto tiempo más de paranoia y soledad?". Serú Girán
Existen en la vida política enigmas que resultan fascinantes, misterios para los cuales todo el mundo tiene una explicación, pero todas las explicaciones juntas resultan insuficientes.
No siempre las convicciones propias chocan con las convicciones del otro. A veces chocan contra el que vive por defecto.
Despierto en la madrugada. Salgo al jardín. Busco las estrellas. Encuentro una luna aureolada. Escucho unos grillos, un pájaro nocturno y sutil. Otra vez soñé con un amigo muerto.
Tal vez un puente posible entre el poeta y la gente sea esta página de diario, donde se desactivan temores y prejuicios para acceder a un discurso estético y cultural (y, por lo mismo, siempre soci
Los fusilamientos de Trelew, el 22 de agosto de 1972, provocaron la primera discusión violenta entre mi padre, el Capitán Soriani, y yo. Hasta ese día las diferencias las zanjábamos muy rápido.
“Sé de su existencia desde antes del uso de la razón”. anónimo
Los editores holandeses pegaban en sus vidrieras las pruebas de imprenta de sus libros y pagaban a los transeúntes que encontraban erratas.
Miró la hora. Era tarde, muy tarde. Era el momento de marcharse de la reunión en la que estuvo con gente conocida y pandémicamente distantes.
¡El bonaerense! A no asustarse. No se trata de la Bonaerense, precedida por el artículo femenino.
Recuerdo que la copié en una hoja cuadriculada, para después pegarla con engrudo sobre una cartulina de color azul.
El discurso del Jefe del Cuerpo de Cadetes tenía todos los ingredientes para impresionar: el tono marcial y las solemnes referencias a nuestro compromiso con la Patria resultaban aún más impactante
Resulta exasperante no poder explicarlo todo –de acuerdo con nuestra configuración ideológica y nuestros habitus mentales–, y más aun no saber sobre lo sabido: la vida se escurre entre los dedos de
En mi casa vivimos como en un castillo medieval sitiado por fantasmas transparentes.
Cuando era joven solía recorrer las provincias argentinas por un trabajo que tenía en esas épocas.
Yo no escribo más lento porque no puedo parar. Una vez que comienzo las palabras, se me acumulan y no se detienen.