CIENCIA › MAURO SPAGNUOLO, GEOLOGO

Con la cabeza en otro planeta

Sin trabajo de campo y dependiente de las imágenes enviadas por las sondas espaciales, la geología planetaria tiene un duro y rico trabajo: revelar los caprichos y peculiaridades estructurales de planetas y lunas.

 Por Federico Kukso

Objetos de culto, curiosidad y devoción, antiguamente asociados a los dioses, y de una presencia tan solemne como despampanante en el telón de fondo nocturno, los planetas (y su cohorte de lunas) acaparan la atención de cada vez más diversos especialistas. Ya no son los astrónomos los únicos privilegiados a la hora de acceder a los secretos de lo que ocurre allá afuera: poco a poco, en el espectro científico van germinando nuevas especialidades que relucen con sus nombres extravagantes: exobiología, meteorología espacial o geología planetaria, una disciplina que estudia, con medios a la vez tecnológicamente sofisticados e intelectualmente desafiantes, la consistencia y particularidades funcionales de los planetas, lunas, asteroides y cometas. “Es un lindo campo para dejar volar la imaginación”, se jacta el geólogo Mauro Spagnuolo, miembro del Laboratorio de Tectónica Andina (dirigido por Víctor Ramos), del Departamento de Geología de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

–¿Cómo llegó a la geología planetaria?

–Por accidente.

–Un accidente geológico.

–Así es. Al principio, me interesaba la arqueología, pero por las vueltas del destino caí en geología, y ahí me topé con la geología planetaria.

–Lo dice como si hubiese mucho escrito y hecho sobre esta rama de la geología.

–Bueno, no tanto: en toda Sudamérica no hay ni una cátedra ni una materia en alguna facultad sobre geología planetaria.

–Quizás nadie sabe lo que es. ¿Por qué no me explica?

–Eso es fácil. La geología planetaria es hacer geología pero de otros cuerpos celestes, de otros planetas y lunas. Comenzó en la década del ’70 y es una geología básicamente comparada, viendo las formas y propiedades químicas que hay en otros planetas con las de la Tierra. Lo interesante es que hay un montón de cuerpos que son totalmente diferentes del nuestro. Y todo tuvo un origen en común. A mí me interesa justamente eso: el origen del Sistema Solar y por qué la Tierra tiene agua y Marte, no.

–¿Por qué?

–Hay muchos factores. Uno de ellos es la posición con respecto al Sol, ni muy lejos ni muy cerca; una zona que se define como “habitable”. También está el hecho de que la Tierra tiene atmósfera mientras que la atmósfera marciana es muy chiquitita. O sea, Marte es un planeta que se considera muerto, un planeta fósil, mientras que la Tierra atraviesa por un período de pérdida de calor. Marte no tiene ni tectónica de placas ni volcanismo activo.

–Sería un planeta jubilado.

–Sí, ya perdió todo su calor primigenio y está como congelado. Y eso hizo que se pierda la atmósfera. Además está el tema del campo magnético. En la Tierra este campo actúa de escudo y protege al planeta de los rayos solares y de que se “vuele” la atmósfera por los vientos solares. En Marte, además, todo el núcleo se habría solidificado, no como en la Tierra cuyo núcleo interno es sólido y su núcleo externo es líquido. Cuando el núcleo marciano se solidificó, se perdió el campo magnético, se disipó el escudo que protegía a la atmósfera y el viento solar comenzó a barrer la atmósfera.

–Y se desertificó todo.

–Exacto, porque se acabó la actividad interna. Ahí surge la pregunta: ¿lo que ocurrió en Marte le puede pasar a la Tierra? Si bien no hay que asustarse porque eso ocurrió a lo largo de miles de millones de años, es interesante tenerlo en cuenta. Se cree que Marte tuvo un pasado muy parecido al de la Tierra. Incluso hay quienes proponen que allí hubo mares, ríos. De hecho, hoy en día en Marte hay agua, pero en estado sólido. Y también están las teorías que dicen que la vida se originó en Marte y migró a la Tierra.

–¿Qué tipo de estructuras geológicas se ven en Marte?

–Por empezar, no hay varias placas tectónicas como en la Tierra. Hay una gran placa rígida que cubre todo el planeta.

–Entonces no hay terremotos.

–En principio, no. Sí hay pequeños temblores causados por impactos de meteoritos. Sí hay evidencia de que en el pasado hubo volcanes activos. La teoría de si hubo o no tectónica de placas en Marte es discutida. Yo creo que hubo un gran supercontinente marciano. Si ahora uno ve a Marte, uno va a ver que el hemisferio sur es mucho más elevado que el hemisferio norte, además es más antiguo porque tiene más cráteres. El hemisferio norte habría sido como un gran océano y el hemisferio sur, una zona continental.

–¿Hace cuánto dice que fue esto?

–Esto habría sido hace 4 mil millones de años. La Tierra se habría formado hace 4560 millones.

–¿Qué otras diferencias hay?

–La gravedad es diferente. Los volcanes de Marte, como el Monte Olimpo, con 26 km de altura, no podrían existir en la Tierra.

–¿Podría concebirse la geología planetaria sin las fotografías de las sondas que vagan por el Sistema Solar?

–Sería un poco difícil. El trabajo del geólogo planetario hoy por hoy se basa en imágenes de las sondas.

–Le falta el trabajo de campo.

–Por ahora sí. Estaría bueno que se trajesen rocas marcianas. Por ahora nos tenemos que conformar con admirar las imágenes de las sondas en las que se ven cosas de hasta centímetros de largo. No se puede estar ahí, pero casi.

–¿Tiene Marte alguna estructura que no se ve en la Tierra?

–Mmmm. Tiene algo que en nuestro planeta es extraño: los pit crater, algo así como “hoyos de cráter”, una zona colapsada que no está formada ni por un impacto de meteorito ni por un volcán. Es un pozo de forma cónica. En la Tierra se conocen dos: uno en Islandia y otro en Hawaii.

–¿Cómo es la forma real de Marte? Porque se dice que la verdadera forma de la Tierra sería muy parecida a la de una papa.

–Eso es verdad. Marte también es medio deforme. Porque su verdadera fisonomía, si se lo ve al desnudo, es como si fuese una esfera dentro de otra. O sea, un hemisferio es más alto que el otro. Y para colmo si uno hace un corte horizontal, tiene al Monte Olimpo como si fuese un chichón.

–Es un universo imperfecto, al menos estéticamente.

–Sí, pero es un universo bello. Y la Tierra es un lugar privilegiado, un oasis en el universo.

–Los geólogos son de ahondar mucho en los “porqués” de las cosas, ¿no?

–Hasta el 1700, nadie se planteaba seriamente cuál fue el proceso de formación del Sistema Solar, el origen. Recién en esa época empezaron a germinar teorías como, por ejemplo, la que proponía que un cometa había chocado contra el Sol y que de ahí se desprendió cierto material.

–Hasta entonces no existía esa inquietud y ni siquiera podían hacerse la pregunta. Volvamos al presente: parece que Marte acapara toda la atención de la geología planetaria, ¿no?

–Sí, ocurre que de Marte hay mucha información. Pero hay como modas. Hace un par de años estaban muy de moda las lunas de Júpiter, las “lunas galileanas”, Io y Europa, por ejemplo, porque en esta última podría existir un océano de agua líquida. Tiene una especie de cáscara de hielo. Hoy, en la geología planetaria, Marte volvió a ser el centro. Si uno ve los papers presentados son casi todos sobre el planeta rojo. Eso marca una tendencia. Lo que pasa es que cuando llega una sonda nueva a un planeta genera un flujo de información tremendo. Incluso hoy de Marte hay muchos datos que no fueron analizados por una cuestión de tiempo.

–¿Y les interesan los planetas gaseosos?

–Es que hay que encararlos desde otro punto de vista. Los planetas gaseosos son más estudiados por gente de física, que estudia fluidos, o gente de ciencias de la atmósfera.

–A ustedes les gusta lo rocoso.

–Claro. De hecho, el sistema solar se divide en los planetas internos o rocosos (Mercurio, Venus, la Tierra, Marte), los gaseosos (Júpiter y Saturno) y los planetas de hielo (Urano y Neptuno). No hablamos de Plutón porque lo sacaron por una cuestión semántica. Pero ahí hay algo interesante: más allá de Plutón hay un montón de hielo y roca de donde vienen los cometas. Lo interesante de estudiar todo como un sistema es ver por qué hay tanta heterogeneidad, de dónde surge. Una teoría que explique el origen del Sistema Solar tiene que poder explicar la existencia de esas franjas. Hablando de esto, hay una teoría que dice que Júpiter habría sido el primer planeta de todos en formarse.

–La ignorancia y la falta de información también abren la puerta al mito, como ocurrió con la “Cara de Marte”.

–O con los canales marcianos, o cuando se divaga con el lado oculto de la Luna.

–Todo muy interesante, ¿pero qué le gusta más de la geología planetaria?

–Definitivamente la interdisciplinariedad. Y los interrogantes. Por ejemplo, mire a Venus: no tiene campo magnético. Es muy raro eso; se discute si el núcleo es sólido o líquido. Tiene una superficie muy joven. Y se dice que hubo un período de “resurfización”: en un instante renovó su superficie. Algunas teorías locas que dicen que ésta se habría dado vuelta por completo. Entonces uno se pregunta: ¿por qué le pasó eso a Venus y no a la Tierra?

–¿Y cómo se estudia eso?

–En una primera instancia uno tiende a comparar y trasladar ciertos conocimientos. El problema es cuando uno comienza a descubrir diferencias y hay que explicar algo nuevo. La cosa es ver qué pasa en otros planetas para poder entender cosas de la Tierra. Tenemos diferentes planetas en diferentes etapas.

–Sería como ver a personas en etapas diferentes de la vida.

–O como ver personas de diferentes razas. Todos se complementan: tienen muchas diferencias y similitudes.

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