EL MUNDO › OPINION

CAMBIO

 Por J. M. Pasquini Durán

La cruzada imperial de George W. Bush perdió la mayoría electoral que había edificado sobre los escombros de las Torres Gemelas. Los votantes norteamericanos no perdieron el temor al fundamentalismo terrorista, pero retiraron la confianza a las réplicas diseñadas por el fanatismo conservador de la Casa Blanca, que ya no tendrá el consenso automático en el Capitolio porque las urnas le quitaron el control de la Cámara de Representantes (diputados) para dárselo a los demócratas, que lo recuperan después de doce años, y si los republicanos mantienen la mayoría en el Senado, como vaticinan los encuestadores de Washington, será por una mínima diferencia. Para muestra: hace dos años el 53 por ciento del llamado “voto hispano” fue para Bush y ayer lo rechazó el 73 por ciento. Un día después que el tribunal condenó a la horca a Saddam Hussein, otrora aliado de la familia Bush, su actual enemigo mortal sufrió el mayor descalabro político de sus seis años de gestión.

Sin entrar en los detalles que se conocerán en las próximas horas, la tendencia general de la votación castigó con severidad las principales políticas del gobierno nacional vinculadas con la guerra en Irak, con la legalización de la tortura y la creciente pérdida de los derechos civiles, con la fragilidad económica nacional debido al compromiso de los gastos militares y a la corrupción en los negocios públicos y privados. Quedaron golpeados también la política inmigratoria, cuyo símbolo más indigno es el muro que se pretende levantar en la frontera sur de Estados Unidos, y los tratados de libre comercio que buscan mano de obra barata en el “patio trasero”.

Los cambios políticos que emergieron ayer de las urnas no dependerán sólo de los aparatos partidarios de los demócratas, sin cuyo acuerdo relativo Bush no hubiera llegado hasta aquí, sino al mandato de los votantes que volverán a pronunciarse dentro de dos años, cuando esté en juego la renovación presidencial. Ambos partidos lo saben y tratarán de montarse sobre los deseos ciudadanos de cambios, por lo que aumentará la debilidad de la actual administración que, desde hoy, es “piantavotos”. Un par de referencias: el gobernador Shwarzenegger, que obtuvo la reelección en California porque se alejó de las posiciones extremistas de la derecha republicana, o el senador Menéndez, electo en Nueva Jersey, que hizo campaña contra la invasión de Irak y promovió un fondo de ayuda para el desarollo de América latina así como la Unión Europea apoya a sus miembros más débiles.

De todos modos, ningún cambio será inmediato. Por lo pronto, las cámaras renovadas comenzarán a funcionar en enero próximo y Bush retiene algunas cuotas de poder significativas, pero la oxigenación del ambiente internacional será perceptible más temprano que tarde. Para los países que bregan por la unión sudamericana es otro aliento para continuar en la línea que han seguido hasta el momento, aun con vaivenes y contradicciones, porque los hechos prueban que sus principios básicos están acertados y el propio porvenir no puede ser delegado a nadie sino al propio esfuerzo.

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