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Un cuarto intermedio viciado de nulidad

 Por Gustavo Veiga

La asamblea de la AFA que postergó para hoy su resolución sobre la Superliga debió ser impugnada. Pero ni siquiera lo advirtió la Inspección General de Justicia (IGJ), el organismo que dictó una resolución el 28 de julio de 2015 que no fue respetada. A ese nivel de anomia llegaron los dirigentes, entre los que no hubo nadie avispado, con la suficiente repentización como para alertar que el lunes se había aprobado un mamarracho: pasar por segunda vez a un cuarto intermedio en una asamblea extraordinaria cuando lo prohíbe expresamente el artículo 419 de aquella norma. Resultó obvio que tampoco se dieron por enterados los veedores de la IGJ presentes para supervisar el acto en el predio de Ezeiza. ¿Fue un error involuntario o se hicieron los distraídos por directivas superiores de la IGJ?

El 419 dice: “La asamblea podrá aprobar que se pase a cuarto intermedio por una sola vez y por un término no mayor de treinta (30) días corridos, debiendo comunicarse a la Inspección General de Justicia dicha decisión y la fecha de reanudación del acto dentro de los tres (3) días hábiles de adoptada. Por vía de excepción y mediante providencia fundada podrá autorizarse un plazo mayor para la reanudación”.

“La IGJ no debería convalidar lo que pasó, la asamblea terminó en el mismo momento en que se decidió y mal, pasar a un cuarto intermedio”, le dijo a Página/12 un especialista en el tema. El papelón se explica por el apuro, la desprolijidad y la impericia con que los dirigentes de los clubes más grandes quieren imponer su proyecto fetiche: la bendita Superliga. Ese que rechazaron de plano el lunes los representantes de la categoría que se transformó en la cenicienta de esta historia: la B Nacional.

“Del ridículo no se vuelve” decía el general Perón y en la AFA lo ratifican un día tras otro. Parece que nadie percibió en el gobierno nacional, ni en la IGJ que dictó la resolución, ni entre los propios interesados en que se apruebe en trámite exprés la Superliga, que desde aquel día de la votación terminada en 38 a 38 hay una línea de continuidades.

“Nosotros no peleamos por 5, 6 millones. Estamos peleando para poder viajar. Merecemos ser respetados. Por historia, por representar a provincias y a pueblos” dijo el referente de la categoría principal del Ascenso, el vicepresidente de Nueva Chicago, Daniel Ferreiro. Está visto que eso no les importa demasiado a los clubes más poderosos. La historia, el presente y el futuro del fútbol argentino están atados con alambre. Un alambre caído al que ya pasaron por encima todos, incluida la propia IGJ que ni siquiera hace respetar las resoluciones que firma.

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