DEPORTES › PERFIL DE JUAN JOSE MUÑOZ, EL POLEMICO PRESIDENTE DE GIMNASIA LA PLATA

Un lobo suelto en la espesura del bosque platense

El nuevo titular del club más antiguo de la AFA es un personaje peculiar. De frutero a próspero empresario durante los ’90, el Tuerto ganó las elecciones y su primera medida fue borrar a catorce jugadores del plantel.“De Dios hacia abajo no le temo a nada ni a nadie”, es una de sus frases predilectas.

 Por Gustavo Veiga

Paradigma de nuevo rico modelado en los años ’90, Juan José Muñoz, el actual presidente de Gimnasia y Esgrima La Plata, irrumpió en el mundo del fútbol con el mismo ímpetu que amasó su fortuna. El Tuerto, como lo apodan, de frutero mutó a próspero empresario, aunque sólo hacía visible su adhesión política a Carlos Menem y una calculada ostentación. Igual que el riojano, gusta andar en autos lujosos, organiza generosas fiestas en su mansión –fortaleza de Villa Elisa– y no repara en gastos con tal de disfrutar el poder, por ahora acotado al club más antiguo de la AFA. Su carta de presentación fue borrar de un plumazo a catorce jugadores del plantel profesional y amenazarlos con una insólita como botánica represalia: “Serán macetas en el estadio”, dijo sin titubear, en su más difundido acto de gobierno.
Muñoz tiene tanta inclinación por los bólidos costosos como por las frases grandilocuentes. En 2001, al comando de una Ferrari 250 Maranello, de color amarillo, se llevó por delante a otro coche. La anécdota de tránsito se comenta todavía en el barrio donde levantó su residencia de una manzana, en la que posee pileta climatizada, cancha de tenis y un quincho donde alguna vez comió un opíparo asado la vedette Graciela Alfano, junto a otros personajes de la farándula.
Hoy, ante quien guste escucharlo, el Tuerto sostiene que posee o participa de once empresas. De comercializar peras y duraznos en el centro de La Plata, se extendió a otras actividades que, con los años, le dieron mayores réditos. Una de ellas la desarrolla en la Asociación Mutual de Trabajadores del Estado (AMTE), donde se desempeña junto a Mariano Berón, uno de sus hombres que colocó como vocal en la comisión directiva tripera. El presidente de Gimnasia también tendría intereses en el Banco del Sol, una compañía de turismo y otra de Seguros.
El 27 de noviembre de 2004 se impuso en las elecciones del club con el 60,4 por ciento de los votos a la cabeza de la “Agru.Pasión por Gimnasia”. Minutos después de ganarle en las urnas al efímero titular gimnasista, Francisco Gliemmo, una asamblea de socios lo proclamó al compás de un cantito: “Vení, vení, cantá conmigo, que un amigo vas a encontrar, que de la mano de Jota Jota, todos la vuelta vamos a dar...”. Muñoz siguió el desarrollo del acto sentado sobre el piso porque no había sillas suficientes para todos los presentes, enfervorizado como un hincha más.
Había ganado en las 23 mesas habilitadas para los comicios, en una institución cuyo pasivo asciende a cerca de 20 millones de pesos, secuela de la mala administración del contador Héctor Domínguez, ex tesorero de la AFA y hombre siempre listo para acoplarse a Julio Grondona. Aunque ahora no represente a ningún club, el martes pasado asistió a la reunión del Comité Ejecutivo de la asociación en su papel de asesor rentado.
Con el ex presidente, Muñoz mantiene una relación ambigua ya que lo fustigó en público varias veces –aludió a que quebró empresas como la compañía de ómnibus Río de La Plata–, pero sin embargo, la actual conducción de Gimnasia se nutrió de ex directivos que acompañaron a Domínguez durante su gestión: el vicepresidente 3o Rodolfo Casamiquela, Ricardo Salomé, Guillermo Azzurro, Walter Carattoli, Carlos Miracca, Hugo Biassotti, Héctor Bocadelli y Omar Nicora, entre otros.
Los perdedores en la elección, entre quienes estaba el doctor Hugo Barros Schelotto, padre de los mellizos y frustrado aspirante a la vicepresidencia 1a, se dieron cuenta de que el resultado del escrutinio era irreversible al contarse las primeras mesas de vitalicios, donde pensaban que podían imponerse. Comprobaron cómo el Tuerto les había ganado la partida gracias a su dispendiosa campaña electoral.
Hoy cuentan que el empresario de los préstamos y las pólizas completó dos micros con socios, los transportó a Mar del Plata, se hizo cargo de la comida y el hotel y hasta los llevó a ver un espectáculo. El mismo procedimiento utilizó en plena disputa por la presidencia, cuando solventó el viaje en avión a Córdoba de un grupo de hinchas que acompañaron al equipo en el partido contra Instituto de esa provincia.
Muñoz, quien no escatima recursos –al igual que cuando se tienta con los autos importados–, se autoproclama como “inteligente” y “capaz”, acaso porque en su momento le ofreció para que lo acompañe en su lista a la suegra del presidente de la Nación, Néstor Kirchner.
La madre de la senadora Cristina Fernández, Ofelia Wilhelm, es socia de Gimnasia desde hace 64 años, ha ido al estadio del bosque durante décadas y cuando el Tuerto la invitó a integrar su lista en marzo del año pasado, el ahora máximo directivo del club abrió el paraguas: “Espero que no se tome esto como que busco una ventaja política, sino que se la juzgue por su accionar de dirigente y no porque sea la suegra del presidente de la Nación. Ofelia es una mujer de carácter, con varios años de militancia en el club”. Wilhelm, finalmente, declinó la propuesta.
Hombre dúctil de la política y propalador de frases temerarias, el presidente Muñoz es como un lobo suelto en la espesura del bosque platense. “De Dios para abajo no le temo a nada ni nadie”, sentenció hace poco cuando le preguntaron si lo inquietaba la incómoda situación de Gimnasia en la tabla de promedios del descenso. Una expresión semejante entregó Menem en una de sus tantas bravuconadas cuando ocupaba la Casa Rosada. Al Tuerto –se comenta en La Plata– en el futuro podría alcanzarle con la intendencia de la ciudad.

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Juan José Muñoz, el nuevo presidente de Gimnasia La Plata.
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