DEPORTES

DIARIO DE VIAJE

 Por A. G.

El nombre Bochini lo entusiasmó. Pero, sobre todo, lo desconcentró. Como la discusión en el tren rumbo a Munich para ver la semifinal entre Francia y Portugal sobre quién era mejor, si el Bocha o Alonso, se decantaba a favor del ídolo de Independiente, Rodolfo Chisleanschi, un periodista argentino radicado en España, agarró la manija y no la largó: recordó las circunstancias de cómo vivió aquel gol de Bochini a Boca en la Liguilla del ‘87, cuando la pelota, mansa, parecía irse derechito al palo, pero a último momento dobló –diría Passarella– y se metió pegadita al poste. “Iba tan despacito que tuve tiempo de pensar ‘qué mala suerte tiene el Bocha’, pero cuando entró, no lo podía creer”, contó. También recordó la noche del título en Córdoba ante Talleres con tres jugadores menos y el triunfo 2-0 ante River en la final del Nacional, con dos goles y una tarea sensacional de Bochini. Y hasta se animó con una anécdota personal en la que el ídolo lo reconoció en uno de sus viajes de regreso a Buenos Aires. “‘¿Cómo andás, Flaco? Tanto tiempo...’, me dijo. Fue lo máximo”, remató el cuento. Tanto agarró la manija, que en la estación de Munich Chisleanschi se olvidó de agarrar el pequeño bolso marrón con sus dos cámaras digitales –una todavía sin terminar de pagar– y todos los documentos posibles. Y claro, recién se dio cuenta del olvido cuando ya se había subido al siguiente tren y el otro ya había sido retirado para la limpieza. Entonces, comenzó la odisea. Que vayan a preguntar a Información, que allí les sabrán decir. Que el tipo de Información es un amargo que ni siquiera responde a la consulta. Que en la otra cabina hay una señora más simpática que proporciona un teléfono para consultar. Que busquen en la oficina de objetos perdidos. Que puede estar en la oficina de objetos perdidos, pero que cerró a las 16 y que recién abre al otro día a las 8. Que pregunten al personal de limpieza. Que preguntan, pero como la empresa de la limpieza es diferente de la de los trenes recién se podrá preguntar al otro día. Y así hasta que la bandera blanca de rendición nos lleva al Allianz Arena, con la esperanza de que al otro día la bendita mochila aparezca en la oficina de objetos perdidos. “Puede que la encuentre, se han encontrado objetos de mucho valor”, alienta uno de los empleados. “Y tengo una estampita de la suerte en el bolso”, se ilusiona Chisleanschi. Pasó la tarde, la noche y el partido. Y al momento de chequear los e-mails, el milagro: “Su bolso ha sido encontrado, lo puede retirar de la estación de Wurzburgo mañana a las 8”, decía el mensaje. A las 8.05 del día siguiente, Chisleanschi se reencontró con su bolso. Lo abrió, lo miró y comprobó que estaban las cámaras y todos los documentos. Y en especial, comprobó que estaba la estampita de “San Bocha”: la entrada de aquel partido homenaje a Bochini de 1991...

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