EL MUNDO › EL PLAN DE ZAPATERO PARA ACABAR CON LOS ATENTADOS DE LA ETA

Arranca el proceso de paz en España

Por primera vez se reunieron los líderes de Herri Batasuna y el partido socialista vasco. Ambas partes dijeron que las conversaciones fueron fructíferas, pero el PP se mantiene al margen.

 Por Pablo Guisoni
Desde Madrid

El proceso de paz emprendido entre el gobierno español y la organización separatista vasca ETA dio un paso de gigante ayer por la mañana, cuando en un céntrico hotel de la ciudad de Bilbao se encontraron por primera vez representantes del Partido Socialista en el poder y los máximos responsables de Herri Batasuna, la organización de la izquierda vasca que representa los intereses políticos del grupo armado.

A las 9.30 hora local dio comienzo la reunión entre el secretario general del PSOE vasco, Patxi López, y Arnaldo Otegui, el máximo referente de la cara política visible de ETA. Luego de dos horas de conversaciones a puerta cerrada, ambos líderes dieron por separado una conferencia de prensa, en la que no permitieron hacer preguntas, limitándose a leer una declaración expresando la valoración política de cada una de las partes de los resultados del encuentro.

Primero compareció ante los periodistas Arnaldo Otegui, quien hizo especial hincapié en el enorme “calado político” del encuentro. En el último cuarto de siglo no se había producido una reunión pública de tanta envergadura entre ambas organizaciones políticas. El líder de Batasuna sostuvo que se ha dado el primer paso para el inicio de un “diálogo multilateral” sobre el futuro del País Vasco que no implique “las derrotas de nadie, sino las victorias de todos”. La escueta declaración de los dirigentes abertzales (nombre con el que se conoce popularmente a la izquierda pro ETA) fue extremadamente cuidadosa con las palabras para evitar que la Justicia pueda llegar a interpretar la reunión como ilegal, ya que Herri Batasuna está proscripta por la Ley de Partidos Políticos desde hace al menos una década.

Minutos después de la comparecencia de Otegui se dirigió a la prensa Patxi López en representación del PSOE. El secretario general de los socialistas en el País Vasco auguró que la reunión pueda leerse en el futuro como el primer paso hacia la construcción de “un nuevo tiempo en que la política destierre a la violencia”. Evaluó que la entrevista había sido “concreta y sincera” y advirtió a la izquierda vasca que si espera que se produzca otra reunión ahora, debe proceder a regularizar su situación legal, dando comienzo a la organización de un nuevo partido político abertzale que rechace expresamente la lucha armada.

El encuentro, como no podía ser de otro modo, estuvo precedido por una áspera polémica entre el oficialismo y el principal partido opositor, el centroderechista Partido Popular. Los conservadores intentaron por todos los medios posibles que el encuentro no se produjera, alegando que se trataba de una reunión fuera de la ley y “profundamente amoral”, según las palabras de Angel Acebes, uno de sus máximos dirigentes.

Herri Batasuna perdió su condición de partido político legal en los tiempos del gobierno del PP. La Ley de Partidos Políticos promulgada cuando gobernaba el ex primer ministro José María Aznar dejó fuera del parlamento vasco a la rama política de ETA, que llegó a contar en su momento con una veintena de diputados regionales. El texto que regula la actividad de los partidos nacionales sostiene que no se puede permitir la existencia de una agrupación con pretensiones de representación parlamentaria que a su vez sostenga la validez de la lucha armada.

El PP intentó unas horas antes de que se produjera la reunión que la justicia interviniera para prohibirla. Pero se terminó topando con el juez Baltasar Garzón, recientemente reincorporado a su labor luego de una larga licencia. Garzón rechazó en la tarde del miércoles la pretensión de los populares alegando que la reunión no se realizaba para promover que la violencia continúe, sino para tratar que cese definitivamente.

La reaparición del popular juez en el movido escenario judicial español es un regalo del cielo para el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero. El magistrado que lo suplantaba, Fernando Grande-Marlaska, quizá movido por el ansia de protagonismo que permite la ocasión o por un exceso de celo, había tomado decisiones de gran envergadura política durante los últimos días, impidiendo algunas reuniones públicas de Batasuna y agitando antiguas causas contra miembros de la vieja guardia de ETA. La izquierda vasca advirtió en más de una ocasión que el proceso corría grave peligro si la Justicia continuaba con su presión. Garzón retoma las riendas del juzgado sobre el que caen la mayor parte de las causas abiertas contra ETA y su entorno en un momento crucial, consciente de que el rol de los jueces en esta parte del proceso no es meramente testimonial.

El líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, advirtió ayer que su partido continuará con su política de oposición frontal al diálogo emprendido entre ETA y el gobierno. En una conferencia de prensa convocada pocos minutos después de que acabara la reunión en el País Vasco, sostuvo que su agrupación no se siente “representada ni concernida” en el proceso de paz y se declaró libre de los compromisos que Zapatero pueda alcanzar con ETA, dando a entender que un eventual gobierno de la derecha no los respetará en el futuro.

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Frente a frente, los representantes de PSOE vasco y Herri Batasuna reunidos en San Sebastián.
Imagen: AFP
 
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