ECONOMíA › LA PELEA QUE SE VIENE POR LA REFORMA DEL FONDO MONETARIO Y EL BANCO MUNDIAL

Para que no sea sólo cosmética

En el Gobierno afirman que las naciones emergentes deberían tener peso en la conducción de los organismos multilaterales y que éstos provean abundante financiamiento sin condicionamientos sobre la política económica.

 Por David Cufré

Desde Washington

La promesa de reformar el FMI y el Banco Mundial genera expectativas en el gobierno argentino y en los países en vías de desarrollo que presionaron por este tema en la cumbre del Grupo de los 20 que tuvo lugar este fin de semana. El hecho de que haya sido incorporado como uno de los puntos centrales de la declaración final es auspicioso, evaluaron funcionarios argentinos en diálogo con PáginaI12, pero de inmediato remarcaron que ahora se abre una etapa decisiva sobre el contenido de las transformaciones. Para que no sea una simple corrección cosmética, los cambios deben ser profundos en dos ítem: que las naciones emergentes tengan peso en la conducción de los organismos y que éstos provean abundante financiamiento, en forma rápida y sin condicionamientos sobre el manejo interno de la política económica a esos mismos países.

“Los desarrollados deben canalizar liquidez hacia los emergentes en forma agresiva, no en cuentagotas. Mientras más contundentes sean los desembolsos, más corta será la retracción económica y menos profunda”, señalaron a este diario desde la delegación que acompañó a Cristina Fernández antes de partir de Wa-shington. “Lo que estamos viviendo es una crisis en los industrializados que produce una ‘huida hacia la calidad’ de importantes masas de ahorro de las naciones en vías de de-sarrollo hacia los propios países que generaron el problema. Eso termina arrastrando a los emergentes a una crisis que no es propia”, explicaron. La forma de cortar el círculo vicioso, afirmaron, es que los recursos vuelvan de donde partieron en forma de créditos a tasas mínimas.

Ahí es donde el FMI y el Banco Mundial podrían jugar un papel relevante. Si desarrollan líneas de préstamos con menos requisitos, menos burocráticas y sobre todo sin forzar a los gobiernos que los solicitan a negociar con ellos su política económica, entonces la reforma de los organismos será efectiva, de acuerdo con la visión oficial. El Grupo de los 7 –Estados Unidos, Canadá, Alemania, Inglaterra, Francia, Italia y Japón– fue menos abierto en este punto en el encuentro del G-20. Esos países destacaron que el FMI lanzó recientemente una línea de acceso a liquidez de corto plazo para los emergentes. “Hicieron bastante bombo con eso como si fuera una respuesta. Para nosotros no lo es. Tiene la mayoría de los vicios habituales en los instrumentos del Fondo, al punto de que a esta altura todavía nadie lo pidió. Sólo califican un puñado de países, mientras que más de cien, y seguramente entre ellos Argentina, quedan afuera”, se quejaron los argentinos. “Es una línea en apariencia abierta, pero en la práctica sumamente restrictiva”, agregaron. La disputa que viene de ahora en más en el G-20 es sobre la flexibilidad que tengan las líneas de créditos, para que efectivamente resulten accesibles y colaboren a aceitar las economías en un contexto de crisis global.

“El ex ministro de Finanzas de Turquía dijo que los últimos cambios en el FMI fueron en beneficio de un club de emergentes VIP, como México, Brasil y Turquía, mientras que para el resto siguen los problemas de siempre”, insistieron los funcionarios. De hecho, en medio de la crisis la “ayuda” que concedió el FMI a Islandia y a Ucrania fue bajo la forma de los conocidos planes de ajuste estructural, con “una serie de condicionamientos que es peor que vender el alma al diablo”. El organismo negocia bajo el mismo esquema con varios países del Este europeo.

Argentina fue el único país que votó en contra de la reestructuración del FMI que se aprobó el año pasado, justamente por considerarla “cosmética”. La burocracia del FMI está eufórica por la vuelta del organismo a un primer plano, sobre todo porque el G-20 le asignó la tarea de trabajar en el diseño de nuevos controles a los mercados financieros. “Back in business”, dicen en la entidad que conduce el francés Dominique Strauss-Kahn. Nicolas Sarkozy, presidente francés, empujó a favor de rescatar al FMI del ostracismo y para ello aceptó el pedido de los emergentes de reformular su conducción. El Fondo es una entidad que en el reparto de roles en el mundo entre Estados Unidos y Europa tras la Segunda Guerra quedó bajo la responsabilidad del Viejo Continente. Francia, en particular, aportó numerosos funcionarios y directores gerentes, de allí que en algún sentido lo considera un espacio de poder propio.

El consenso a favor de la reforma de la entidad se terminó de conformar con el aporte de China, ya que sería el país más favorecido en la nueva composición del directorio y en el porcentaje de poder de voto. La estructura actual no refleja su preponderancia en la economía mundial, situación que sería corregida con la reforma en marcha. Argentina también apuesta a salir favorecida con la concesión de más espacio a los países en desarrollo en la toma de decisiones. De aquí al 31 de marzo los miembros del G-20 encararán la negociación de la reforma, cuyos resultados se analizarán en la próxima cumbre del grupo, antes del 30 de abril, seguramente en Londres. Los meses que siguen son decisivos.

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Imagen: EFE
 
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