ECONOMíA › MICELI LIDERO EL ENCUENTRO DEL G-24 QUE PIDE REFORMAS AL FMI

“No aceptemos caridad entre pobres”

De esa forma, la ministra de Economía buscó convencer al resto de los países de ingreso medio para rechazar la propuesta oficial de redistribución del poder en el Fondo. Agregó críticas al organismo.

 Por Fernando Krakowiak

La ministra de Economía, Felisa Miceli, se volvió a manifestar ayer en contra de la reforma del Fondo Monetario que impulsa su titular, Rodrigo Rato, con el apoyo de los países centrales. “No nos dejemos dividir ni nos dejemos apurar. Evitemos que lo que nos saquen a unos sea lo que les den a otros. Eso sería caridad entre pobres. Pidamos una reforma que sirva de verdad para aumentar la eficiencia y la credibilidad del Fondo”, aseguró al inaugurar en Washington una nueva reunión del Grupo de los 24, que reúne a naciones de ingreso medio, como Argentina, Brasil e India, las cuales vienen exigiendo que se les otorgue mayor participación dentro del organismo. Miceli también criticó al FMI por no tener capacidad para persuadir a los países desarrollados sobre la necesidad de reducir los desequilibrios globales existentes.

En septiembre del año pasado, la Asamblea del Fondo aprobó en Singapur la primera etapa de una reforma que modifica la distribución de poder de cada país. Los cambios se limitaron a ampliar levemente las cuotas (aportes financieros y votos) de México, China, Corea del Sur y Turquía. En ese momento, los países de América del Sur, India, Egipto y un grupo de pequeñas naciones de Medio Oriente y el sur de Africa se opusieron al proyecto por no tener garantías de que las naciones en desarrollo puedan lograr mayor participación tras la segunda fase de la reforma. Sin embargo, no pudieron impedir que fuese aprobado debido a la escasa representación que poseen en la entidad.

La segunda etapa del proyecto oficial prevé una revisión de la fórmula que reparte el voto del conjunto de los países miembros en función de su posición relativa en la economía mundial. Se tomará en cuenta el PIB medido en términos nominales (en dólares), el grado de apertura comercial, el nivel de reservas y la variabilidad, un indicador que intenta estimar la vulnerabilidad frente a crisis monetarias. Rato afirma que de ese modo la participación de los países en desarrollo crecerá, pero éstos temen que la distribución de las cuotas (que determinan el voto) termine por aumentar aún más la amplia mayoría que ya poseen las economías avanzadas.

Para evitarlo reclaman que el PIB se considere en términos de poder adquisitivo (en lugar de realizar una comparación en valores nominales), reducir el peso que se le piensa asignar al grado de apertura económica y que el número de habitantes tenga su correlato al momento de votar, pues los países en desarrollo concentran más de la mitad de la población.

También desean que el organismo modifique su modo de intervención durante las crisis. El FMI fue ideado por los economistas John Keynes y Harry Dexter White, en 1944, para fomentar la cooperación monetaria internacional, facilitar el crecimiento equilibrado del comercio internacional y fomentar la estabilidad cambiaria. Sin embargo, se terminó convirtiendo en un agente financiero de los países centrales que sólo otorga créditos contingentes si el país solicitante cumple con una serie de medidas ortodoxas, tales como recortes del gasto público, apertura del mercado interno y liberalización financiera.

Miceli reafirmó ayer esta posición y aseguró que la menor influencia que viene teniendo el organismo es una consecuencia de la desconfianza que genera en los países emergentes. “La decisión de muchos de nuestros países de optar por mecanismos de autoseguro a través de acumulación de reservas, o de construir sistemas de ‘pooling’ regionales de reservas, son claras señales de nuestra falta de confianza en la capacidad del Fondo de ofrecernos una ayuda efectiva, de bajo costo y condicionalidades inadecuadas.” La ministra destacó la debilidad del organismo para intentar convencer a sus autoridades de que la reforma que apoya Argentina también les conviene a ellos. “No estamos satisfechos de ver que el Fondo va perdiendo relevancia en la arena internacional. Creo que todos preferimos un mundo con instituciones multilaterales fuertes, democráticas y confiables”, destacó. La ministra también resaltó las debilidades que debe corregir el G-24 si quiere que sus propuestas terminen adoptándose. “No queremos un G-24 que publique un libro por año; queremos un G-24 que nos apoye a lo largo del año con trabajos técnicos y con ideas innovadoras”, resaltó para intentar ahuyentar el estigma que tienen las asociaciones de países emergentes, desde que en la década del 70 instituciones similares que agrupaban a las naciones del entonces llamado Tercer Mundo formulaban discursos grandilocuentes que nunca tuvieron correlato al momento de elaborar propuestas rigurosas a nivel técnico.

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Felisa Miceli, ministra de Economía, junto al titular del Grupo de los 24.
Imagen: EFE
 
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