EL MUNDO › SEGUN UN DIPLOMATICO EGIPCIO, HABRIA ACEPTADO UN ALTO EL FUEGO Y SE ACERCARON POSICIONES CON ISRAEL

Después de mil muertos, Hamas dice ya no más

Otro día de ataque y bombardeos en la Franja de Gaza y alta diplomacia en Egipto, donde distintos enviados afilan el plan propuesto por Francia y el país anfitrión para poner fin a las hostilidades. Hay avances, pero la guerra sigue.

 Por Miguel Soria

Desde Jerusalén

La interna en el seno del gobierno israelí pesará mucho cuando llegue el momento de dar o no el acuerdo a los planteos adelantados ayer por el movimiento radical palestino Hamas a propósito del plan de paz inicial propuesto por Francia y Egipto luego de la mediación emprendida por el mandatario francés, Nicolas Sarkozy. Un responsable diplomático egipcio aseguró ayer que ya se contaba “con el acuerdo de Hamas” para el plan de paz y que estaban a la espera de la respuesta israelí. El jueves, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, se empeñó en su postura ofensiva y se negó a reunir al gobierno y a encontrarse con los otros dos ejes de este conflicto, el ministro de Defensa, Ehud Barak, y la jefa de la diplomacia israelí, Tzipi Livni. Mientras tanto, en el vigésimo día de la operación Plomo Fundido, la aviación israelí volvió a bombardear varios sectores del territorio palestinos. Los muertos sumaban ayer más de 1100 y los heridos, cerca de 5000.

Pese a la posición bélica de Olmert –ha sido el único jefe de gobierno en la historia de Israel que desencadenó dos guerras en un mismo mandato, Líbano en 2006 y Gaza ahora–, el movimiento final que determinará si habrá más guerra o una tregua se decide hoy en El Cairo. Amos Gilad, el general israelí que negocia esta fase, viaja este jueves a la capital egipcia para encontrarse con el hombre que negoció con Hamas, el jefe de los Servicios Secretos egipcios, el general Omar Suleimane. Existe cierta confusión sobre la posición definitiva del movimiento palestino. A lo largo de tres días, dos responsables del eje político de Hamas que viven exiliados en Siria y tres miembros del interior, o sea de Gaza, negociaron en El Cairo con el general Suleimane. Según declaró uno de sus dirigentes, Salah al Bardawil, Hamas no pidió una modificación sustancial del plan franco-egipcio sino que presentó su visión “en detalle”. Con la tradicional retórica antagonista de caracteriza al grupo islamista, la misma fuente agregó que si hay un acuerdo de paz, éste debe hacerse bajo sus condiciones. “El problema está en las diferencias sobre cómo manejar con el enemigo sionista (Israel) las cláusulas de esta iniciativa”, dijo Bardawil. El dirigente repitió una y otra vez que no se llegaría a ningún pacto que no fuera bajo los criterios de Hamas. Sin embargo, varias fuentes egipcias en El Cairo y europeas en Jerusalén apuestan por un inminente alto el fuego. El canciller español y ex enviado especial a Medio Oriente de la Unión Europea, Miguel Angel Moratinos, adelantó en Jerusalén que “estamos cerca de un acuerdo pero aún queda mucho trabajo por hacer”.

Un alto responsable egipcio interrogado por las agencias se mostró ayer más que optimista sobre la posición del Estado Hebreo. “La respuesta de Israel es un hecho”, dijo en El Cairo. Por su parte, el ministro egipcio de Relaciones Exteriores, Andel Abu Gheit, explicó que el plan egipcio contempla en primer lugar “un alto el fuego inmediato” entre Israel y Hamas, la aceptación, por parte de Israel, del retiro de sus tropas de Gaza y, en una segunda etapa, la reapertura de los pasos fronterizos entre el territorio palestino e Israel y entre Egipto y Gaza. El canciller no excluyó que una de las demandas de Israel sea satisfecha, es decir el despliegue en la frontera con Egipto de una fuerza internacional de observadores cuya misión consistiría en supervisar la zona para que no haya más contrabando desde Egipto hacia Gaza. Medios árabes revelaron que Hamas no se oponía a estos principios siempre y cuando Turquía sea garante de la seguridad en esa frontera, concretamente a lo largo del pasaje de Filadelfia y que no haya tropas internacionales en ese sector. Una fuente gubernamental turca ratificó que Ankara estaba dispuesta a participar en una misión de observadores a lo largo de la frontera entre Egipto y Gaza al tiempo que reconoció que uno de los componentes clave del plan de paz era el estacionamiento de una misión de verificación en esa línea.

La acción diplomática y la inminencia de un desenlace no trajeron ningún consuelo inmediato a la martirizada población civil de Gaza. Día tras día, el desastre humanitario multiplica la amplitud de la víspera. El CICR, Comité Internacional de la Cruz Roja, reiteró en Jerusalén las condiciones extremas en las que vive la población civil y pidió una vez más el respeto del Derecho Internacional Humanitario, es decir que no se confunda a los civiles con los combatientes. Los testimonios recogidos por teléfono desde Gaza son abrumadores: empleo de armas prohibidas como el fósforo blanco, asesinato de civiles que caminaban con banderas blancas, disparos contra los equipos médicos, incluidos los del mismo CICR –hecho confirmado a este diario por los responsables del CICR en Jerusalén–, destrucción masiva de infraestructuras civiles, obstáculos intencionales para el desplazamiento de las ambulancias.

Los mismos horrores de la última guerra del Líbano y de la reocupación de seis territorios palestinos en 2006, entre ellos Jenin y la misma Ramalá, donde estaba en ese entonces Yasser Arafat, se repitieron ahora con una exactitud mecánica. Ayer, nueve asociaciones de defensa de los derechos humanos dirigieron una carta al primer ministro israelí y al jefe del Estado Mayor en la que denunciaron los sufrimientos “sin precedentes infligidos a la población civil”. Entre los firmantes está Btselem, el Comité Público contra la tortura en Israel, Yesh Din y la sección israelí de Amnistía Internacional. Las asociaciones acusan al ejército israelí de hacer “un uso deliberado de la fuerza destructora que provocó la muerte de cientos de civiles”. La carta quedará sin dudas en la confidencialidad. Los medios de prensa israelíes, de izquierda y de derecha, participan en una suerte de competencia donde el patriotismo militarista acalla toda voz disidente y toda denuncia.

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Un palestino observa la destrucción de su barrio en ciudad de Gaza, que ayer fue atacada por el ejército israelí.
Imagen: EFE
 
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