EL MUNDO › FUERZAS ISRAELIES DESTRUYERON UN CENTRO DE REFUGIADOS CON 20 TONELADAS DE COMIDA

Atacan un refugio de la ONU lleno de víveres

En el día más violento de la guerra, con combates en los centros urbanos, el ejército israelí atacó un hospital y un depósito de la ONU y mató a un líder de Hamas, que aceptó una tregua por un año si Israel retira sus tropas de la Franja.

 Por Eduardo Febbro

Desde Jerusalén

Las guerras responden a una lógica implacable. Cuanto más cerca está el horizonte de una tregua, más contundentes son los enfrentamientos. Israel asestó ayer un golpe fuerte al movimiento islamista Hamas y también a la inviolabilidad de los organismos que representan al sistema internacional de protección de los civiles. En una misma jornada, el ejército mató a un líder de Hamas de primer plano, bombardeó un edificio de las Naciones Unidas, un hospital (ver página 24) y una dependencia de la prensa donde estaban las oficinas de Al Arabiya, MBC, la agencia Reuters, los canales de televisión Fox, Sky y RTL.

Las televisiones seguían mostrando anoche los dos emblemas en llamas de los bombardeos del vigésimo día: el hospital Al-Quds, en el barrio de Tal al Hawa, y el edifico de la Unrwa, la agencia central de la ONU de ayuda a los refugiados palestinos. Voceros de la Unrwa explicaron en Jerusalén que el bombardeo de las instalaciones del organismo destruyó 20 toneladas de ayuda humanitaria y que unas 700 personas que habían quedado atrapadas intentaban salir por todos los medios. Consecuencia de ese ataque, la ONU suspendió todas sus actividades en la Franja de Gaza.

No es la primera vez que las fuerzas armadas israelíes eligen como blanco dependencias de la ONU. Ya ocurrió en la última guerra del Líbano –2006–y en 1996, con el dramático bombardeo por parte de la aviación israelí de un campo de refugiados administrado por Cascos Azules de las Naciones Unidas, situado en la localidad libanesa de Cana, donde murieron 102 personas. Después del ataque, el ministro israelí de Defensa, Ehud Barak, pidió disculpas al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, por lo que justificó como un “gran error” cometido por los militares. El primer ministro israelí, Ehud Olmert, argumentó que los soldados “fueron atacados desde ese lugar”.

El bombardeo de la Unrwa parece un espléndido regalo de bienvenida al secretario general de la ONU, quien llega a Israel en las próximas horas. Entre los errores de objetivos y el martirio de la población civil, Israel marcó un punto importante en su política de eliminación de los líderes de Hamas. El ejército mató al ministro de Interior de la Franja de Gaza, Said Sim.

El líder islamista está considerado como uno de los responsables más destacados del movimiento radical y es la presa de más alto rango que cae desde que se inició la ofensiva el pasado 27 de diciembre. Sim cuenta con un prontuario extenso y era un enemigo acérrimo no sólo de Israel sino también de la Autoridad Palestina. Said Sim tenía a su cargo la coordinación de unos 13.000 policías y miembros de seguridad de Hamas.

El ahora ex ministro de Interior creó en 2006 la terrible “fuerza ejecutiva”, una milicia paramilitar que jugó un papel decisivo en el desalojo –golpe de Estado– de los miembros del movimiento Al Fatah, al que pertenece el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas. En total, unos 50 palestinos murieron en los ataques de ayer. Agencias humanitarias palestinas aseguraban en Jerusalén que de los más de 1000 muertos que dejó la operación israelí, 700 son civiles.

El engranaje insensato de la guerra no cortó el complejo montaje de una solución diplomática, es decir, de un alto el fuego. Egipto confirmó que Hamas había terminado por aceptar su plan para una tregua. Este comprende un alto el fuego por un año, el retiro del ejército israelí en un plazo no mayor a siete días y el levantamiento del bloqueo de los pasos fronterizos entre Gaza, Egipto e Israel. Toda la atención se concentró el jueves en el viaje del emisario israelí a Egipto y en la decisión del Ejecutivo israelí sobre la contrapropuesta de Hamas.

Durante las primeras horas de la noche, un diplomático egipcio de alto rango reveló que Israel se plegaba al plan de paz. Sin embargo, tarde en la noche, la oficina del primer ministro emitió un comunicado en el cual omitió toda mención al plan de paz y a Hamas. El texto sólo anunció el viaje de la canciller israelí a Washington, Tzipi Livni, con el propósito de cerrar un acuerdo israelí norteamericano destinado a garantizar la seguridad en la frontera con Egipto. En lo concreto, se trata de los mecanismos para cortar el tráfico de armas desde Egipto hacia Gaza. Los diplomáticos europeos presentes en Jerusalén especulan con la idea de que el desplazamiento de la canciller es decisivo.

Pero el enredo de declaraciones es total. Egipto dice una cosa, Israel lo niega, al tiempo que el jefe político de Hamas en el exilio, Khaled Mechaal –que vive en Siria– dice que Hamas nunca aceptaría un plan que no estipule el fin de “la agresión”, el retiro de Israel y la apertura de los pasos fronterizos. Con todo, prevalece la idea de que la implicación de Washington funciona como una garantía de peso que abre las puertas para que Israel diga sí al plan expuesto por Egipto para terminar con esta fase de la guerra.

La diplomacia, hasta ahora, ha sido de una lentitud escandalosa, siempre incapaz de ganar la carrera a la muerte que, cada día, acecha a los palestinos de Gaza.

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En el refugio de la ONU atacado por el ejército israelí, 700 personas quedaron atrapadas.
Imagen: EFE
 
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