EL MUNDO › PROTOCOLO Y FRIVOLIDAD EN LA VISITA A LONDRES

Obama y Michelle en Buckingham

 Por Marcelo Justo

Desde Londres

Es la tercera visita de Estado de un presidente de Estados Unidos al Reino Unido en cien años, pero con Barack Obama todo parece diferente y único, especialmente después del turbulento paso de George W. Bush en 2003. En un día cargado de protocolo, más revista Hola que Foreign Affairs, el mandatario y su esposa Michelle fueron recibidos en el Palacio de Buckingham por la reina Isabel II y su marido el príncipe Felipe y agasajados por la noche con un banquete de Estado. En el palacio dialogaron con el príncipe Carlos y su esposa Camilla Parker Bowles y con los recién casados Guillermo y Kate Middleton, que ofrecieron las imágenes más buscadas de frivolidad monárquica, y con el líder de la oposición Ed Milliband, el diálogo más político de la jornada, centrado en los dilemas de una política progresista. La reunión de los Obama con el primer ministro David Cameron y su esposa Samantha en 10 Downing Street fue más la foto en la famosa puerta de la residencia oficial del mandatario británico que una negociación sobre temas bilaterales.

Las definiciones más importantes del mandatario estadounidense aparecieron por la mañana en un artículo que firmó junto a David Cameron en el The Times, el periódico de Ruppert Murdoch. En un intento por saldar un debate siempre presente en el Reino Unido sobre si la relación entre ambos países sigue siendo tan “especial” como la definió Winston Churchill en 1946, Obama y Cameron hablaron de una relación “esencial” para que el mundo fuera “más próspero y seguro”. A nivel internacional esta relación “esencial” se traduce en la acción conjunta emprendida en Afganistán, Libia o en la lucha contra el terrorismo. “La muerte de Osama bin Laden es el golpe más importante que ha sufrido Al Qaida desde sus comienzos, pero no marca el fin del terrorismo. Al Qaida y sus afiliados continuarán atacando nuestros países y para ello tenemos que actuar en conjunto contra la violencia que emana de ellos”, señalan.

El artículo tiene los trazos gruesos de toda retórica diplomática. Ese “actuar en conjunto”, que debería conseguirse mediante “la información compartida para rastrear e impedir ataques terroristas” tiene claros límites que ninguna relación “esencial” va a superar. El intercambio pleno de información quedó en entredicho cuando el año pasado la Justicia británica ordenó al servicio de espionaje, el MI6, entregar información suministrada por la CIA, al equipo legal de Binyam Mohamed, un británico detenido entre 2002 y 2009 en la bahía de Guantánamo y que estaba demandando a los servicios secretos por colusión con su detención y tortura. Los dos líderes, sin embargo, coincidieron en que la represión o el espionaje no bastaban frente al terrorismo y rozaron una autocrítica explícita por la conducta ambigua de Occidente respecto de las dictaduras árabes, al señalar que cuando no se respetan los derechos individuales “se favorecen las narrativas de la separación y victimización que sirven a Al Qaida”.

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