EL MUNDO › ISRAELIES Y PALESTINOS TRABAJAN JUNTOS EN MEDIO DE LA VIOLENCIA

Por la paz en la frontera

Roni pertenece a La Otra Voz, una organización que agrupa a israelíes afectados por el lanzamiento de cohetes gazauis y que se comunican con habitantes de Gaza por celular e Internet. “Compartimos la tragedia.”

 Por Erika Jara

Desde Erez

Roni Keidar vive, junto a su marido Ovadia, a tan sólo dos kilómetros de la frontera de Gaza, en el kibutz Erez. Las alarmas que avisan del acercamiento de un cohete lanzado desde la Franja suenan en su casa cada aproximadamente veinte minutos estos días. “Llevamos doce años viviendo en esta tensión”, dice Ovadia. Roni asegura haber perdido los nervios más de una vez al darse cuenta de que falta algún miembro de la familia en el refugio, una despensa sin ventanas en la trasera de la cocina. O cuando su marido está en el campo, suena la alarma y ella no contesta el teléfono. Sin embargo, ante la mirada escéptica de Ovadia, Roni insiste con su credo. “La solución al conflicto no va a llegar a base de bombazos y cohetes, sino a través del diálogo entre las partes,” afirma convencida.

Roni pertenece a La Otra Voz, una organización fundada en 2008 que agrupa a israelíes afectados por el lanzamiento de cohetes gazauis y que abandera justamente este lema. “La tragedia es que compartimos la misma historia. Los dos contamos nuestra verdad, pero cada parte tiene su punto de vista y es bueno dejar de prejuzgar y escuchar”, manifiesta Roni.

Los miembros de La Otra Voz se comunican con habitantes de Gaza por celular e Internet, y en ocasiones la parte israelí trata de gestionar permisos para que algunos gazauis puedan salir de la Franja y acudir a seminarios y conferencias, e incluso para llevárselos a hacer excursiones por Israel lejos del bloqueo gazaui.

Al comienzo de esta nueva escalada de violencia, La Otra Voz envió una carta al ministro de Defensa Ehud Barak y al primer ministro Benyamin Netanyahu. “Pedimos que se deje de jugar con nuestras vidas y se abran inmediatamente los contactos diplomáticos con el gobierno de Hamas. Estamos cansados de ser blancos fáciles al servicio de intereses políticos; los misiles de allí y los bombardeos de aquí no nos protegen. Ambas partes han pagado y están pagando aún un precio muy alto. Ya es hora de hablar y luchar por acuerdos a largo plazo que permitan a los ciudadanos de ambos lados de la frontera vivir una vida normal”. Según Roni, la carta cuenta ya con 12.000 firmas.

Gran parte de la familia de Roni y Ovadia, que hasta la firma de la paz entre Egipto e Israel en 1979 vivieron en un asentamiento hebreo situado en la península del Sinaí, se han ido mudando poco a poco a otros lugares, lejos de las alarmas y los cohetes gazauis. “Yo lo habría hecho también, pero mi marido tiene aquí su producción de semillas, que además da trabajo a diez trabajadores tailandeses y vietnamitas. Uno de ellos murió bajo un cohete hace dos años”, explica Roni.

Roni se considera moderada. “No estoy dispuesta a asumir toda la culpa. No puedes ver sólo la versión de la otra parte porque entonces pierdes el sentido de lo que intentabas conseguir. Todo lo que tiene que hacer Hamas es reconocer a Israel como Estado judío y dejarnos vivir. Reconozco que mi independencia fue un desastre para los palestinos y es normal que no lo olviden y lo conmemoren, pero debemos seguir adelante, dar un futuro a nuestros hijos.”

Ovadia respeta la labor de su mujer, pero no la comparte. “Veo reflejada la terca mentalidad de los palestinos cada día en el canal árabe Al Jazeera, y no me parece que vayan a cambiar.” Roni lo escucha pero no se deja convencer. “Me ha llamado ‘soñadora’ personas de los dos bandos, pero yo les digo: ¿Creen que Gaza va a desaparecer de un día para otro? ¿O Israel? ¡Los soñadores son ustedes!”

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Ovadia y Roni Keidar en casa de Erez, a dos kilómetros de Gaza.
Imagen: Javier Videla
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