EL MUNDO › JASON HICKEL, DE LA LONDON SCHOOL OF ECONOMICS, ANALIZA UNO DE LOS FACTORES DE LA CRISIS DE 2008

La corrupción oculta de las potencias

El catedrático Hickel señala un problema fundamental en términos sistémicos para la economía mundial: la corrupción de guante blanco, invisible y refinada, en los países desarrollados. En lista figuran EE.UU., Japón, Reino Unido y Suiza, entre otros.

 Por Marcelo Justo

Una visión muy extendida sobre el desarrollo económico es que los problemas que enfrentan las economías en desarrollo y los países pobres se deben a la corrupción. Esta visión choca con un dato contundente de la realidad internacional: China. Ni el mismo Partido Comunista pone en duda que la corrupción es uno de los grandes problemas nacionales, todo lo cual no ha impedido un crecimiento promedio de dos dígitos en las últimas tres décadas. Pero, además, según Jason Hickel, catedrático de la London School of Economics, esta perspectiva oculta un problema mucho más fundamental en términos sistémicos para la economía mundial: la corrupción en los países desarrollados. Se trata de una corrupción de guante blanco, invisible y refinada, que fue una de las claves del estallido financiero de 2008. Página/12 dialogó con Hickel sobre el tema.

–Según la Convención de la ONU sobre Corrupción, ésta les cuesta a los países en desarrollo entre 20 y 40 mil millones de dólares anuales. Es una suma considerable. Pero usted dice que, en comparación, la corrupción del mundo desarrollado es mucho mayor y tiene un impacto sistémico mucho más grande. ¿Cómo llegó a esa conclusión?

–El presidente del Banco Mundial, Jim Kim, hizo este cálculo sobre el costo de la corrupción en el mundo en desarrollo. Pero esta suma, indudablemente importante, constituye apenas un 3 por ciento del total de los flujos ilícitos que abandonan los países en desarrollo cada año. La evasión fiscal sola es 25 veces esa suma. El año pasado, un millón de millones de dólares se fugaron de los países en desarrollo y terminaron en paraísos fiscales por una práctica conocida como re-facturación, en la que las empresas falsifican documentos para que sus ganancias aparezcan en paraísos fiscales en los que no pagan impuestos en vez de en las jurisdicciones donde las empresas hicieron las ganancias. Por supuesto que esto sólo es parte del problema. Hay otras prácticas, como el llamado precio de transferencia. Las multinacionales comercian sus productos entre sus propias subsidiarias para pagar en la jurisdicción donde el impuesto es más bajo, algo que cuesta un millón de millón de dólares anuales, más o menos lo mismo que la refacturación.

–¿Por qué es tan fácil la evasión fiscal?

–Porque las reglas de la Organización Mundial del Comercio les permite a los exportadores declarar lo que se les antoja en sus declaraciones aduaneras. Esto les permite subvaluar sus productos para que paguen menos impuestos. No debería sorprendernos dado la ausencia de democracia interna de la OMC. El poder de negociación en la OMC está determinado por el tamaño del mercado y las decisiones más cruciales se toman en reuniones del llamado “cuarto verde”, que son manejadas por los países más poderosos, de manera que el comercio mundial termina manipulado a favor de los ricos.

–Curiosamente, en el índice más publicitado a nivel mundial sobre corrupción, el de Transparencia Internacional, se presenta un panorama exactamente opuesto, es decir, el mundo desarrollado sufriendo a manos del mundo en desarrollo los estragos de la corrupción. ¿Qué opina de este índice?

–El índice tiene una serie de problemas. Primero, se basa en la percepción de corrupción que hay en el propio país. De manera que los encuestados no pueden decir nada sobre lo que piensan de otros modos de corrupción, como pueden ser los paraísos fiscales o la OMC. Segundo, como el índice mide percepciones más que realidades, está expuesto a las narrativas de los departamentos de relaciones públicas. La narrativa dominante está promovida por un complejo de organizaciones, desde el Banco Mundial hasta Usaid y muchas ONG, que centran el tema de la pobreza en la corrupción de los propios países en desarrollo. De manera que no sorprende que los encuestados terminen reflejando esta visión. Además, los índices se basan en datos de instituciones como el Banco Mundial y el Foro Económico Mundial. Estas instituciones, que representan a países ricos occidentales, tienen un interés creado en mantener esta narrativa sobre la corrupción.

–Dos países que suelen estar a la vanguardia de todas estas denuncias de corrupción en el mundo en desarrollo son Estados Unidos y el Reino Unido. ¿Cuál es la situación real de estos países respecto de la corrupción?

–Según Transparencia Internacional, Estados Unidos está bastante libre de corrupción. Según la Red de Tax Justice, en cambio, Estados Unidos está en el sexto lugar a nivel mundial en el rango de corrupción, debido a que tiene jurisdicciones secretas que le permiten funcionar como centros de evasión impositiva. Pero además sabemos que la corrupción atraviesa el sistema político estadounidense. Las corporaciones pueden gastar dinero sin límites en las campañas políticas para asegurar que sus candidatos sean elegidos. Así las cosas, no sorprende que más de la mitad de los congresistas sean multimillonarios. Y hay otras formas de lobby político mucho más directas. Según la Radio Nacional Pública, por cada dólar que gastan las corporaciones en tareas de lobby obtienen un retorno de 220 dólares. Y los sistemas regulatorios suelen estar capturados por gente de las mismas corporaciones que deben ser reguladas. El ejemplo más obvio es Henry Paulson, el CEO de Goldman Sachs, quien fue secretario del Tesoro de los Estados Unidos y artífice del rescate que canalizó millones de millones de dólares de los contribuyentes a la banca privada. En resumen, las corporaciones abusan del Estado para su propio provecho, lo que es la definición de corrupción de Transparency International. El Reino Unido es otro gran ejemplo. La City de Londres es uno de los centros de funcionamiento de los paraísos fiscales, de manera que sorprende que el Reino Unido sea calificado por Transparency International como un país sin corrupción. Y no es la única instancia de corrupción. La privatización de la infraestructura pública, tanto del sistema nacional de salud como de los trenes, ha permitido que gente como el multimillonario Richard Branson gane millones en subsidios estatales para su compañía Virgin Trains.

–Esto no quita que el tema de la corrupción en el mundo en desarrollo es real y tiene un fuerte impacto socioeconómico e institucional. ¿Cómo debería ser un índice neutral y justo sobre el tema de la corrupción?

–Por supuesto que la corrupción en el mundo en desarrollo es real y no debe ser subestimada como problema. Pero es importante concentrar la mirada en formas de corrupción ocultas. Por el momento lo más cercano que tenemos a un índice objetivo es el que elabora la Red de Tax Justice. En este índice, el ranking se elabora sobre países responsables de ocultar unos 30 millones de millones de dólares de riqueza en paraísos fiscales. Si mira la lista verá que los países que encabezan el ranking son el Reino Unido, Suiza, Luxemburgo, Hong Kong, Singapur, Estados Unidos, el Líbano, Alemania y Japón. Estos son los principales centros de corrupción que debemos enfrentar.

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“El poder de negociación en la OMC está determinado por el tamaño del mercado”, señaló el analista.
 
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