EL MUNDO › TENSION POR LOS CAMBIOS EN CRIMEA

Vientos turbulentos

 Por Kim Sengupta *

Hace un año, los cristianos, los musulmanes y los judíos se habían reunido en el Parque Omer Ashiq para celebrar la paz y el entendimiento entre las diferentes religiones en su antigua ciudad. Hoy en día, la mezquita de al lado está custodiada durante la noche por los voluntarios, un sistema de alarma y cámaras de seguridad que se han instalado; se guardan registros de incidentes de intimidación.

Eupatoria, construida en el sitio de un asentamiento griego de 500 A.C., se enorgullece de su cultura y patrimonio. Un programa de restauración en el casco antiguo, Nueva Jerusalén, con las iglesias, mezquitas, sinagogas, monasterios derviches y excavaciones, ganó premios internacionales. El lugar también se jacta de estar en la vanguardia en los esquemas de conservación y tecnología verde.

Pero el viento turbulento de cambio que se ha extendido a través de Crimea está amenazando “la tranquilidad”, que residentes valoran tanto. Una base militar de Ucrania pasó a manos de los rusos cerca de aquí, el miércoles, poco después de la toma de la sede naval en Sebastopol. No hay muchas señales de las fuerzas del Kremlin sobre el terreno, pero la Fuerza de Autodefensa, instalada por el gobierno separatista de Crimea, ha estado presente durante un tiempo, y con ella llegó la división y la discordia.

“Es una lástima que esto esté sucediendo precisamente aquí. Pensamos que no se vería afectado por toda la rabia que vemos en otros lugares”, dijo Islam Abdulrashid, el muecín de la mezquita Juma Jemi. “Estamos trabajando muy duro con las otras religiones. Tenemos un foro donde nos reunimos. Tratamos de mantener tranquila a la gente. Pero entonces vemos que se han entregado las armas. Vemos cosacos y, sí, estamos preocupados.”

No ha existido ningún ataque grave a la antigua mezquita de 400 años, obra de Sinan, el principal arquitecto otomano, y el lugar donde los kans tártaros que una vez gobernaron Crimea llegaban a orar antes de su entronización hasta hace poco. “Hubo acoso, insultos. No queremos dar a conocer los detalles”, dijo Abdulrashid. “Pero estamos siendo cuidadosos. Hay personas a las que podemos llamar para que vengan aquí rápidamente si es necesario. Hemos tenido que hacer esto un par de veces. Yo los puedo llamar con esto.” Alzó una clave de seguridad.

Vladimir Niedienko, mientras caminaba por el parque que lleva el nombre del poeta del siglo XVII Ashiq Omer, dijo que estaba triste por las señales de xenofobia. Se había mudado allí con la familia de su hijo, Oleg, que originalmente vino a recuperarse de una enfermedad contraída mientras evacuaba gente en Chernobyl como policía.

El ex ingeniero de 80 años había votado a favor de la unificación con Rusia en el reciente referéndum. “Yo soy un hombre viejo. Nací en Rusia y quiero morir en Rusia. Yo creía en la Unión Soviética, y una de las razones para ello era que todos estábamos allí juntos, de diferentes razas.”

“Yo no voté esta vez para decir que los rusos son superiores a los demás, que alguien que es ortodoxo es mejor que un católico o un musulmán. Mi hijo se enoja mucho cuando oye hablar así. No les preguntaban sobre la raza o la religión cuando los sacaban de Chernobyl. Yo fui un soldado una vez. Le pegaré a cualquiera que vea tratando de dañar la mezquita.”

Sin embargo, Viktor Aleksiyev, un miembro de la Fuerza de Autodefensa, se interesaba en subrayar los peligros planteados por agitadores externos. “Tenemos todo tipo de gente viviendo aquí, no es un problema, pero tenemos que estar listos por si surgen problemas”, dijo. “El tema es que hay personas que no quieren aceptar el veredicto democrático del referéndum y el llamado gobierno de Ucrania está enviando agentes para explotar esto. Hay información de Simferopol, la capital del Estado, que confirma esto. Si las fuerzas de seguridad arrestan a alguien que es tártaro, no será porque es tártaro, pero quizá tiene la intención de hacer algo influenciado por los agentes de la Jihad salafista. Somos patriotas. Estamos aquí para defender a nuestro país.”

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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