EL MUNDO

El caso del auténtico falso deportado por el nazismo

En un escándalo que amenaza con ayudar a los historiadores que niegan el Holocausto, se descubrió que el presidente español de la asociación de Mauthausen no fue prisionero de los nazis.

Por Carlos E. Cué y Jacinto Anton*
Desde Madrid y Barcelona

El hombre más conocido de la deportación española, Enric Marco, presidente de la asociación Amical de Mauthausen, ha engañado a todos durante casi 30 años. Nunca estuvo preso en un campo de concentración, al contrario de lo que aseguraba en cientos de entrevistas, charlas en colegios e incluso en un libro autobiográfico, Memoria del infierno, publicado en 1978.
Después de que circularan diversos rumores que provocaron su destitución como presidente de la asociación y su ausencia inesperada en los actos de conmemoración del 60º aniversario de la liberación de Mauthausen –achacada oficialmente a una enfermedad–, Marco reconoció el martes en un escueto comunicado lo que algunos de sus compañeros, totalmente desolados, ya sabían hace unos días: que lo inventó todo. Por ello ha sido cesado de todos sus cargos.
Marco, de 84 años, no salió de España exiliado como miles de compatriotas republicanos al final de la guerra. Ni se incorporó a la Resistencia francesa como contaba una y otra vez en las decenas de entrevistas que le han realizado en los últimos años. “Salí hacia Alemania en una expedición de trabajadores españoles en 1941”, reconocía. Tampoco estuvo nunca en el conocido campo de concentración de Flossenburg, a pesar de que ha narrado esa supuesta experiencia terrorífica miles de veces. De hecho, repetía su supuesto número de registro: 6448. Marco da 120 charlas al año en otros tantos colegios, explicando con detalle a los jóvenes cómo era un horror que, según admitió esta semana, nunca conoció directamente. “Reconozco no haber estado internado en el campo de Flossenburg, aunque sí padecí prisión en régimen preventivo bajo la acusación de conspiración contra el III Reich”, sostiene Marco en su comunicado.
Por tanto, nunca fue liberado por las tropas aliadas, como había narrado, en 1945, al final de la II Guerra Mundial. “Volví a España a principios de 1943, después de que me liberaran.” Esta es la clave para entender por qué Marco ha podido engañar a tanta gente durante tanto tiempo. Prácticamente todos los españoles que salieron de campos de concentración se quedaron en Francia, el único país que los acogió. Y recibieron una ficha de deportado que les daba derecho a una pensión. Para dársela, el gobierno francés buscó y comprobó todos sus datos. Pero no los de Marco. El contó una historia creíble pero muy difícil de comprobar: dijo que no tenía pensión porque había venido a España para trabajar clandestinamente para la CNT, un sindicato del que llegó a ser secretario general en 1978.
Marco es una persona muy conocida en Cataluña, tanto que en 2001 la Generalitat le otorgó la cruz de Sant Jordi por toda una vida de lucha antifranquista y sindicalista, y por su dedicación, en torno de 20 años, a la Federación de Padres y Madres de Alumnos de Cataluña (FaPaC), de la cual fue vicepresidente por Barcelona.
Marco, que declinó hablar con este diario, estuvo el 27 de enero en el Parlamento y fue el protagonista del primer homenaje que se realizaba allí a todas las víctimas de los campos de concentración. El último 1º de mayo fue reelegido presidente de la Amical de Mauthausen. Pocas horas después comenzaron a circular los rumores de que un historiador no encontraba su nombre en los archivos de Flossenburg. Marco aguantó unos días, pero luego se hundió y lo reconoció todo. La asociación lo obligó a volver de Mauthausen para no enturbiar el homenaje, y un deportado de verdad, Eusebi Pérez, leyó el discurso que él había preparado.
Deportados reales y miembros de la asociación, que han trabajado con Marco los últimos seis años, están desolados. Neus Català, de 89 años, única sobreviviente española del campo de concentración de Ravensbrück, señala furiosa: “Yo ya sabía que Marco no era un deportado, se notaba que no había estado en los lugares que decía, no conocía Flossenburg, sus descripciones obviamente no coincidían con la realidad”. La sobreviviente calificó a Marco de “mentiroso” y “sinvergüenza” y deploró el daño que puede hacer el asunto a la causa de los deportados.
Jesús Ruiz, tesorero de la asociación y amigo hasta ahora de Marco, está hundido: “La deportación está muy por encima del engaño de una persona, pero es evidente que el daño que puede hacer es enorme. Esto es carnaza para los negacionistas”.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

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Un visitante se acerca a los alambres de púa que rodean un campo de concentración nazi.
 
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