EL MUNDO

Un país que se enfrenta a sus deudas sociales

La inestabilidad política y el estancamiento económico han prevalecido en el país andino en los últimos años. Muchos han emigrado a EE.UU. y España. El próximo gobierno decidirá si apuesta a un cambio que genere empleo y depure la corrupción.

 Por Lucía Alvarez
y Diego González

Luego de políticas fallidas, derrocamientos, gobiernos provisorios y levantamientos populares, Ecuador tiene hoy la expectativa de que una nueva presidencia resuelva la situación de inestabilidad en la que está subsumido desde hace casi diez años. Los retos para el próximo gobierno son muchos y variados.

En lo político, el desafío significa canalizar hegemónicamente una crisis de gobernabilidad iniciada en 1997 con la caída de Abdalá Bucaram. Hubo una sucesión de siete presidentes en nueve años. El fracaso más reciente lo protagonizó Lucio Gutiérrez, el coronel que llegó al poder con reivindicaciones de los sectores sociales más desfavorecidos y de la mano del partido indigenista Pachakutik, y terminó por declararse el principal aliado de los Estados Unidos. El rechazo del pueblo ecuatoriano se tradujo en fuertes revueltas encabezadas por “los forajidos”, un movimiento espontáneo principalmente de clase media –eminentemente quiteño y sin intenciones de liderazgo– que decepcionado del funcionamiento de la vieja política tumbó al presidente al canto de “que se vayan todos”.

Su sucesor Alfredo Palacio, sin trayectoria ni experiencia política anterior, mantuvo la estabilidad hasta el momento gracias a ciertas concesiones que les dio a los movimientos sociales. Ejemplo de ello fueron la caducidad del contrato de la petrolera norteamericana Occidental por el traspaso del 40 por ciento de sus acciones a la empresa Encana, en Canadá, sin la autorización estatal correspondiente –aun a sabiendas de que eso significaba forzar a Estados Unidos a cumplir con el chantaje político de suspender el Tratado de Libre Comercio– y la Ley de Hidrocarburos que determina el reparto del 50 y 50 de las ganancias extraordinarias por el aumento de los precios del petróleo, entre el Estado y los privados.

En este sentido, el éxito de Correa se entiende por lo nuevo que representa frente a una partidocracia que hasta incluye a Pachakutik. Ecuador tiene uno de los movimientos indígenas con más peso en la región, pero constituirse bajo la forma de partido político lo llevó por el camino de la institucionalización, la burocracia y la corrupción.

Pero lo político es sólo una parte de la crisis. A partir de la caída estrepitosa del PBI en 1999 y la adopción de la dolarización en el 2000, la economía ecuatoriana no logra salir de una situación de estancamiento, aun cuando las condiciones externas le son favorables: altos precios del petróleo, bajas tasa de interés, depreciación del dólar y auge de Estados Unidos, comprador del 40 por ciento de la producción nacional. El crecimiento ha sido inestable, salvo en el 2004 cuando la actividad petrolera privada fue la impulsora del 6,9 por ciento, mientras que los sectores de la industria, comercio y agro, que son los generadores de la mitad del empleo, se expandieron apenas en 1,9 por ciento. La inflación, por su parte, volvió a incrementarse de un 1,9 por ciento en diciembre del 2004 a más de un 5,3 por ciento en febrero del 2006, con una tendencia creciente.

En paralelo, los índices de pobreza han aumentado estrepitosamente: entre 1995 y el 2000, el número de pobres creció de 3,9 a 9,1 millones, en términos porcentuales de 34 al 71 por ciento; la pobreza extrema dobló su número de 2,1 a 4,5 millones, el salto relativo fue del 12 a un 31 por ciento. Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) este empobrecimiento está directamente relacionado con el aumento de la desigualdad en la distribución del ingreso: el 20 por ciento de la población ecuatoriana más pudiente absorbe el 60 por ciento de las entradas, mientras que el 25 por ciento de la población más pobre recibe el 4 por ciento del PBI. Asimismo, la desocupación se mantiene en un 10 por ciento, a los servicios de salud sólo tiene acceso la mitad de la población; el 60 por ciento de los ecuatorianos carece de drenaje en sus viviendas y el 45 por ciento no dispone de agua potable.

Este contexto llevó a Ecuador a ser un país con pocas posibilidades, y eso explica la migración masiva de ecuatorianos sobre todo a España y Estados Unidos, que se calcula entre 1 y 3 millones. Esto representó en paralelo, un ingreso de divisas por remesas, que hoy se coloca como uno de los factores fundamentales de la economía después del petróleo. “Las remesas tienen un rol indispensable en la economía nacional por su colaboración con el sostenimiento de la dolarización y la disminución de la pobreza” explica Alberto Acosta, economista e investigador de la cuestión migratoria en Ecuador.

Por todo esto, el reto del nuevo presidente es grande y difícil. Los ecuatorianos están a la espera de un cambio, esta vez de verdad, y parecen no estar dispuestos a recibir otra negativa como respuesta.

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El país entró en un círculo vicioso económico y político; muchos optaron por irse del país.
Imagen: EFE
 
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