EL MUNDO › OPINION

Un caso de sobreexposición mediática

 Por Ariel Goldstein *

A partir de hoy se llevará a cabo en Brasil el juzgamiento por el Supremo Tribunal Federal (STF) del denominado por los medios escándalo del “mensalao”. Este episodio, actualmente reintroducido en la agenda pública por los medios de comunicación a partir de la llegada de su juzgamiento, marcó fuertemente el primer gobierno de Lula (2003-2006).

El estallido de la “crisis del Mensalao” comenzó en mayo de 2005 a partir de una serie de denuncias del diputado Roberto Jefferson (PTB-Río de Janeiro), que era parte de la coalición gubernamental. En una entrevista de Jefferson el 6 de junio de ese año en la Folha de S. Paulo, éste acusó al Partido de los Trabajadores de estar pagando una mensualidad –de allí el nombre “mensalao”– a los parlamentarios de la base aliada a cambio de apoyo al gobierno de Lula en el Congreso. Este acontecimiento redefinió las relaciones entre la oposición y el gobierno brasileño. La conmoción que la sobreexposición mediática intencionada de este escándalo produjo en la opinión pública tuvo por efecto una importante erosión del capital político del gobierno –generando la renuncia de cuadros históricos del partido como el entonces jefe de Gabinete José Dirceu y el entonces presidente del partido José Genoíno– así como la apertura de varias Comisiones Parlamentarias de Investigación (CPI) encargadas de investigar los acontecimientos en el Congreso.

A partir de estos sucesos, la oposición liderada por el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) pasó a la ofensiva, constituyendo a las denuncias de “corrupción” como su principal bandera de campaña frente al gobierno lulista. El candidato Geraldo Alckmin, que enfrentó a Lula en 2006 con la coalición partidaria denominada “Por un Brasil Decente”, señalaba entonces al lanzar su candidatura que “Brasil vive un momento muy complicado. No estamos enfrentando una candidatura, sino una sofisticada organización criminal infiltrada en el Estado”. Sin embargo, a evidencia de los resultados de las elecciones de 2006, donde Lula derrotó al candidato del PSDB Geraldo Alckmin en la segunda vuelta con el 61 por ciento de los votos frente al 39 por ciento de este último, se visibilizó la dificultad de esta radical estrategia de denuncia asumida por el espacio opositor para generar una extendida representación política a nivel nacional.

Recordar esto resulta importante considerando las recientes declaraciones de los líderes del PSDB en este contexto de pronto juzgamiento de este complejo episodio. El pasado 25 de julio el presidente del partido Sergio Guerra señaló ante el resurgir de estos acontecimientos que “el PT quiere impedir que la sociedad acompañe el juzgamiento (...) Esta es una acción defensiva, que sólo tiene un objetivo: dejar al pueblo fuera de esto”. Asimismo, el líder del PSDB en el Senado brasileño, Alvaro Dias, afirmó que el juzgamiento del mensalao debía incidir en el resultado de las elecciones municipales que se realizarán en octubre de este año, por causa de la “importancia nacional” de San Pablo y de la presencia del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, “centro del mensalao”, en la elección local (24/07/2012).

Sin embargo, el pueblo brasileño parece haber sido ya contundente al expresar su rechazo a las candidaturas de oposición constituidas en forma exclusiva sobre la base de denuncias de corrupción al PT. Deberían los líderes de la oposición brasileña tomar nota de este aspecto y cuidarse en este contexto de no subirse nuevamente a una agenda mediática guiada –como ha señalado el comunicólogo Antonio Rubim– por la moralización de la política, si quieren preservar su autonomía y capacidad de disputar cierta representación a nivel nacional.

* Sociólogo (UBA). Becario Conicet en el Instituto de Estudios de América latina y el Caribe (Iealc).

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