EL MUNDO › FRANCIA QUIERE EVITAR LA MANO DURA POLICIAL DE 1961

Recordando la noche negra

 Por Leonard Doyle*

Hasta ahora la policía francesa respondió con llamativo control a las noches de incendios y disturbios en todo el país. Consciente de que un cachiporrazo demasiado fuerte sobre la cabeza de un joven o peor, un joven manifestante muerto por la policía, añadiría combustible a la ya incendiaria situación, han tratado en gran parte de evitar el uso de la fuerza bruta para terminar con la anarquía. La policía francesa está irreconocible, desde la respuesta de mano dura hacia los manifestantes que se viera en los años anteriores, ni hablar de las protestas estudiantiles de 1968.
Pero la decisión del gobierno de adoptar medidas de emergencia para reforzar el toque de queda con una ley originalmente aprobada para combatir la violencia en Argelia en su guerra de independencia contra Francia aumentaría los riesgos considerablemente. Una editorial de Le Monde advertía ayer que la decisión del gobierno de resucitar una ley draconiana de 1955 enviará un mensaje brutal a la juventud descontenta, que 50 años más tarde Francia intenta tratarlos como lo hizo con sus abuelos. El editorial se refería a uno de los episodios más negros de la historia moderna francesa. En la noche del 17 de octubre de 1961, la policía bajo el mando del ministro de Vichy Maurice Papon masacró a entre 200 y 300 manifestantes argelinos. Algunos de ellos fueron lanzados todavía vivos al Sena desde la Plaza de la Concordia, en el centro de la ciudad. La secuencia precisa de los hechos no pudo establecerse nunca, pero en el centro está la acusación de que Papon, el ex ministro acusado de deportar más de 1600 judíos a los campos de concentración nazis durante la guerra, les dio luz verde a los oficiales de la policía para atacar con violencia a los manifestantes y para tirar luego sus cuerpos al Sena.
Después del asesinato de 11 oficiales de la policía a manos de nacionalistas argelinos, se impuso un toque de queda y unos 40.000 argelinos descendieron al centro de la ciudad. En la estación de subte del Puente de la Concordia, la policía comenzó a golpear a la gente con bastones. A Saad Ouazene, entonces un obrero de una fundición de 29 años y organizador del Frente de Liberación Nacional Algerino (FLN), le fracturaron el cráneo. “Vi a la gente caer en charcos de sangre. Algunos fueron golpeados hasta morir.” Los cuerpos fueron tirados en camiones y lanzados al Sena desde el Puente de la Concordia.
Daniel Mermet, un locutor de radio que vio la manifestación desde otro puente, dijo: “Los manifestantes fueron atacados por la policía y todos corrieron. Vi cómo un tipo se trepaba al parapeto del puente e intentaba esconderse. Un policía lo vio y comenzó a pegarle. Un segundo policía se le unió y lo golpearon hasta que cayó al agua como una piedra”. Unas 50 personas fueron aporreadas a muerte en el patio de la central de policía de París, según un testimonio de un número de policías shockeados. Los informes policiales revelan que Papon, que estaba en la escena y más tarde en el puesto de comando, les dijo a los oficiales de una comisaría que debían ser “subversivos” en la guerra contra los argelinos. “Ustedes estarán cubiertos, les doy mi palabra”, dijo. Después de la masacre, docenas de cuerpos fueron recogidos del Sena hasta en Rouen.
Papon, que fue encarcelado en 1999 por complicidad en crímenes de lesa humanidad, fue liberado en 2002. Tiene ahora 95 años y los secretos del 17 de octubre de 1961 lo pueden seguir hasta la tumba.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12. Traducción: Celita Doyhambéhère.

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