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Mediterráneo movido

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Un grupo de doce soldados marroquíes invadieron la deshabitada Isla de Perejil, reclamada por España, aludiendo a un mejor control de la inmigración ilegal. España envió lanchas de guerra a la zona. Y por ese mismo estrecho en el Mediterráneo, Gran Bretaña y España acordaron la soberanía compartida del Peñón de Gibraltar, aunque España no está conforme.

El Mundo
El gobierno español hace bien en mantener la serenidad, pero su respuesta es insuficiente ante un desafío de estas proporciones. Desde luego, no se trata de expulsar a los militares marroquíes utilizando al ejército, pero tampoco se puede permitir que Mohamed VI se salga con la suya a través de una política de hechos consumados. No se entiende que el gobierno no haya llamado urgentemente a consultas al embajador español en Rabat. Los acontecimientos de las últimas horas indican que Marruecos no sólo no tiene intención de devolver a su embajador en Madrid sino que ha optado por una escalada de tensión. Al margen de que la ocupación de Perejil tenga algunas características de ópera bufa, se trata de defender el fuero.
(Editorial)

Independent
El significado real de las declaraciones de Straw fue su falta de novedad. Trató de “vender” como éxito a un fracaso diplomático. Mientras llamaba a un acuerdo “sobre un número de principios”, Straw estaba en realidad queriendo decir que no ponía ninguna esperanza en llegar a un trato con España “para el verano”. No se acordó, por ejemplo, el futuro de las bases militares británicas. El anuncio de Straw fue menor, pero claro en su reiteración al principio más decisivo de todos: que Gran Bretaña compartirá la soberanía sobre el peñón sólo si la gente de Gibraltar lo aprueba. El acuerdo tendrá que esperar desde ahora a que Gibraltar sienta los vientos severos de la realidad económica, como sucederá cuando haya terminado el impuesto a la colonia.
(Editorial)

Gibraltar Chronicle
Los elementos clave de los pasados días –la invasión de la isla de Perejil y las declaraciones de Jack Straw– habían sido anticipados por británicos y españoles en los meses recientes desde que han abierto el asunto de “resolver la cuestión de Gibraltar”. No es que los hechos hayan sido deliberadamente coordinados, pero Marruecos ha seguido cada respiro que llega desde el otro lado del estrecho. Este es un momento de dar apoyo al gobierno para que Gibraltar sea más fuerte. Además es tiempo de un serio debate interno y reflexión sobre la comunidad gibraltariana y sus perspectivas. Tenemos nuestro propio sistema democrático, que es el lugar donde se decide sobre nuestro futuro, incluso si eso va en contra de la expectativa de los países poderosos.
(Editorial)

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