EL PAíS › CóMO FUE LA TRANSMISIóN DE LOS PRINCIPALES CANALES DE TELEVISIóN

El Supermartes de las pantallas

La TV construyó la cobertura de las manifestaciones con tomas aéreas, incluido un camarógrafo colgado de una grúa, y se insistió con el recurso de la imagen dividida. Los contrastes que se mostraron entre Palermo y Congreso.

 Por Facundo García

“Supermartes.” “Puja de actos.” “Un país, dos convocatorias.” En esa tónica titularon los canales desde la mañana, calentando la pantalla de TV con alardes de su despliegue. A esta altura del conflicto agrario, ya son demasiadas las pistas que los grandes medios de comunicación vienen dando sobre el modo en que se comportan frente a la coyuntura. Basta regresar a algunas escenas de lo que mostró ayer la tele ante las movilizaciones frente al Congreso y alrededor del Monumento de los Españoles: usando más o menos obviedad, hubo apuestas –a veces hilarantes– por volver a traer viejos comodines de la perorata antijusticialista. Además, esta vez se sumaron cantos y octosílabos en rima, preparados por los “poetas del campo” que germinan inspirados por la soja. Del lado de enfrente tampoco faltaron los símbolos. En definitiva, palabras como “pueblo”, “patria”, “justicia” han vuelto al primer plano. El tema es quiénes y cómo las utilizan.

El Canal C5N decidió meter a un camarógrafo en una especie de grúa, a más de 20 metros de altura. Canal 13 y TN optaron por tomas aéreas. Sea por azar o por decisión editorial, en casi todas las señales las panorámicas ofrecieron una perspectiva más amplia, populosa y profunda cuando se exhibía la zona palermitana. Los canales importantes mostraban alrededor del monumento, donde se citaron los ruralistas, el predominio del celeste y blanco, mientras en la Plaza del Congreso exhibían menos homogeneidad cromática. Cabe destacar, no obstante, que desde hace semanas en los barrios más paquetes de Buenos Aires se habían visto panfletos indicando que “si uno estaba a favor del campo” debía conseguir una insignia nacional y colgarla en el balcón.

Otro canal. A las 14.30, la mesa de Mirtha Legrand estaba en llamas. “La señora” exclamaba, cual esposa de Ned Flanders: “¡Por Dios! ¡Alguien puede pensar un poco en lo que está pasando!”. A la misma hora en que varias radios informaban que un colectivo con militantes K había chocado con dos camionetas que transportaban ruralistas en la intersección de Godoy Cruz y Cabrera, también había colisiones –en este caso verbales– entre los comensales que acompañaban a la viuda de Tinayre. Cuando Fernando Braga Menéndez, hombre cercano al oficialismo, le planteó a la conductora que lo que estaba en juego eran “dos modelos de país que se vienen debatiendo desde la Revolución de Mayo”, la “Chiqui” sólo atinó a responder que ella, “a pesar de haber pasado por muchos gobiernos” –y de verdad que fueron varios– nunca “había sentido” la crispación que percibe por estos días. Añadió más tarde sentirse alarmada porque “hoy se tiene miedo, igual que en la primera presidencia de Perón”. “Mi pobre Argentina –empezó a redondear, emocionada– es el mejor país del mundo. Soy capaz de llorar...”. Se servía el postre y la Legrand se repuso, para rematar observando que “ha regresado la vieja división entre oligarcas y cabecitas negras”. Por detrás, la mucama morocha le corría la silla para que ella y el resto de la troupe pudieran pasar al living.

En la calle el termómetro rebasaba los 28 grados, y los movileros intercalaban maldiciones con pensamientos al paso. Los periodistas intentaban explicarse cómo podía ser que tantas banderas rojas se reunieran en un acto con presencia de la Sociedad Rural, al tiempo que Jorge Rial daba el puntapié inicial a su programa denostando a ambos actos. “Estos son dos pelados peleando por un peine. Los argentinos de a pie como nosotros (!) no estamos con ninguno, sino rompiéndonos el culo todos los días”, aventuró.

Promediando la jornada, la pantalla dividida que mostraron a lo largo de la tarde las señales del Grupo Clarín se hizo más interesante a causa de las dos multitudes que empezaban a cobrar forma. “Hay un toro que viene/ de las tierras entrerrianas/ y ese toro no se mancha/ en Pampa Cruz lo sostienen”, se escuchaba. ¿El recuerdo de algún héroe épico? No, la creación de un folklorista en honor a Alfredo De Angeli, la figura más convocante de la flamante oposición campestre, pródiga en “inocencias”, “purezas” y un telurismo supuestamente genuino.

Según aseguraban los representantes de las cuatro principales entidades agrarias, el inicio de los discursos se estaba viendo atrasado porque “la policía impedía el ingreso de vehículos a la Capital”, hecho que hasta ahí –las 16.30– aparentemente no había sido corroborado por los informes de tránsito.

Néstor Kirchner llegaba a Callao y Rivadavia. Quien tenga ganas de comprobar la sofisticación con la que se está llevando adelante este ajedrez comunicacional puede hacer un paralelo de lo que se puso ante las cámaras apostadas en Palermo en momentos en que hablaba Kirchner. Los rectángulos divididos de la TV registraron cómo los representantes de las entidades en conflicto se persignaban exactamente en el punto en que el ex presidente se acercaba al final de su discurso. A su turno, el propio De Angeli, junto a Eduardo Buzzi, de Federación Agraria, Fernando Gioino, de Coninagro, Mario Llambías, de CRA, y hasta Luciano Miguens, de la Sociedad Rural Argentina, aparecían vitoreados por una multitud entre la que se veían claramente banderas rojas de varias agrupaciones de izquierda. Faltó un Discepolín que le pusiera poesía a la reunión.

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Cuando hablaba Kirchner se veía, a la vez, a los representantes de las entidades rurales persignándose.
Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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