EL PAíS › EL JEFE DE LA ARMADA LE OTORGó EL GRADO DE ALMIRANTA Y CONDECORó A STELLA MARIS

La primera almiranta es virgen

Antes de celebrar la misa por el Día de la Patrona de la Marina, el almirante Jorge Godoy, junto con la plana mayor de la fuerza, se acercaron a la imagen de la Virgen del altar de la catedral castrense para darle los honores del cargo y entregarle la distinción.

 Por Nora Veiras

La nave central de la catedral Stella Maris estaba desbordante de uniformes navales. El 18 de agosto de 1937, el presidente de facto Agustín P. Justo designó a la Virgen Stella Maris patrona de la Marina. Desde entonces se celebra la misa ad hoc. Esta vez hubo una sorpresa. “Vistos los servicios prestados a la institución por Nuestra Señora Stella Maris y en uso de las facultades reglamentarias, el jefe del Estado Mayor de la Armada le otorga la condecoración Gran Cruz al Mérito Naval Laureada”, leyó el edecán del almirante Jorge Godoy; coronó la distinción designándola almiranta y haciéndole entrega de los atributos del mando. Un murmullo contenido rebotó en los inmensos vitrales del templo de Retiro. Tanta devoción católica parecía desafiar los lineamientos de pluralidad religiosa dirigidos desde la cartera de Defensa.

Inmunes al desconcierto y compenetrados en su papel, Godoy, su segundo Benito Rótolo y el jefe de Personal Enrique Salvador Olmedo, junto a un representante del prefecto nacional y a un ignoto funcionario del Ministerio de Planificación se acercaron a la imagen de la Virgen. A los pies de la estatua de unos 80 centímetros colocaron el diploma, la medalla, el infaltable sable de almiranta y una caja con correajes y demás ornamentos del cargo terrenal. Los impecables uniformes azules de gala de los marinos y el caqui del prefecto retornaron a los bancos para que Pedro Candia, a cargo del acéfalo obispado castrense, empezara a oficiar la misa. Stella Maris había quedado cargada de honores a la derecha del altar.

Religión –católica se entiende– y milicia tienen una larga tradición, pero el gesto de Godoy aparece, al menos, anacrónico. Mario Wainfeld, en una nota publicada en Páginai12 en 2005, consignó una muestra de esos lazos históricos: “El gobierno nacional paga, valga la expresión, religiosamente el sueldo de la Virgen de Luján nominada por el creador de la bandera como Generala del Ejército. La imbricación entre la Iglesia Católica y el Estado nacional alcanza niveles que no suelen tener parangón en el mundo. El salario de la Virgen, quizás el único mandato de Manuel Belgrano que los gobiernos argentinos honran en su totalidad, es todo un ejemplo”. Pasaron casi dos siglos y el viernes, Godoy, un hombre al que no lo suelen ver comulgar, intentó equiparar al Ejército y le otorgó a la Virgen el máximo grado de su fuerza. De la pensión, se abstuvo.

A raíz del escándalo por el cruce del entonces arzobispo castrense, Antonio Baseotto y el ex ministro de Salud Ginés González García por la despenalización del aborto, el Gobierno le quitó el sueldo a Baseotto y lo desconoció como tal. El Vaticano lo mantuvo dos años más. Baseotto envió su carta de renuncia al papa Benedicto XVI recién en marzo del 2007, anunciando que el 4 de abril cumplía 75 años, la edad prevista para su retiro. Hasta ahora, lo reemplaza Candia, quien poco después del levantamiento carapintada de Semana Santa se retiró como teniente del Ejército para entregarse a su vocación religiosa. En ese carácter ofició la ceremonia en la que luego se condecoró a la Virgen en la catedral Stella Maris, sede del arzobispado castrense.

En la Rosada no decidieron todavía qué hacer con esa jurisdicción eclesiástica: algunos promueven la eliminación del obispado castrense, el más grande del país, porque tiene sedes en todo el territorio. Mientras tanto, se han tomado medidas para depurar los pensamientos más anquilosados y se pasó a retiro a los capellanes que arrastraban varias dictaduras en su haber. También se decidió que los nuevos capellanes no tengan grado militar, sino que sean los obispados de cada jurisdicción los que los cedan en función de las necesidades castrenses.

En forma paralela, desde la cartera de Defensa se modificaron todos los reglamentos que estipulaban que la religión católica era prácticamente una condición sine qua non para “servir a la patria”. Entre las modificaciones que evalúan la Secretaría de Culto y Defensa está la posibilidad de incorporar pastores de los distintos credos para asistir a las Fuerzas Armadas. Esa es una modalidad que tienen algunas armadas como la estadounidense. “En los portaaviones, por ejemplo, tienen altares rotatorios y viajan un cura, un rabino y un pastor”, comentó un marino. Claro que la tripulación de un portaaviones está integrada por 2500 oficiales y más de 4000 suboficiales. En el caso de la Argentina, toda la Armada tiene esa cantidad de oficiales.

La imagen de Stella Maris está entronizada en las embarcaciones de guerra, de la Prefectura y de la marina mercante. Los atributos de almiranta no tendrán, por ahora, reflejo en su figura. Quizás el almirante Godoy espere que los buenos oficios de la Virgen lo acompañen el próximo 17 de septiembre: ese día tendrá que prestar declaración indagatoria en la causa por espionaje en la Base Almirante Zar de Trelew. Una alternativa es que, por lo menos, lo ayude a conseguir una nueva postergación. En base a dilaciones podría evitar ser interrogado por el juez Hugo Sastre mientras se desempeña como jefe de la Armada.

“Nadie podrá señalarnos mejor el rumbo en la inmensidad del mar que nuestra excelsa y misericordiosa Virgen Stella Maris, asegurándonos el éxito en los acontecimientos que ciñen nuestro derrotero”, se lee en el decreto de Justo. A Godoy, sin embargo, lo preocupa más su derrotero en tierra firme.

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La sede de la catedral Stella Maris en Retiro.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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