EL PAíS › EL CARDENAL JORGE BERGOGLIO HABLO SOBRE EL CONFLICTO DOCENTE

El diablo metió la cola

El arzobispo porteño dijo que “los chicos son hoy rehenes de las confusiones de los mayores”. Y pidió a los maestros que “no se sumen a la lista de aquellos que aumentan día a día la confusión”. No hizo referencia a la gestión macrista.

 Por Santiago Rodríguez

El cardenal Jorge Bergoglio terció ayer en el conflicto que enfrenta a los maestros porteños con el jefe de Gobierno, Mauricio Macri. “Los chicos son hoy rehenes de las confusiones de los mayores”, señaló el arzobispo de Buenos Aires y pidió a los docentes que “no se sumen a la lista de aquellos que aumentan día a día la confusión”. Bergoglio, en cambio, no tuvo ningún consejo para la administración macrista, que insiste en que no tiene plata para incrementar los salarios de la docencia y se resiste a utilizar las facultades que la Legislatura le otorgó para reasignar partidas presupuestarias y así normalizar la situación en las escuelas.

Las declaraciones de Bergoglio con respecto al conflicto docente porteño se suman al pedido de diálogo que la misma Iglesia Católica hizo días atrás. En esa oportunidad, sin embargo, no se marcaron diferencias entre autoridades y maestros sino que la intervención eclesiástica se limitó a una exhortación a ambos sectores a encontrar una solución.

Esta vez Bergoglio tuvo palabras puntuales para los docentes: les reconoció su derecho a reclamar por un salario justo, pero les sugirió que “no se sumen a la lista de aquellos que aumentan día a día la confusión”. Nada dijo en particular del gobierno conducido por Macri.

El prelado fijó su posición durante la charla que ofreció en el Colegio Manuel Belgrano para dejar inaugurado un foro de formación docente organizado por la Vicaría para la Educación del Arzobispado de Buenos Aires. De ese encuentro participaron unos 3500 docentes de escuelas secundarias privadas y públicas de la ciudad.

“Los chicos son hoy rehenes de las confusiones de los mayores. Mayores que tienen sus propias confusiones y hacen confundir a las instituciones, sumado a padres ausentes y a medios de comunicación que convocan al escándalo”, aseveró Bergoglio y prosiguió: “Nuestros alumnos son rehenes de los conflictos familiares, sociales, políticos y gremiales. Esto pasa aquí, en nuestra ciudad y en nuestro país”. En ese marco, el arzobispo porteño añadió que “no sólo son rehenes sino también cautivos de las contradicciones del mundo adulto, son rehenes cautivos y desterrados de la calidez de la contención y el cariño”, y advirtió que “piden a gritos una patria existencial; es decir pertenecer, piden armonía, equilibrio interior”.

Bergoglio no es un observador más del conflicto salarial docente planteado en la ciudad. La mitad de las escuelas porteñas son privadas. Los colegios confesionales son mayoría entre los privados y se llevan la mayor parte de los casi 600 millones de pesos que el gobierno macrista destina a subsidiar a ese sector de la educación. Mientras Macri argumenta no tener recursos para aumentarles a los maestros, recorta becas y suspende la entrega de útiles a quienes los necesitan, los subsidios a los privados no sufren modificación alguna, a pesar de que su distribución está viciada de situaciones de privilegio que se vienen arrastrando desde hace años.

El área de educación siempre ha desvelado a la Iglesia Católica. Su buena relación con Macri y en particular con la vicejefa de Gobierno, Gabriela Michetti, le permitió a Bergoglio poner a Enrique Adolfo Palmeyro al frente de la Dirección General de Educación de Gestión Privada de la ciudad. Quienes conocen el sistema educativo explican que “es como si Juan Torella estuviera a cargo”. Torella está al frente de la Vicaría para la Educación del Arzobispado porteño, justamente el que organizó el foro de formación docente en el que Bergoglio se refirió al conflicto.

Palmeyro es profesor de Teología egresado de la Universidad Católica Argentina, licenciado en Psicopedagogía en el Consejo Superior de Educación Católica (Consudec) y ex seminarista. Gestiona y controla desde el Estado los subsidios a las escuelas privadas y no sólo eso: también tiene en sus manos la supervisión de los contenidos que se imparten en el subsistema privado, que para la administración macrista parece actuar como un ariete del conflicto.

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