EL PAíS › ALBERTO PICCININI, A 35 AñOS DEL VILLAZO QUE ESTALLó EN SANTA FE

“Esta crisis es parte del modelo”

El dirigente metalúrgico recuerda la lucha de la UOM y otros gremios en Villa Constitución, entre 1974 y 1975, y recupera aquellos reclamos por la libertad sindical en el contexto de la actual crisis del capitalismo.

 Por Adrián Figueroa Díaz

Hubo un día en que obreros metalúrgicos se le pararon de mano a Lorenzo Miguel, se organizaron frente a José López Rega y que gremios de toda una ciudad le hicieron un paro a Juan Domingo Perón. Pasó en la ciudad santafesina de Villa Constitución en marzo de 1974, en lo que la historia recuerda como “El Villazo”. Un año después, un 20 de marzo, el gobierno de Isabel Perón tomó una represalia que fue combatida con una huelga de 59 días, pero cuya represión se extendió hasta la dictadura y dejó al menos 50 asesinatos y desapariciones. Hubo una figura que sobresalió, la de Alberto Piccinini, que se puso al frente de paros y movilizaciones acompañado por dirigentes históricos, como el “Gringo” Agustín Tosco y René Salamanca, los referentes del Cordobazo. “Si teníamos más conocimientos de política, capaz que no hacíamos nada por miedo. Sólo queríamos una obra social”, recuerda el dirigente santafesino. “Lo que hicimos entonces fue encerrar a gerentes en la fábrica, porque si no venía la represión y nos hacía mierda. Pero eso –dice– en la lucha de clases después se pagó.”

Hubo dos “villazos”, el de 1974 y el de 1975. El primero es el victorioso y fue producto de una intervención que la UOM de Lorenzo Miguel mantenía desde 1970 en la planta de Acindar –por entonces presidida por José Alfredo Martínez de Hoz, más tarde ministro de Economía de la dictadura– con el objeto de reemplazar la comisión interna de origen comunista, por una peronista. Durante la tercera presidencia de Perón, la jugada le costó una huelga que comenzó el 7 de marzo y culminó el 16, con dos reclamos básicos: una obra social y libertad sindical.

Con paros, asambleas, piquetes, barricadas y comisiones de lucha, los apoyaron los obreros de Maraton, hoy Tenaris-Siat, y de Metcom, la actual Paraná Metal. Luego se sumaron los portuarios, comerciantes, transportistas, aceiteros, bancarios locales y de otras ciudades, y buena parte de los villenses que el 16 participaron de una movilización de 12 mil personas y tras la cual se firmó un acta de normalización del gremio, que en noviembre le dio el triunfo a la Lista Marrón, de Piccinini.

–Le hicieron frente a Martínez de Hoz, a Lorenzo Miguel, al mismísimo Perón...

–Pero te digo que si teníamos más conocimientos de política, capaz que no hacíamos nada por miedo. No sabíamos nada. Sólo queríamos una obra social. Lo que pasó fue que había una burocracia sindical que se llevaba nuestros descuentos a Buenos Aires. Entonces empezamos a despertar.

–Y apareció Tosco.

–Cuando fuimos a verlo al Gringo nos preguntó: ¿Bueno, quién conduce? Nosotros, dijimos. No. A ver muchachos, ¿quién conduce políticamente? ¡Y estábamos todos mezclados! De los 5 mil que éramos, habrá habido 50 simpatizantes de alguna organización, pero no cuadros políticos. Entonces, se fue. Y cuando nos volvimos a ver, nos dijo: Bueno, muchachos, nosotros vamos a estar con ustedes acompañándolos. Pero les queremos avisar que no estamos de acuerdo con esto, aquello y lo otro, por tal y cual cosa. Es decir, nos enseñó. Y aprendimos a pelear.

Para entonces, Villa Constitución se instalaba junto al Cordobazo y el Rosariazo como un punto de la referencia no exclusivamente justicialista pero que simpatizaba con el peronismo de base.

El segundo “Villazo”, el de 1975, fue distinto. El 20 de marzo, ya bajo el gobierno de Isabel Perón, un operativo del que participó parte del aparato de la Triple A detuvo a unos 300 trabajadores y dirigentes con el fin de decapitar la UOM de Villa. Dejó un tendal de huelgas y movilizaciones reprimidas, detenciones y desapariciones.

Ahora, 35 años después, dirigentes de todo el país homenajearon aquel Villazo con un plenario en Villa Constitución del que participaron referentes de la CTA, como el secretario de Relaciones Institucionales, Víctor De Gennaro, Pablo Micheli, de ATE, y Carlos Chile, del MTL. Se discutieron perspectivas de organización frente a la crisis económica internacional y sobrevolaron algunos datos que dan cuenta de situación: una empresa de Villa Constitución que en 2008 fundió un promedio de 125 toneladas mensuales, en los tres meses de este año fundió 150; la compañía Acindar determinó suspensiones por 90 días y reducción de horarios a 2 mil obreros, poco más de un tercio del total de afiliados al sindicato.

Desde fines de 2008 Piccinini es secretario general la UOM Villa Constitución-CTA. Lo impulsó un grupo de jóvenes delegados que, retomando el color y las consignas de aquella Lista Marrón, desbancó a Victorio Paulón, otro “histórico”, pero que fue acusado de cometer las mismas prácticas de la burocracia sindical que combatió en los ’70.

–Volvió a la UOM-CTA empujado por delegados que practicaron lo que ustedes entonces: ser un representante gremial y no dejar el puesto de trabajo.

–Es así. Hubo divisiones con una persona que yo creí que era como un hermano. Ahora tenemos un sindicato y establecemos una relación de fuerza con las empresas.

–¿Cómo?

–Por ejemplo, en Acindar hay contratistas que hacen el mismo trabajo que los obreros de planta, pero cobran la mitad del sueldo; los gerentes no aparecen y uno podría pensar que también son dueños de la contratista... A eso lo tenemos en cuenta. Es parte de la lucha de clases. Y nosotros tenemos claro para quién jugamos.

–¿Sigue analizando lo que pasó en 1974?

–Sí, hay un montón de cosas de las que no me di cuenta y sigo aprendiendo.

–¿Por ejemplo?

–Lo que es el capitalismo. Esta crisis de ahora no es algo nuevo, viene desde hace mucho tiempo, es parte de un modelo económico que se reproduce, con diferencia de tiempo y alternancias, claro.

–Y en este contexto, ¿sigue creyendo que la vanguardia del cambio está en la clase trabajadora?

–Claro, y a pesar de todas dificultades. Eso sí, hay un montón de dirigentes que son individualistas y que en muchas ocasiones hacen su negocio. Cuántos hay que han hecho fortuna. Yo no soy como ellos. Me interesa tener mi auto, mi casa, que mis hijos estudien, como cuando trabajaba en Acindar, por supuesto. Dentro del sindicalismo hubo gente muy buena que son puntos de referencia, como el Gringo Tosco, Salamanca, (Raimundo) Ongaro. Y la sigue habiendo.

–¿Y la libertad sindical?

–Es una realidad a medias.

–¿Qué tiene que pasar para que sea completa?

–Que un compañero pregunte “a mí qué me corresponde hacer”. Hay que participar de la política porque es lo que determina la vida. Yo me empecé a meter a los 26 años y no tenía ninguna formación. No te puedo decir que soy marxista porque vengo de una formación cristiana, pero tengo algunas salpicaduras.

–¿Cree que la organización del movimiento obrero tendría que avanzar a la construcción de una herramienta política electoral?

–Sí. No sé si alcanzará, pero sí hay que participar políticamente donde se pueda. Nosotros formamos el Movimiento de Unidad Villense (un partido vecinal que salió segundo en las últimas elecciones) porque lo creímos necesario.

–A 35 años después, ¿cree que el movimiento obrero aprendió algo del Villazo?

–Hay cosas que se aprendieron. Pero hay otras cosas que tienen que ver con la lucha de clases y que siguen vigentes, sobre todo en una crisis como ésta, que dicen que va a ser peor que la de 1929.

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“Si teníamos más conocimientos de política, capaz que no hacíamos nada por miedo”, dice Piccinini.
Imagen: Gustavo Mujica
 
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