EL PAíS › PABLO PéRSICO, TRAS SU DETENCIóN POR LLEVAR MARIHUANA EN UN VEHíCULO DEL MINISTERIO DE DESARROLLO SOCIAL

“En todo este embrollo yo fui un perejil”

El hijo del dirigente del Movimiento Evita dice que se sintió “un preso político” y que pasó momentos “traumáticos”, aunque reconoce que “fue un error” haber cargado las plantas en una camioneta oficial.

 Por Martín Piqué

Tras pasar quince días preso, anteayer Pablo Pérsico recuperó finalmente su libertad. Hijo del dirigente del Movimiento Evita, Pérsico había sido detenido cuando llevaba seis plantas de marihuana en una camioneta Kangoo del Ministerio de Desarrollo Social asignada a su padre. Poco después, el juez de La Plata Guillermo Atencio decidió imputarle el delito de “transporte de drogas para su comercialización”, una carátula que no permite la excarcelación y que prevé penas de entre cuatro y diez años de cárcel. Sin embargo, luego de que el abogado de la familia Pérsico pidiera por escrito que el caso pasara al fuero federal, Atencio decidió cambiar la figura penal de la causa por la de “tentativa de encubrimiento”. Tras el cambio de carátula, ordenó la liberación del imputado.

De 28 años, padre de Victoria, una nena de dos meses, empleado de un aserradero de Villa Elisa, Pérsico salió en libertad: lo primero que vio fue a su padre, a su hermano Facundo y a su abogado Fernando Roldán, que lo esperaban del otro lado de la calle. Después de pasar la noche con su mujer y su hija, Pérsico aceptó conversar con Página/12 sobre todo lo que vivió estas semanas. “Fueron momentos muy dolorosos y traumáticos, porque caí detenido el Día de la Madre, que era el primero para mi mujer”, cuenta Pérsico apenas iniciada la entrevista.

Todo empezó el 19 de octubre, luego de que el ex cuñado de Pérsico, David Yanez, dueño de una pi-zzería, le pidiera ayuda por una pelea que había tenido con un ex empleado, quien lo había acusado por dejarlo sin trabajo. Pero en la pelea también había un trasfondo de polleras. “A mi ex cuñado un ex empleado lo había golpeado con la cadena con la que se atan las motos. Fui a ayudarlo. Además, estaba sólo con su hijo, Juan. Con mi mujer lo teníamos cada vez que los padres necesitaban que alguien lo cuidara.”

Cuando llegó al domicilio de Yanez, el dueño de casa le pidió a Pérsico que se llevara una bolsa con seis plantas de marihuana. El comerciante temía que su agresor lo hubiera denunciado ante la policía por posesión de cannabis. Pérsico aceptó y cargó la bolsa en la camioneta oficial. La Bonaerense lo detuvo a pocas cuadras. Según informó ayer el juez Atencio, la Kangoo llevaba una bolsa con “seis macetas de marihuana, un pote de Danonino con germinación, siete semillas de cannabis y un cigarrillo de marihuana”.

–¿Te arrepentís de haber usado una camioneta oficial para llevarte la marihuana?

–¿Arrepentirme del acto de solidaridad por mi familia? Fui por el nene, que es mi sobrino y al que con mi mujer tenemos como un hijo. No estoy arrepentido, porque siempre actué así. ¿Está mal? Después lo otro, el haber cargado las plantas, sí está mal. Fue un error. En un principio yo había ido por otro tema, porque (a Yanez) lo habían golpeado.

Pérsico primero fue alojado en la comisaría 4ª de La Plata. Después lo llevaron a la 3ª de El Dique, Ensenada: una comisaría especializada en imputados por causas de drogas. Ahí tuvo que convivir con 25 detenidos en una celda con muy poco espacio. “Por suerte tenían una política de buena conducta. Era gente adulta y pedían las cosas con respeto.” Acostumbrado a la lógica de la militancia, Pérsico conversó con los 25 presos. Y se encontró con situaciones injustas. Como un hombre que lleva nueve meses preso por haber sido detenido en la vía pública con 17 gramos de marihuana. “Lo detuvieron por portación de cara y sigue ahí. Mientras por la tele vimos que habían agarrado a un tipo con no sé cuántos kilos de cocaína y estuvo sólo dos días preso.” Pérsico propuso organizar la celda para pintar las paredes. Otra propuesta suya fue comprar un inodoro para el baño. Las visitas, varones o mujeres, debían usar una letrina.

Su estadía en la comisaría terminó el día en que vio su rostro en el noticiero de Telefé. El estómago se le cerró en un dolor punzante: la vieja úlcera crónica había generado una gastritis. “Me ponían públicamente como un narcotraficante, un adicto. Ese título te lo ponen los medios, pero después en la calle no te lo sacan más. Es daño psicológico, moral y social para mi familia.” Pérsico fue internado en el Hospital San Martín de La Plata. Su brazo estaba todo el tiempo esposado a la cama.

–¿Tu detención tuvo alguna motivación política?

–En un momento me sentía un preso político. Porque no habían argumentos para mantenerme preso. No sé si querían quebrarme o algo, pero gracias a la gente que me encontré en la comisaría, y también al apoyo de mi viejo, mi hermano y mi familia, pude estar siempre entero.

–¿Te cabe la figura del “perejil”, tan común en los policiales?

–En todo este embrollo yo vendría a ser un perejil, sí. Le dejé claro a la fiscal que, si querían, me hicieran cualquier estudio de drogas, sangre, rinoscopia. Le dije que no consumía nada. Incluso hice un curso como socioterapeuta en un Centro de Prevención de Adicciones.

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Pérsico cumplió 28 años mientras estaba detenido.
 
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