EL PAíS › OPINIóN

Las cosas se cuentan solas

 Por Eduardo Aliverti

Ni el procesamiento de Macri, ni el revuelo por las trabas a las importaciones ni los cambios bonaerenses en la administración de la “inseguridad” evitan que el análisis deba posarse con prioridad en los acontecimientos europeos.

Por mucho que el periodista pueda sentirse extraño al abordar un área que no es su habitualidad, lo estructural de estos días viene de afuera –dicho en el sentido de las preguntas abiertas– y eludirlo sería irresponsable desde cualquier observación política que se pretenda macro. Hay quienes ya se animan a proponer que la crisis económica mundial, desatada en el centro mismo del poder, marca un punto de inflexión en el rumbo del capitalismo. Uno no cree que sea así, pero la magnitud de los hechos en sus lugares de origen, y su diversa influencia en el resto, impone considerarlos. Cualquiera de las recientes noticias locales que se tome, por más repercusión real o magnificada que tenga, no deja de ser un episodio de pueblo chico al compararlo con lo otro. Y hay un dato curioso. Con excepción de algunos diarios y publicaciones especializados, de la obvia cobertura de las secciones internacionales, y de apuntes o notas sueltas en programas de radio y tevé, el nuevo o previsible cataclismo que sufre el bloque europeo no es especialmente atendido por la prensa argentina. Más raro todavía es que suceda eso al terminar de desnudarse la situación en España, con un ajuste monstruoso y sucedáneo del anunciado en Grecia. ¿Qué pasa? ¿Acaso no es grave lo que ocurre? ¿O será que, de tan grave, los comunicadores sistémicos no tienen manera de explicar las causas de lo sucedido si no por las recetas que recitaron como loritos desde los ‘90?

Como bien escribió Juan Gelman en la contratapa de este diario el último jueves, “se apaga el concierto de voces que proclaman la salida de la crisis (...); el sismo europeo es una fuerte réplica del epicentro que sacude a EE.UU. desde el 2008 (...) y (hasta) el FMI subraya que las medidas adoptadas para salvar a Grecia son apenas calmantes de una enfermedad más grave. Pero no explica en qué consiste el mal. Sólo propone la ‘cura’ (de ajuste) que afecta a millones y millones de habitantes del planeta”. Por acá también ocurre lo del apagón neoliberal; aunque no del todo, si se atiende a que lo leído y escuchado persiste en la cantinela de siempre. Sólo que bajo el disfraz de una “ortodoxia” menos declamada, para decirlo en sus términos. Hablan, por ejemplo, de que en España ya se había producido el ajuste del sector privado y que faltaba el del estatal. Caramba: no teníamos noticias de que el primero se había apretado el cinturón. ¿Cuándo fue? ¿Cuando la desocupación llegó al 20 por ciento, con alrededor de un tercio de españoles sin trabajo que son familias completas? ¿Habrá sido en otro momento, del que tampoco nos enteramos, cuando el subibaja de la Bolsa frente a los avatares de si habría o no un plan de rescate? Si es por eso, conviene atender las declaraciones de la primera secretaria del Partido Socialista francés, Martine Aubry, quien no es precisamente una revolucionaria trotskista. Confesó lo siguiente, tras el fin de semana de las negociaciones en Bruselas: “No era un espectáculo agradable ése, el de ver al grupo de dirigentes europeos encerrados un domingo por la tarde para cerrar un pacto antes de que abriera la Bolsa. Era un poco la caricatura del sistema financiero-liberal. Da la impresión de que para salvar a los pueblos, como en el caso griego, nadie es capaz de ponerse de acuerdo. Pero cuando peligran las bolsas y los mercados, sí. Por eso, el plan de rescate de Grecia ha sido tardío, hecho con muchas dudas; y su tardanza ha hecho que las dudas vayan ahora a instalarse en Portugal y España”. No parece que la palabra “dudas” sea la más adecuada, igualmente. El gobierno español, al que sólo podría rotularse de “socialista” en materia de libertades civiles y por su confrontación contra la Iglesia Católica, ha dudado más bien poco, a la hora de los bifes, en desatar la cacería de trabajadores más grande del posfranquismo. Y el de Portugal, otro “socialista”, acordó con la derecha subir el IVA para aplacar el déficit fiscal. ¿Quiénes pagan la crisis?

Tal vez se trate de que hubo un fuerte ajuste en la suba de los presupuestos militares, que en verdad lo vertebran las empresas privadas del sector, y del que tampoco se supo nada. En este aspecto vale asentar lo señalado en el prólogo de “La crisis económica global”, un documento publicado en Montreal este año en el que 16 especialistas exploran sus causas y consecuencias, y también citado por Gelman: “Basta echar un vistazo a la escalada (bélica) en el Medio Oriente y Asia central, así como a las amenazas de EE.UU. y de la OTAN dirigidas a China, Irán y Rusia, para percibir hasta qué punto la guerra y la economía están íntimamente vinculadas”. ¿Alguien imagina a algún “consultor” de estas pampas, de ésos a los que se presta espacio en los medios del establishment, blandiendo argumentos de esta naturaleza siquiera para refutarlos? No se trata de analfabetismo teórico-político, entendámonos. Viven de hacerles ganar más plata a los ricos y opinan exclusivamente en función de eso. El periodismo independiente les permite letra sin más ni más. Ahí se complica, no porque a esta altura pueda quedar alguien, en la profesión, capaz de proclamarse militante de esa tal independencia. Es, simplemente, que deberían tener un poco más de vergüenza.

¿Estamos acaso ante una fase terminal del capitalismo según supo conocérselo, y visto que todo empezó con lo conocido como “valorización financiera del capital” (esto es: la plata hace la plata sin importar si detrás tiene productos tangibles)? No, en opinión del firmante, por aquello de que el único límite al ajuste es la reacción de los ajustados. El sistema avanzará tanto como los oprimidos se lo permitan. Tiene una crisis de las que se llaman “cíclicas”, y aun cuando no fuera así debe pensarse en la capacidad de la contra-reacción para superarla. Los estadounidenses, y ahora los europeos descubrieron que no están en el mejor en los mundos. Los suramericanos –porque mentar a Latinoamérica toda es más complejo– mostramos rasgos, parciales, de habernos dado cuenta de a dónde conducen los cantos de sirena neoliberales. Es una presunción que corresponde tensar, pero por lo menos marcha. A los tumbos, pero marcha.

Como noticia renovada, esa percepción excede largamente al dato de Macri procesado. Y a si el gobierno argentino incurrió en una tontería enorme al trabar importaciones, provocando ruido donde no lo había (otra información curiosa, porque los embajadores que fueron al Congreso hablaron de trabas “posibles” y los industriales alimentarios también se expresaron en potencial). Y sobrepasa asimismo al experimento de Scioli, que desde Duhalde en adelante es el quinto para ver si cambiando nombres y funciones se pone en caja al delito urbano (¿o a la Bonaerense?). A veces hay que salirse de la aldea y echar un vistazo en unos alrededores donde las cosas están peor.

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