EL PAíS › MACRI RECORRE EL INTERIOR COMO CANDIDATO Y UTILIZA LAS FILIALES DEL CLUB

De campaña en las peñas boquenses

El jefe de Gobierno porteño se apoya en la estructura montada por socios de Boca para instalar su posible candidatura nacional. El mes pasado se mostró en Basavilbaso con Raúl Ríos, el ex funcionario que él mismo echó por el derrumbe de un gimnasio en Villa Urquiza.

 Por Gustavo Veiga

La camiseta de Boca tira, Mauricio Macri lo sabe y apela a una vieja triquiñuela proselitista. Mitad jefe de Gobierno, mitad ex presidente del club con el que ganó 16 títulos, recorre el interior como candidato y se vale de las peñas boquenses para hacer campaña. En Basavilbaso, una ciudad entrerriana de 10 mil habitantes, eligió el día más peronista de todos – el 17 de octubre– para hablar de política. Uno de sus anfitriones fue Raúl Oscar Ríos, el funcionario que estaba al frente de la Agencia Gubernamental de Control porteña –y que él despidió– cuando se produjo el derrumbe de un gimnasio en Villa Urquiza que provocó tres muertes en agosto pasado. Durante la conferencia de prensa en que se prodigaron elogios, el líder del PRO sugirió que su ex colaborador aspira a ser intendente de aquella localidad. “Prepárense”, dijo, mientras escuchaba palabras que sonaron muy dulces a sus oídos por parte de Ríos: “Asistí a la transformación que logró en Boca y no tengo dudas de que lo hará en el país si llega a la Presidencia de la Nación”.

El jefe de Gobierno porteño conoce muy bien el rédito que pueden deparar las audiencias masivas con hinchas de Boca. Lo experimentó durante los doce años que presidió el club. En cada uno de sus viajes, se mimetizaba con los jugadores estrella que lo acompañaban a las peñas, obligados por una cláusula de sus contratos. En marzo de 1999, Macri también soportó alguna zozobra por asistir a esos encuentros. Quedó involucrado en una crónica policial, cuando regresaba de la ciudad de Chacabuco. El Peugeot 406 que ocupaba junto a Martín Palermo, Diego Cagna y su chofer, atropelló a dos jóvenes que iban en bicicleta. Una de ellas murió. Pese a todo, consiguió ampliar de 60 a 114 las peñas que había a fines de los ’90. Hoy, según la página oficial del club, superan con holgura las 200. Jorge Amor Ameal, el actual presidente, ganó la última elección interna apoyándose en ellas. Lo que no se sabe es si le cayó mal la aparición de Macri en su patio trasero. Podría inferirse que sí, porque para las elecciones de 2011 el ingeniero ya bendijo a un candidato que no es Ameal.

En su excursión a Basavilbaso, el pago chico de Ríos, a Macri lo acompañaron su prometida, Juliana Awada, el ex jugador de Boca Alfredo “Tanque” Rojas y el ex tesorero del club Daniel Angelici, enfrentado con el máximo dirigente boquense. Se trata del hombre que el jefe de Gobierno respalda como futuro candidato a la presidencia del club. Con él comparte también la misma agrupación política, Dale Boca, de la cual le transfirió el mando.

La crónica de un medio local describió que “la visita de Macri fue un imán para convocar a más de medio millar de comensales que disfrutaron del menú y de los shows artísticos, sorteos y entretenimientos preparados para la ocasión”. La ocasión le resultó propicia al líder del PRO para fustigar a las autoridades del club y también aprovechó el momento para despacharse con uno de sus clásicos vaticinios políticos, diez días antes de que falleciera el ex presidente de la Nación: “No me veo con cuatro años más de los Kirchner”, aseguró. El lugar que escogió para la conferencia de prensa que brindó en Basavilbaso fue la sede de su agrupación, Dale Boca. Una prueba de cómo la política y el fútbol pueden convivir en un mismo escenario.

Ríos, su alter ego entrerriano, dijo sentirse “conmovido” por la presencia de Macri en su terruño y de paso hizo proselitismo: “El PRO es una fuerza que crece sin parar”. Subordinado a su jefe político, se había evaporado de la ciudad que supuestamente controlaba desde la Agencia Gubernamental porteña. Cuando se cayó la endeble construcción sobre el gimnasio de Villa Urquiza, él prefirió asistir a una votación en la comisión directiva de Boca –aún continúa siendo vocal titular– para oponerse a la renovación del contrato de Juan Román Riquelme. Lo curioso es que lo hizo mandatado por su jefe, el mismo que luego lo despidió del gobierno. Ríos perdió en los dos lados: el jugador-ídolo permaneció en el plantel y él perdió su trabajo como funcionario. Su escandalosa actitud provocó que lo eyectaran del cargo hasta que reapareció el 17 de octubre, reciclado en su último acto. El descontrol que Macri había juzgado como “inaceptable” en agosto, lo trocó por un condescendiente “Oscar (a Ríos lo llaman por su segundo nombre) me viene hablando de Basavilbaso hace ocho años y hoy tengo la suerte de estar aquí, es una alegría”. Algo así como “soldado que huye sirve para otra guerra”.

De la crónica de su paso por Entre Ríos quedan algunas perlas en el collar. Comparó a su gobierno con el de Sebastián Piñera en Chile y se volvió a quejar del ex presidente: “La gente no es tonta, todos saben que lo que ocurre con el tema de las escuchas es armado por Néstor Kirchner, está todo el día viendo cómo agredir, dañar al que pueda disputar el poder”. Varios vecinos hicieron notar su rechazo a la visita que hizo a la capital del riel. “Lo único que vino a hacer Macri a Basavilbaso fue a comer asado de arriba, a presentar en sociedad a la nueva novia, no le cree nadie... además, con el proceso que tiene, ¡no sé cómo le da la cara para candidatearse a presidente!”, escribió un oyente en la página web de una radio de Ba-sso, como dicen afectuosamente los lugareños.

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El líder del PRO criticó a las autoridades de Boca y al gobierno nacional.
Imagen: EFE
 
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