EL PAIS › EL AFFAIRE LULIPOP Y LA IMAGEN DE REDRADO

¿A favor o en contra?

El ex presidente del Banco Central, en medio de una guerra de vedettes. Las consecuencias de una relación de alto perfil que termina mal para un candidato en campaña. Interés, deseo, familia y conveniencia electoral. La opinión de consultores, publicistas y sociólogos.

 Por Victoria Ginzberg

Ser el centro de atención de las revistas del corazón y ser mencionado sin descanso en la televisión y en las redes sociales parecería ser el sueño dorado de cualquier político en campaña. Pero también puede convertirse en una pesadilla. “Una persona perversa, me desilusionó como hombre y ser humano”, describió la vedette Luciana Salazar al ex presidente del Banco Central Martín Redrado. Fue el fin de un romance nunca del todo confirmado pero suficientemente publicitado. ¿Sacó rédito político el economista del escándalo? ¿Buscó una relación mediática y no le salió como esperaba? Sociólogos, encuestadores y consultores analizan el fenómeno Lulipop y aunque no tienen una respuesta unánime, el affaire dispara debates sobre el amor, la familia, el deseo y el interés en tiempos de campaña.

“En las campañas electorales, siempre suele funcionar mejor que el amor funcione a que no funcione, como principio general. El gran ejemplo fue el matrimonio Kennedy hace medio siglo, que jugó un rol importante para el triunfo del entonces candidato demócrata en 1960. Suele dar más resultado el enamoramiento, el embarazo y la familia que lo contrario, aunque, como en todo, siempre puede haber excepciones”, sostiene Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría. El sociólogo e investigador de Flacso Alberto Quevedo cree que el elector argentino –aunque no es lo mismo el NOA que la Capital Federal– no es puritano y que la imagen familiar no es determinante para una carrera política. Como ejemplo, está Carlos Menem que, aunque para la campaña de 1989 buscó conservar la estampa familiar, luego desalojó a su mujer de la residencia presidencial e hizo gala de su perfil de mujeriego y supuesto conquistador de jóvenes atractivas. En el otro ángulo, para ilustrar la opinión de Fraga, está el reciente casamiento de Mauricio Macri, un candidato que parece querer cumplir con todo lo que el manual tradicional impone. “En el caso de Macri el romance con Awada lo ha favorecido, si hay conflicto entre familia y amor, seguramente el efecto se dividirá en partes iguales, aunque esto es sólo una hipótesis”, agrega el director de Nueva Mayoría. A pesar de que Quevedo discrepa sobre la pacatería de los votantes, tampoco cree que la relación con Salazar haya sido un buen negocio político para Redrado: “Si esto fue deseo, si él se apasionó, la historia de la humanidad está llena de situaciones como ésa, si fue una estrategia le salió muy mal porque se conoció más el romance por la guerra de las plumas que por el glamour, le faltó la parte de conquista, de gloria”.

Los dimes y diretes sobre la relación entre el ex presidente del Banco Central y la vedette empezaron a mediados del año pasado. El no lo admitía, pero ella lo dio a entender por Twitter y hasta jugó con el nombre del libro (Sin Reservas) que Redrado escribió cuando, luego de negarse a girar la plata del Central para el pago de la deuda, se convirtió en ex funcionario. Caras, Gente y Noticias se ocuparon de la cobertura del romance mientras el economista era promocionado por el Peronismo Federal como posible candidato a la Jefatura de Gobierno porteño o para compartir una fórmula PRO. En las revistas, ella salía con poca ropa y de él se destacaba su posgrado en Harvard y siempre se mencionaba su libro. Pero llegó la ruptura y una carta en la que Salazar no escatimó calificativos poco felices para una campaña electoral: “estúpido en lo emocional”, “imbécil en lo moral”, “cobarde”, “perverso”, “mentiroso”. El miércoles pasado, a menos de una semana del escándalo, Caras volvió a mostrar un Redrado sonriente y anunció “una nueva conquista”, esta vez una “economista fashion”, aunque según otros medios la muchacha en cuestión no es modelo.

A pesar de la descripción de Redrado que dejó el romance fallido, Fernando Braga Menéndez, consultor y publicista cercano al oficialismo, cree que el ex presidente del Banco Central salió favorecido: “El factor conocimiento en una campaña política es muy importante. La gente quiere votar a personas que conoce. A Daniel Scioli, por ejemplo, la gente lo conoce como a un pariente, a un amigo, sabe que el padre tuvo un negocio de artículos para el hogar, sabe de su relación con Karina Rabolini, que reconoció a una hija, que corría en lancha y que tuvo un accidente. En ese sentido a alguien con buena imagen, como Scioli, un escándalo frívolo o farandulesco lo perjudicaría, pero Redrado tiene todo para ganar. Obviamente, no acumula muchos puntos porque es algo muy frívolo, pero en el balance le conviene”.

Braga Menéndez cree que había “algún interés espurio” detrás de una relación que podía ser conveniente para las dos partes. “El había perdido protagonismo y justo cae con una chica que está en los escándalos. Es probable que hoy en día sea más admirado y envidiado una persona que está con la farándula, que sale de noche, que un señor que los fines de semana hace el asado para la familia. Y a ella mal no le venía sentirse cerca de un golden boy, que escribe libros, que está en el mundo de las finanzas y que fue presidente del Banco Central.”

“Para un político en campaña es importante ser conocido, pero no de cualquier modo. Una persona se puede hacer famoso bajándose los pantalones en el Obelisco y no gana nada”, señala Doris Capurro. La presidenta de la Consultora Capurro es tajante y lo refrenda con números. Según una medición de Ibarómetro terminada el miércoles pasado, en la ciudad de Buenos Aires, Redrado tiene un 52,3 por ciento de imagen negativa y sólo un 27,7 por ciento positiva. El año pasado, las cifras eran inversas: el economista sumaba un 22,1 por ciento de imagen negativa y un 54,4 de positiva. “Creo que a su frivolidad manifestada en el romance transformado en escándalo, se le suma el impacto negativo del final de su mandato, en el que se atrincheró en el Banco Central para impedir que el Gobierno pague deuda externa con reservas. Esa medida y todo el encare del gobierno nacional en la negociación del pago de la deuda cuenta con un importante aval de la ciudadanía”, asegura Capurro. Para ella, el romance no le aportaba mucho al economista cobijado por Eduardo Duhalde –“más allá de alguna manifestación machista sobre la conquista de esa mujer”– así que la ruptura mediática, mucho menos: “Los políticos posicionados resisten escándalos. Es el caso de Bill Clinton y Silvio Berlusconi. Pero ningún político se puede posicionar positivamente por un escándalo”.

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