EL PAíS › SE APARTO DE LA CAUSA EN LA QUE LE TOCABA INVESTIGAR POR AMENAZAS A GUILLERMO MORENO

El juez Oyarbide se hizo a un lado

Atribuyó su decisión a la “violencia moral” que le provocó el cacerolazo que realizaron en la puerta de su casa. El caso pasó, por sorteo, a manos de Daniel Rafecas, quien debe definir si la excusación de su colega es válida. Si la rechaza, resuelve la Cámara.

El juez federal Norberto Oyarbide se apartó de la causa en la que le tocaba investigar por amenazas al secretario de Comercio, Guillermo Moreno, escudándose en la “violencia moral” que le produjo el cacerolazo de protesta que le hicieron el martes a la noche en la puerta de su casa. También lo hizo, dijo, por la garantía del “juez imparcial”. Pero todavía no está todo dicho. La pregunta cantada que sobrevuela es: ¿con una manifestación se puede desplazar al juez de una causa? Y a la vez, ¿es razón suficiente para que el magistrado se inhiba? En el caso de Oyarbide, tendrá que definirlo su colega Daniel Rafecas, a quien le tocó finalmente el expediente. Si rechaza la excusación, el intríngulis pasará a la Cámara Federal, que tendrá la última palabra.

El cacerolazo frente a la casa de Oyarbide, en Recoleta, fue protagonizado por un pequeño grupo de personas que llevaban carteles y entonaban cantitos exigiendo “justicia”. El disparador había sido el hecho de que al juez le tocó instruir una nueva investigación contra Moreno a partir de una denuncia en su contra que presentó la despachante de Aduana Paula de Conto por “abuso de autoridad, violencia de género y amenazas”. La mujer refirió haber recibido llamados intimidatorios de Moreno quien, según su versión, le cuestionaba su trabajo para una firma brasileña, que según él es una empresa fantasma. La protesta quedó asociada también a otras causas que le ha tocado tramitar a Oyarbide y que afectan o rozan a funcionarios del gobierno nacional.

Moreno tiene muchas causas en los tribunales federales, al menos una decena, y varias de ellas son derivaciones de su actuación en las asambleas de directivos de Papel Prensa. Esto explica que se haya generado una pelotera entre distintos jueces que se van pasando las causas unos a otros por la supuesta conexidad.

La denuncia de la despachante de Aduana es la primera que le toca a Oyarbide directamente, informa Alejandro Rúa, abogado del secretario de Comercio, para aclarar que “no tiene preferencias por ningún juez”. Ahora Moreno tiene causas desparramadas por todos los juzgados federales porteños, pero ningún procesamiento. Una de las últimas presentaciones penales fue de la titular de Adecua, Sandra González, quien dijo que Moreno la obligó a retirarse de una reunión.

“La causa ya no es más mía. Me aparté por la violencia moral y por la garantía del juez imparcial”, informó ayer Oyarbide a los periodistas que lo esperaban a la mañana al salir de su casa. Del Conto señaló el apartamiento del juez como un triunfo: “Es una muestra de que cuando nos unimos, se puede”.

La causa, por sorteo de la Cámara Federal, pasó al juzgado de Rafecas, quien, de todos modos, debería expedirse sobre la decisión de Oyarbide de correrse. Tiene que evaluar si hay o no razones que lo justifiquen. “No es un buen síntoma que la gente sepa que si junta veinte personas saca al juez que no le gusta”, advierte Rúa. La frase, palabras más palabras menos, sonó mucho ayer en Tribunales. Si Rafecas acepta asumir la causa, es posible que intervenga la fiscalía de Carlos Rívolo, con lo cual se repetiría la dupla del caso Ciccone. Si rechaza la decisión de Oyarbide, definirá la Cámara Federal.

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Oyarbide se excusó luego del cacerolazo que un pequeño grupo de personas hizo frente a su casa.
Imagen: Télam
 
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