EL PAíS › PRESENTACION DE LOS PERITOS BALISTICOS EN EL JUICIO POR EL CRIMEN DE MARIANO FERREYRA

Un disparo con intención de matar

De acuerdo con la evidencia que expusieron los peritos ayer, la bala que mató a Ferreyra pudo haber rebotado en el piso. Aseguraron que el proyectil que hirió a Elsa Rodríguez partió del mismo revólver.

 Por Ailín Bullentini

La hipótesis de que la persona que disparó la bala que mató al militante del Partido Obrero tuvo efectivamente intención de lastimar quedó más firme ayer. Así sucedió luego de los testimonios de los peritos balísticos que restaban declarar –tras una semana dedicada sólo a esta clase de testigos calificados– y los médicos forenses que actuaron en la causa por la muerte de Ferreyra y las heridas que sufrieron sus compañeros Elsa Rodríguez, Ariel Pintos y Nelson Aguirre durante la persecución que manifestantes de partidos de izquierda y trabajadores tercerizados de la ex línea Roca de trenes sufrieron el 20 de octubre de 2010 de parte de una patota del gremio Unión Ferroviaria, integrada por delegados y personas ajenas al transporte.

“Lesiones abdominotoráxicas provocadas por lesión de arma de fuego. Hemorragia interna”, expresó escueto y formal el médico forense que realizó la autopsia de Ferreyra, Oscar Losetti, cuando la querella de la mamá de la víctima lo consultó por la causa de su muerte. Luego, especificó de manera extremadamente gráfica –con indicaciones sobre su propio cuerpo y todo– que la bala que mató al militante lo penetró por la “la base de su semitórax a la altura del octavo arco costal derecho y fue en ascenso. Le dio al pericardio y le dio profundamente al pulmón izquierdo, donde quedó anidada”. De allí él la sacó.

Luego, Losetti alejó al militante del tirador y abonó la teoría del roce contra el suelo debido a la descripción que realizó del “halo de contusión” que presentó el orificio de ingreso de la bala en el cuerpo de Ferreyra. El halo de contusión es, palabras más, palabra menos, una señal parecida a un raspón, una rasgadura, que el proyectil deja en la piel al penetrarla con la que cuentan los peritos forenses para analizar desde qué dirección provino el disparo. “En un disparo a 90 grados, es decir en línea recta entre el que aprieta el gatillo y el cuerpo, el orificio de entrada no presentaría halo de contusión. En el caso de Ferreyra, presentó un ángulo de incidencia aguda, con escoriatura excéntrica de entre 2 y 12 milímetros.” Es decir, como mucho, poco más de un centímetro de raspón, algo que de ninguna manera podría servir para inferir que quien disparó el arma lo hizo hacia el piso en un ángulo lo suficientemente abierto para que la bala rebotara ampliamente.

A su turno, el perito balístico de Gendarmería Mario Rojas aseguró, de la misma manera que lo hizo en el informe que presentó al momento de la instrucción, que “si se toma en cuenta la hipótesis balística del rebote –esto quiere decir, acorde al análisis de microscopia electrónica de barrido que detectó en uno de los perfiles del proyectil restos de sílice, que esa bala rebotó antes de penetrar en el cuerpo del militante del PO con una superficie con arena o de adoquín– la bala que mató a Ferreyra debería haber tocado el suelo. Es que la bala tiene una trayectoria ascendente en el cuerpo de la víctima y no queda otra”.

Ahora bien, para que la bala rebotara contra el suelo, el tirador ¿tuvo que haber apuntado efectivamente hacia abajo? Rojas aportó un dato revelador en este sentido. Revelador por lo sorprendente en cuanto a que permite responder con un “no” al interrogante: el “efecto dedazo”. Según el perito, es “cuando por nerviosismo o inexperiencia, el tirador aplica demasiada fuerza al gatillo lo que provoca una desviación en la boca de fuego que tiende a bajar”. Lo aportado por Rojas ayer fortifica lo afirmado por la perito de parte Silvia Buffarini, aportada por la querella del Centro de Estudios Legales y Sociales, que ampara a la madre de Ferreyra. La mujer remarcó que la marca que exhibe el proyectil extraído del cuerpo del militante de izquierda responde a un “roce tangencial” e hizo hincapié en que el trabajo pericial balístico tuvo en cuenta los testimonios presenciales de la instrucción, los que llevaron a “conclusiones convincentes”.

Por último, Rojas aseguró que el proyectil que hirió a Rodríguez y el que mató a Ferreyra fueron disparados con el mismo revólver y salió airoso de la defensa, a la que debió someter su trabajo cuando la abogada del acusado de, curiosamente, disparar el arma homicida, Cristian Favale, María Florencia Hegglin, insistió en fallos en la comparación de las balas.

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Los peritos complicaron a la patota de la Unión Ferroviaria.
Imagen: Rafael Yohai
 
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