EL PAíS › JULIO SANTUCHO Y LA RECUPERACION DE LOS RESTOS DE SU SOBRINA, MARIA DEL VALLE

“Era una militante de hierro”

María del Valle Santucho será homenajeada hoy en Santiago del Estero, donde se llevaron sus restos, que fueron recuperados. La mujer fue secuestrada en diciembre de 1975.

Una foto familiar de 1966. En el centro, Julio con sus padres. La primera a la derecha es María del Valle.

Tuvieron que pasar 38 años para que los restos de María del Valle Santucho, sobrina del líder del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), regresaran a su Santiago natal. Hoy, día en que Coty –como la conocían sus compañeros de militancia– cumpliría 64 años, será homenajeada en un acto frente a la antigua casa de la familia. La municipalidad de la ciudad inaugurará un monolito y una placa con los nombres e imágenes de los cinco hermanos Santucho desaparecidos en la última dictadura. Estarán presentes Estela Carlotto, como invitada especial, el nieto recuperado Manuel Gonçalves Granada, Benjamín Avila, director de la película Infancia clandestina, y Miguel Santucho. Página/12 entrevistó a Julio Santucho, hermano menor de Mario Roberto, director del Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos (DerHumALC) y uno de los sobrevivientes de una familia diezmada por el terrorismo de Estado.

–¿Por qué demoró tanto tiempo restituir los restos de su sobrina?

–El proceso fue complejo. Sabíamos desde hace mucho que los restos estaban en el cementerio de Avellaneda. Al poco tiempo de que mataran a Coty, la información que circuló fue que los cuerpos de las víctimas de Monte Chingolo, entre ellos el de mi sobrina, a pesar de haber sido secuestrada en los días previos al operativo, estaban enterrados allí. Durante los años de la dictadura no se pudo hacer nada para recuperarlos, pero con el inicio de la democracia la Justicia ordenó que se hicieran las excavaciones. La dificultad fundamental provino de la intervención inapropiada de una grúa en uno de los lotes, que removió los restos y los dispersó. Las dificultades de identificación y la cantidad de trabajo hicieron que no se pudiera concretar la entrega de los restos. Mi hermana Blanca, que murió en agosto del año pasado, trabajó incansablemente para conseguir que nos dieran los restos ya identificados de mi sobrina. Ella iba todas las semanas a la oficina de antropólogos forenses para pedir que se acelere la entrega.

–¿Fue un deseo de la familia trasladarla a Santiago?

–Sí, aquí hay un lugar donde están mis padres y algunos otros hermanos que murieron por alguna enfermedad y no por el terrorismo de Estado. Además se encuentran los restos del padre de Coty, Carlos Hiber, a quien también asesinaron en los ’70. La identificación de su cuerpo fue de los casos más antiguos del EAAF (Equipo Argentino de Antropología Forense). Lo mataron en Automotores Orletti el 13 de julio de 1976 y a los pocos meses lo enterraron en el sector de los NN del cementerio de San Vicente. En 1984 se realizaron las primeras excavaciones allí y ese año lo trasladaron a Santiago. En la misma bóveda se encuentran los restos de su madre, Bechia –Helvecia Castelli– que murió por una enfermedad en 2005. Nuestra idea es juntar a toda la familia.

–¿Qué significa recuperar y poder enterrar el cuerpo de su sobrina luego de 38 años?

–Para nosotros es una victoria conseguir los restos. Tuvimos dolor en el momento de su desaparición y su muerte. Hoy nos encontramos con la satisfacción de poder decir que gracias al trabajo del movimiento de derechos humanos y de los equipos científicos podemos darle una sepultura final a mi sobrina. Por otro lado, también es una satisfacción la fuerza de solidaridad de una buena parte de la sociedad y de los medios porque Coty había desaparecido en todo sentido. Ahora se sabe que era una militante política a la que secuestraron y mataron. Lo veo como un reconocimiento a su trayectoria, a su entrega y a su solidaridad.

–¿Cómo la recuerda a Coty?

–Yo le llevaba nada más que cuatro años. Nos veíamos todas las semanas porque yo vivía en Buenos Aires y ella trabajaba en el centro. En ese entonces me trataba como a un primo. No me decía tío, sino por mi nombre. Ella era una porteña típica de alma, le gustaba salir a comer y bailar. Hasta que un día se dio un vuelco en su vida, al igual que en la de todos nosotros. Alrededor de 1971 tuvo una conversación con Roby y se volvió una militante de hierro, que volvía loca a todos sus amigos y a sus parientes para que se incorporen a la militancia. Ella se abocó por completo al trabajo por los otros. Era una persona que se transformó completamente. Es importante que los jóvenes conozcan esas experiencias.

–¿Hay algún condenado por la desaparición de María?

–Su caso está incluido en las indagatorias del juicio de Monte Chingolo. Estaba prevista su participación en la toma del arsenal militar de Monte Chingolo, pero cuatro días antes la detuvieron, el 19 de diciembre de 1975. La información la tenemos a través de mi hermana Blanca. Coty días antes había abandonado un estudio que tenía en la calle Montevideo. Su madre y Blanca fueron el 23 de diciembre allí a buscar información y la portera les dijo que no volvieran más porque ya habían estado ahí los militares y con una joven en el asiento trasero envuelta en una frazada. Ellas iban con la foto de Coty. Estamos casi seguros de que ella dio esa dirección sabiendo que no había nadie, porque en cautiverio los torturaban para que dieran domicilios. Más tarde dijeron que murió en un enfrentamiento, en un tiroteo. No saben cuánto tiempo estuvo secuestrada.

–Once miembros de su familia murieron o desaparecieron en manos de la dictadura, el más famoso es su hermano Mario Roberto, hay muchas versiones sobre el destino de su cuerpo. ¿Cuál es su idea?

–(Jorge Rafael) Videla dijo en una entrevista que hicieron desa-parecer el cuerpo de Santucho porque era peligroso, iba a provocar movilizaciones. Fue deliberado como fue la de todos los cuerpos de los desaparecidos.

Yo estuve en el juicio que se hizo en San Martín. En el interrogatorio que se les hizo a Videla y a Santiago Riveros, estos genocidas mostraron su gesta moral, se tiraban la pelota uno a otro y ninguno podía reivindicar lo que habían hecho. Qué justificación moral podía tener hacer desaparecer un cuerpo. Aunque sigue la investigación no sabemos qué pasó con el cuerpo, no sabemos si estuvo en Campo de Mayo, como formulan algunas hipótesis. El predio es muy grande, no se puede excavar todo, pero también puede ser que lo hayan incinerado o tirado desde un avión. No querían que se encuentre para que los militantes pudieran rendirle tributo a sus restos.

–Según declaraciones de su hermana Blanca, el apellido Santucho fue estigmatizado por la sociedad. ¿Usted considera lo mismo?

–Yo no usaría la palabra estigmatizado. Creo que hay todavía un “complot del silencio” que llevan a cabo ciertos medios de comunicación e intelectuales con la intención de ocultar y desfigurar lo que hicieron en nuestro país la generación de los ’60 y ’70. Veo hoy en algunos medios el planteo de una versión moderna actualizada y muy culta de la teoría de los dos demonios que sostiene que la generación de los ’70 fue deformada por los guerrilleros y por los militares bajo el signo de la violencia y el sectarismo. En ese análisis no hay lugar para la ética. Son falsas esas etiquetas y esos motes. La política que siempre impulsó Mario Roberto fue la generosidad, el sacrificio, el trabajo, la relación con el pueblo, con los trabajadores. Promovió la entrega de todo lo que uno tenía, incluso la vida para el bien de los demás. Claro que tuvimos errores como organización, pero no teníamos una política sectaria ni violenta.

Entrevista: Laura Guarinoni.

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