EL PAIS › OPINION

Cada territorio es un mundo

 Por Mario Wainfeld

Ricardo Colombi retuvo la gobernación de Corrientes, la única que le queda al radicalismo, en lo que es su más baja representación desde 1983. Entre la UCR y el Frente para la Victoria (FpV) acumularon más del 95 por ciento de los votos, cifra que se repitió para la intendencia de la capital provincial, que conservó el kirchnerismo. Un ejemplo no hace tendencia, pero en esa provincia se corroboró que el sistema electoral formatea (en parte, claro) las decisiones de los votantes. Cuando hay ballottage de por medio, es frecuente que la polarización se adelante a la primera vuelta para “no rifar” el voto. En este caso, eso le hubiera pasado a quien hubiera optado por una tercera alternativa “expresiva”. El senador Eugenio “Nito” Artaza fue, digamos, víctima de esa ley de la sociología electoral.

Los boinas blancas perdieron gobernaciones en todo el siglo XXI. La sangría se acentuó dos años atrás, incluyendo dos bastiones: Catamarca y Río Negro. Con la vista en el horizonte de 2015, los correligionarios rezuman sensato optimismo. Corrientes está amarrada hasta el 2017 y varios resultados de las Primarias autorizan imaginar una perspectiva de crecimiento. Mendoza es una provincia donde suele haber alternancia y el ex vicepresidente Julio Cobos marcó mucha diferencia. En Catamarca también se colocaron en punta. Cualquier dirigente político dice que es una falta de respeto “a la gente” pensar en esas variables. Habría que ser más piadoso y realista: verbalizarlo es, en efecto, antipático. Pero nadie se priva de hacer cálculos y operaciones... y no es pecado para nada.

El mapa general muestra un incremento general de distritos gobernados por peronistas, kirchneristas o federales.

La victoria de Colombi, en un territorio tradicionalmente adverso al peronismo, tiene sin duda ingredientes de color local. La revalidación de quien gobierna es un hecho dominante que se corroboró en la mayoría de las provincias y municipalidades en 2007 y 2011. Los comicios de ese tipo durante este año son escasos, pero dan la impresión de confirmar la regla. En Bariloche el FpV retuvo la intendencia, en Corrientes ya se dijo, en Santiago del Estero el radicalismo K del gobernador Gerardo Zamora es abrumador favorito, tras golear en las Primarias Abiertas. Dos provincias entre 24 y una ciudad grande entre decenas o centenares no son una seria muestra estadística pero sí una señal llamativa. En una etapa de crecimiento y satisfacción de necesidades, el ejercicio del gobierno no es un castigo, sino una gran oportunidad de re-legitimarse y crecer. Desde hace un buen rato y hasta hoy, porque el futuro no lo tiene comprado nadie.

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Varios gobernadores peronistas están con las barbas en remojo, empeñados en mejorar su cosecha de agosto. El sanjuanino José Luis Gioja perdió por poco, pero la derrota fue dolorosa a fuer de inesperada y por la sideral diferencia con contiendas previas. Sus compañeros colegas lo vieron cabizbajo en los cónclaves que los congregaron desde entonces. “El Flaco va a repuntar –concuerdan varios de ellos–, tiene con qué.” Dos “gobernas” que salieron mucho mejor parados concuerdan en imaginar que, acaso, el hombre subestimó o “canchereó” un poco el desafío. Si se pone las pilas, profetizan, dará vuelta el score. Es difícil que incida en el conteo de las bancas, pero tiene un alto valor simbólico.

Otros mandatarios apremiados para conseguir un conteo mejor son el jujeño Eduardo Fellner (que terminó primero pero por un puñado de votos), la catamarqueña Lucía Corpacci y el riojano Luis Beder Herrera. Para todos sería un bajón repetir el escrutinio de agosto.

La posición del tucumano José Alperovich es distinta aunque no menos acuciante. No parece peligrar su primer lugar, respecto del radicalismo. El cálculo simulado de bancas sobre los guarismos de agosto le concedería tres diputados contra uno de los rivales. Pero los baqueanos locales calculan que, dado el sistema proporcional D’Hont, los correligionarios podrían empatar en bancas, dos a dos, si cambiaran su decisión poco más de 20.000 ciudadanos. Sería un sacudón para las pretensiones y la hegemonía de Alperovich, amén de una mala nueva para el oficialismo nacional, que sigue pendiente de conservar quórum propio o algo cercano en las dos Cámaras del Congreso.

El sistema político real existente es federal: cada provincia es un mundo con su historia propia, sus enclaves perucas o radichetas, sus capitales a menudo antagónicas al gobierno central.

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La mayoría de los análisis y las contadas encuestas que despuntan se inclinan a suponer que no habrá cambios copernicanos entre los resultados de agosto y octubre. El interés se afinca en los bordes, en la suma estricta de senadores y diputados, en variaciones relativas. Claro que ningún futuro está escrito del todo ni nada suple al escrutinio definitivo.

Vamos, por ejemplo, a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Tirios y troyanos concuerdan en que el PRO es el favorito para quedarse con las dos bancas de senadores por mayoría. Pero nada está sellado y esa puja es seguramente la más atractiva. Como mínimo, está la disputa por la tercera banca entre el diputado Fernando Solanas (de Unen) y el senador kirchnerista Daniel Filmus. De momento, hay un gap amplio entre la intención de voto hacia “Lilita” y la de “Pino” Solanas. Carrió trata de aupar a su cofrade de ruta en dos frentes. El más evidente es pugnar contra el gobierno nacional: hay que poner tres senadores de la oposición, propugna. Pero no se priva de “ir a más” y jugar a dos bandas: también despotrica contra el ministro macrista Diego Santilli, al que acusa de ser peronista. El cargo es irrefutable aunque tiene una falla: Solanas (más allá de sus avatares políticos) es un peronista raigal. Será portador sano, para la mirada chamánica de Carrió.

Para el FpV el principal reto es conservar la marca de Filmus, objetivo accesible si se mantiene un corte de boletas “anti Pino” en la variopinta grey de Unen. La ilusión de esta fuerza es que prime el espíritu opositor. Un dato empírico los alienta: por lo general, los ciudadanos “cortan más” en la virtualidad de los sondeos que en la urgencia del cuarto oscuro. Pero las reglas generales no son absolutas: cada compulsa es un caso diferente.

La táctica del FpV se orienta a sostener ese corte. Las encuestas en boca de urna y estudios cualitativos ulteriores diseñan la hoja de ruta (y las esperanzas) del kirchnerismo. El FpV consiguió mucho más apoyo que la media porteña entre los jóvenes. Los jubilados, en cambio, le dieron la espalda. Los estudios de la Anses comprueban que la mayoría de los jubilados que litigan contra el Estado son capitalinos y, aunque se pagan muchos juicios, queda una cantidad enorme pendiente. La deuda viene del pasado, es prekirchnerista, pero el oficialismo paga la cuenta, por lo visto.

La designación de Jorge Taiana como primer candidato a legislador local y la habilitación de una “colectora” liderada por Pablo Ferreyra fueron saludables innovaciones. No absolutas, porque el kirchnerismo se valió de colectoras en elecciones previas. Pero sí respecto de la táctica general elegida en 2013, muy emblocada en la fuerza propia y poco atenta a los resquicios que abre la legislación electoral.

Los estrategas K, cuando se ponen optimistas, teorizan que hubo votos propios o recuperables que se entretuvieron metiendo baza en la interna de Unen o en darle una manito a fuerzas de izquierda. Para ese target, especulan, las figuras de Taiana y del joven luchador social Ferreyra pueden ser atractivas.

En el caso del ex canciller hay una reparación al injusto modo en que se lo trató y que forzó su renuncia. También al trato poco atento (y tal vez poco sagaz) que se le dedicó en la urdimbre de la lista de diputados. Como sea, su presencia es un aliciente para los sectores progresistas afines al kirchnerismo y para su propia militancia. Mejorar el acumulado de agosto, traccionando “desde abajo” suena muy peliagudo. Sumar dos cuadros de valía, un militante fogueado de intachable trayectoria y un joven luchador social de nueva horneada, es un avance en cualquier caso.

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A Buenos Aires se la apoda “la provincia”, por algo es. Revertir o matizar el saldo de agosto es un objetivo arduo para el FpV. Las discusiones internas pululan aunque, con buen tino, no se socializan y se difieren hasta noviembre. Desde “el territorio” hay críticas por el modo en que funcionó la publicidad general, manejada desde la Casa Rosada. En ésta y en Olivos se intentó un relevamiento de “traiciones” municipales, que no arroja resultados rotundos aunque sí una lista breve de sospechosos.

Un conocedor del terruño le asegura al cronista que las sospechas son absurdas en la Tercera sección electoral, la del candidato Martín Insaurralde, intendente de Lomas de Zamora. La mayor parte de los intendentes son, relativamente, nuevos y forjados en la era K. Su pertenencia es cabal y, por añadidura, todos tienen enclavada una sucursal del Frente Renovador en su patria chica. La historia y el interés propio conspiran para que sigan leales. En la Primera, la del intendente Sergio Massa, es otro cantar. Es una zona proverbialmente contraria al kirchnerismo y en cierta dosis al peronismo en general... ahí hay que abrir los ojos, dice la fuente en clamoroso off the record.

La campaña vista desde los municipios se concentra en labores cotidianas: “caminar”, fatigar cuadrículas, recorrer los barrios más de una vez y de dos antes de octubre.

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Todos concuerdan en que la atención colectiva se disipa en septiembre. Las elecciones argentinas son así: alta participación e imbricación a la hora de votar y en los días previos. En plazos más largos, la población se distrae: atiende a su aventura de vivir, laburar y entretenerse los que pueden.

La clase política no conoce esos intervalos y se empeña todos los días, aun a contracorriente. Los factores de poder “ojean” el panorama y esperan ganar sin participar de lleno. “Todos” especulan con cómo moverse en el escenario preelectoral y el ulterior. Entre ellos, los Supremos moradores del cuarto piso de Tribunales, quienes tienen el expediente “Clarín contra Estado Nacional” entre manos y discurren discretamente cómo y cuándo resolverlo.

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