EL PAíS › OPINION

Estridente sonó

La propuesta de adecuación del multimedios, con sorpresas. Magnetto y Ernestina Herrera de Noble se quedan con Cablevisión y salen de Clarín. Lo que se promete, las suspicacias. El Estado como custodio contra el simulacro. Lo que ya pasó, la saga de la ley de medios. Carmen Argibay en el recuerdo.

 Por Mario Wainfeld

Los socios controlantes del Grupo Clarín redondearon la propuesta de adecuación exigida por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LdSCA). En lo sustancial, José Aranda y Lucio Pagliaro proponen quedarse con Canal 13, TN, Radio Mitre y algunas radios provinciales. Además, con el diario Clarín, no concernido por la LdSCA. O sea, aspiran a la propiedad del núcleo periodístico del actual oligopolio.

Ernestina Herrera de Noble y el actual CEO Héctor Magnetto quedarían con la mayor parte de la propiedad de Cablevisión. Se sumaría Fibertel, también ajena al dominio de la ley de medios.

Esos conjuntos eran designados como Unidad 1 y Unidad 2 en el esquema previo de división, aprobado por la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca). O sea, el mandamás y la viuda-heredera de Roberto Noble se van de Clarín. Prefieren asentar su capital adonde están la caja y el negocio económico más suculento.

El resto del patrimonio previo del conglomerado será vendido a terceros.

La Afsca deberá expedirse sobre la propuesta. Todo indica que lo hará con relativa presteza, tras mirar con lupa la “letra chica”. Los grandes trazos son consistentes con los lineamientos legales, explican varios especialistas consultados para esa nota. Lo más factible, entonces, es que el ente comandado por Martín Sabbatella apruebe el diseño más pronto que tarde. No hay fechas fijadas para las próximas reuniones de directorio pero sí motivos sobrados para que no difieran mucho en su convocatoria ni en su decisión.

Conjeturar sobre lo que sucederá en el futuro es siempre un albur. Lo que sí puede decirse, a primera vista, es que estaría por cumplirse otra etapa en el cumplimiento de la ley antitrust.

La norma tardó en hacerse paso, por las chicanas judiciales de Clarín que contaron con complicidad deplorable de algunos jueces y camaristas corpo friendly. La Corte Suprema no fue cómplice pero sí demasiado transigente con las demoras y con las abdicaciones de los magistrados. A la hora de expedirse sobre la constitucionalidad dictó el único fallo admisible, con apego a derecho. Esa sencillez legal desafiaba, empero, poderes fácticos consolidados. La Corte tuvo que tener coraje cívico para obrar como es debido. No hay paradoja sino una lectura sensata sobre las democracias reales en las que el establishment y los contrapoderes fácticos existen e inciden.

La plana mayor de Clarín se avino, recién cuando no le quedó otra, a cumplir con sus obligaciones. Eligió postergar el momento, apostó a quebrar al Gobierno: actuó solo cuando no disponía de movidas alternativas. Había sido derrotada en el Congreso, en las elecciones de 2011, en la audiencia pública y en la Corte. No llegó a este momento voluntariamente aunque, desde luego, tampoco inerme.

Un nuevo estadio se va completando, es un avance de la institucionalidad, que trasciende a la coyuntura y al actual gobierno. Los abusos de posición dominante se pueden legislar, la propiedad de los medios de comunicación no es un derecho absoluto, los monopolios u oligopolios pueden ser regulados por el Estado. Ese legado consolida el sistema político.

Es una desmentida para los apocalípticos que auguraban el final de la libertad de expresión, del canal Volver o de la señal TN. Tal vez sea una decepción para eventuales maximalistas K que fantaseaban con poner fin a la existencia de Clarín. Ninguno de esos horizontes era factible ni, en verdad, deseable.

La LdSCA, promovida por un amplio espectro social y acompañada por varios partidos opositores, es reformista por definición. No se expide sobre contenidos ni líneas editoriales, sí sobre el acceso al derecho de comunicar. No se trata de un ukase zarista sino de nuevas reglas establecidas con las restricciones y encantos de la legalidad democrática.

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Sospechas y controles: El objetivo de la adecuación es que las nuevas empresas sean independientes entre sí. Otros socios, otro capital, otros activos físicos, otro personal, plena autonomía. Es la forma de evitar que se repitan o perpetúen abusos de posición dominante, distorsiones de las reglas de la libre competencia.

Una sospecha de manual ya flota en el aire, es que los socios de hoy sigan siéndolo haciendo fraude. Que la escisión empresaria sea simulada y que el Grupo siga funcionando como tal, entre bambalinas. O sea, que las nuevas empresas se cartelicen, presionen o asfixien sin derecho a la competencia, que la adecuación sea un simulacro. La hipótesis circula en el ágora política, tiene cultores versados y no se la puede rechazar de plano.

Precaverlo leyendo con minucia la propuesta y evitarlo si ésta se homologa será tarea principal del Estado y de los organismos de control. Puede suponerse que con el actual gobierno éstos se pondrán las pilas para cumplir su deber. Y que hay un velo de duda sobre lo que pueda hacer quien esté en la Casa de Gobierno desde 2015. Cada cual tendrá su responsabilidad ante la ley y la sociedad.

Por ahora, la ley antitrust funciona como todas las de su tipo. No es (ni jamás aspiró a ser) un despojo a los dueños ni decreta su muerte civil. Es un mecanismo para asegurar relativa paridad en la prestación de los servicios de comunicación audiovisual.

Sin precedentes históricos locales que habiliten una comparación, todo son especulaciones. Este cronista cree que la fragmentación de las empresas no es neutral, si se cumple a rajatabla. El ejercicio del mando concreto jamás es idéntico entre distintos protagonistas. No está predeterminado que los dueños formales de Clarín, que son capitalistas potentes, fungirán de peones de Magnetto y Herrera de Noble. En todo caso, el legítimo asedio de los entes estatales debe evitar que su praxis altere los nuevos equilibrios del mercado.

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Recuerdos del pasado: Entre los suspicaces hay memoriosos con buenas fuentes. Son los que evocan que Rogelio Frigerio, antes de ser desplazado por Magnetto, manejaba a Clarín desde las sombras. Quienes leyeron el excelente libro Clarín. El gran diario argentino. Una historia del periodista Martín Sivak agregan precisiones: no era desde las sombras sino desde unas oficinas en la calle Córdoba.

Los ricorsi de la historia son aleccionadores. Y la suspicacia es un atributo de la sagacidad.

Claro que no es cantado que la historia se repita, máxime si mucho ha mutado el contexto. Lo que ocurrió fue posible, los protagonistas lo conocen al dedillo. Es un dato sólido que no obliga a prendarse de las comparaciones a varias décadas de distancia. Ni un diario importante es lo mismo que la mayor empresa privada de medios de la Argentina y una de las más poderosas del mundo. Ni el país es el mismo ni su estructura comunicacional. Frigerio manejaba los hilos en un estadio que podría considerarse prehistórico.

De nuevo, es arrogante predicar cuál será el devenir, apenas se sugiere que no es forzoso que sea casi un calco cuando tanto ha cambiado.

Lo que sí ocurre y tiene un potencial simbólico enorme es que el apellido Noble se aleja de Clarín. Y que lo hace Magnetto, un zar de la política en penumbras y de la comunicación, solo visibilizado por la disputa cultural que emergió en los años recientes. Que fuera conocido, debatido, aplaudido o vilipendiado es un avance de la democracia. Que deje Clarín, tal vez resulte un hito histórico cuyo cabal sentido se develará con los años.

Agreguemos un razonamiento, opinable desde ya. Si la confianza entre los socios fuera tan sólida, si fueran estrictamente “uno”, si no tuviera fisuras, tal vez lo más lógico hubiera sido que Magnetto y Herrera de Noble se quedaran en Clarín que es la avanzada simbólica del Grupo. El prestigio real o figurado (vinculado al periodismo y hasta a la libertad de prensa) finca ahí y no en el comercio del cable. Ceder ese espacio, que es una tribuna local y en cónclaves internacionales, se explica desde la lógica del capital o de los fenicios, no por la de los apóstoles de las libertades públicas.

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El socio difícil: El magnate mexicano David Martínez prosigue siendo socio minoritario, aunque no irrisorio, de Cablevisión. Desde hace tiempo se diferencia de Clarín, en defensa de sus intereses. Hizo una pseudo propuesta de adecuación no vinculante, denunció maniobras potenciales de los socios. Entre ellas puso por escrito la pretensa jugada de hacer anticipos de herencia para colocar como nuevos actores a los hijos de Herrera de Noble. Sabbatella hizo “anticipo ofensivo” anunciando que esa picardía ilegal no sería tolerada. El Grupo no la reconoció estrictamente, tampoco la negó. Algunos de sus aliados mediáticos la divulgaron. Como fuera, no se concretó.

El futuro desempeño de Martínez, un pez gordo de las finanzas internacionales, es un enigma abierto. Puede tener gran influencia, puede virar en sus alineamientos. El hombre, como titular de la multinacional Fintech, hizo una oferta para quedarse con mayoría accionaria en Telecom Argentina. Ese es un interés central en estos días, lo que no implica que descuide el modo en que manejará su capital en CV del que debería desprenderse cuando se cierre lo de Telecom. Será un actor protagónico, móvil y hasta viscoso en cualquiera de los varios porvenires posibles.

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Otras carpetas en danza: La Afsca dilató el tratamiento de las adecuaciones de otros grupos relevantes: Prisa, Telecentro y Telefé. Antes de la sentencia definitiva de la Corte, Clarín ya había protestado cuando no se les aplicaba plenamente la ley que sus cautelares habían suspendido para sí. El Gobierno replicaba, razonablemente, que sería prematuro e inequitativo cerrar el trámite cuando faltaba resolver qué pasaría con el jugador más grande. Se hubiera acrecentado la asimetría preexistente.

Con las adecuaciones, sin verbalizarlo (lo que hubiera sido mejor) se tomó un rumbo parecido. En el caso de Telefé también pudieron influir las tratativas con Repsol por YPF. Es factible y lógico que se exija a Telefónica de España desprenderse de sus activos en Telefé lo que hubiera generado un ruido adicional en las negociaciones que llevaban adelante el Gobierno e YPF con otra multinacional española.

Despejada, por así decirlo, la incógnita de Clarín es el tiempo de cerrar las otras adecuaciones, respetando el mandato de la Corte Suprema: hacerlo siguiendo las reglas de la LdSCA y sin discriminar entre los competidores. La labor es ardua, pero no imposible. Las empresas tienen espolones, la judicialización (es consabido) es una de sus herramientas potenciales. Para Clarín, una de las favoritas sustentada en la sospechosa aquiescencia de jueces amigables.

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Hipótesis a contrapelo: Una ley fue resistida por una megaempresa durante años. Su defensa fue desmesurada, en el papel, en la tele, en la radio y en el Foro. Se atendieron las reglas del debido proceso aún en medio de exasperantes dilaciones indebidas. Los trámites administrativos no son expeditivos, pongámoslo con ternura.

La reseña pinta el trabado funcionamiento del sistema democrático real existente. El poder político trata de recuperar su espacio, en buena medida intrusado por las corporaciones. Vista desde esa perspectiva, toda la saga de la LdSCA es interesante, un avance trabajoso, un antecedente que puede ser peldaño para conquistas mayores.

Quienes agitaban el espantajo de la dictadura K, dirán que el Gobierno fracasó porque Clarín sigue existiendo y le hará una oposición fenomenal. Entre tanto, Magnetto y Herrera de Noble se movieron hacia la crema del negocio, que representa algo así como los dos tercios del patrimonio del Grupo. Y se desligaron, en público, del prestigio que supuestamente adorna a los popes de la comunicación de masas.

La conclusión, provisoria, porque los hechos siguen transcurriendo, es muy diferente si se elige una lectura menos gallinácea, más sistémica, menos coyuntural. No es el enfoque que está de moda, pero quizá sea el más certero.

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Imagen: DyN
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