EL PAIS › OPINION

Perspectivas desde el puente

La recorrida por las elecciones provinciales. Las que vienen y las que faltan. Previsiones sobre escenarios nacionales. Un contexto con problemas. Un poco de análisis, la carta astral de la patria, un editorial amenazante. Internas ardientes. Segunda vuelta muy conversada. Desconciertos de un inmigrante islandés.

 Por Mario Wainfeld

El domingo próximo se concretará la conversada segunda vuelta en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Desde entonces hasta el 9 de agosto mediará un resuello en el agitado calendario electoral. Contando el presente fin de semana serán cuatro seguidos en todo el territorio patrio allende la Avenida General Paz, dos aquende. Se podrán consagrar plenamente al ocio, a las comidas familiares o amicales y al Fútbol para Todos, sin mengua de otras diversiones para entretener el ocio.

El 9 de agosto llegarán las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) a nivel nacional. También se celebrarán en once provincias para sus autoridades locales, con la numérica preeminencia de Buenos Aires.

Hasta ahora se eligieron gobernadores en ocho provincias, más la primera vuelta porteña. En Chaco hubo PASO, el kirchnerismo goleó.

Los mandatarios electos revalidan a los oficialismos locales existentes en seis casos contra dos. En Chaco y en la CABA faltan las instancias decisivas pero los números inducen a suponer que ahí también primarán quienes juegan de local.

En La Pampa se celebraron internas del espacio justicialista. Los peronistas federales (adversarios del gobierno nacional) vencieron a los candidatos del Frente para la Victoria (FpV). Así las cosas, el FpV no podrá ganar. Otra provincia cambiará de mano para los compañeros “federales” o para una coalición entre la UCR y el PRO.

Ocho a tres quedará el score con la mitad de distritos decididos, da la impresión.

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Un peculiar consenso: El cronograma es problemático, febril, variado pero no enloquecido ni azaroso. Los mandatarios provinciales tienen en general margen para fijar las fechas en su terruño y cada cual procura su propia conveniencia.

Muchos de los distritos que se vienen expresando (Neuquén, Río Negro, Córdoba. Tierra del Fuego, Santa Fe, CABA) son gobernados por partidos opositores o ajenos al FpV. Sólo cuatro responden al oficialismo nacional: Salta, Chaco, La Rioja y Mendoza. Constituyen, pues, minoría. Es transitoria ya que el cuadro general de todos los distritos es de marcada preeminencia del FpV.

Eso se notará a partir de septiembre. Desde entonces elegirán gobernador once provincias de las que solo una no responde al oficialismo nacional: San Luis. Casi todas decidirán el mismo día de la primera vuelta nacional, el 25 de octubre.

Los adversarios han coincidido en el criterio que orientó sus tácticas. Los “no FpV” se inclinaron por despegarse de la compulsa nacional de octubre. Los alineados con el FpV en buscar un día en que se defina “todo”. La hipótesis compartida, se diga o no, es que en esos comicios conjuntos el alto piso del oficialismo nacional “tirará para arriba” o como poco sustentará las boletas distritales.

Solo cuando se escrute se sabrá quiénes acertaron o no.

Hasta ahora la tonalidad dominante en las provincias ha sido la continuidad, con matices. Los oficialismos prevalecen, muchos nombres de protagonistas se repiten.

El FpV ha acumulado un 31 por ciento de los votos acumulados en esas variopintas comarcas. Así dicho, parece poco. Pero un interesante artículo del politólogo Javier Zelaznik publicado en El Estadista comprueba que en 2011, el año de la mejor elección del kirchnerismo, ese total era casi igual, ligeramente menor: el 29,8 por ciento. Se lo puede consultar en http://elestadista.com.ar/?p=7621

Cuatro años ha, fueron las provincias que “faltan” las que subieron el porcentual acumulado en ese nivel al 48 por ciento (calculado sobre 23 provincias) según informó Zelaznik gentilmente a este cronista. También sucedió que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner mejoró las marcas de sus candidatos a gobernador, en particular de varios perdedores: Neuquén, Santa Fe, CABA sin ir más lejos.

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El aporte de la astrología: En esta semana Clarín.com publicó la carta astral de la Argentina, nacida un 9 de julio. Se trata de una pieza formidable, expresiva del nivel del periodismo in the pendiente. Entre otras cuestiones, los astros se alinean para predecir que: “Para la astrología los años venideros anuncian un tiempo de intenso crecimiento y grandes oportunidades de maduración”. Su Luna, su Sol y su ascendente en Libra “anuncian la llegada de un período de profunda transformación. La astrología vaticina tiempos de cambios radicales, de grandes desafíos y nuevos renacimientos –similares a 1982 cuando atravesamos la desgraciada Guerra de Malvinas–. A partir de la Guerra de Malvinas nos liberamos del terrible pensamiento asociado a que el gobierno militar podía arreglar nuestros problemas y nos animamos a comprometernos en el camino de la democracia. (...) Más allá de quien nos gobierne a partir de diciembre del 2015, el destino astrológico de nuestro país sugiere una nueva etapa de mayor compromiso. Las estrellas nos obligan a una forma de democracia menos verticalista, donde la corrupción sea gravemente sancionada y superemos por fin el karma de la inflación”. Una carta astral programática, digna de atención suministrada por las estrellas y el multimedios, quien quiera oír que oiga.

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Puntos de partida: Desprovisto de esos saberes, este cronista tampoco incursionará en la profecía ni reseñará en detalle las encuestas. De cualquier modo sí se puede ir bosquejando escenarios, muy tentativos, que el pueblo soberano corroborará o reducirá a cenizas o algo intermedio.

Por lo pronto, puede apuntarse que mientras los escenarios provinciales han registrado en promedio pocos cambios, el nacional tiene algunos relevantes. La imposibilidad de reelección de Cristina Fernández de Kirchner, por imperativo constitucional, es uno fundamental.

La oferta opositora, da la impresión, se diseminará menos que en 2011. Tal vez el cuadro se parezca más al de 2007 cuando el radicalismo representado por Roberto Lavagna y la Coalición Cívica de Elisa Carrió pugnaron por el segundo y tercer lugar. Aun en ese caso, su relativa paridad conspiró para que quedara muy lejos de Cristina.

El análisis y los sondeos hacen pensar que son hipótesis verosímiles una creciente polarización amén de mayor cercanía entre el FpV y su challenger más apoyado.

Solo se muestran competitivas dos coaliciones opositoras: las que previsiblemente llevarán como paladines al jefe de Gobierno Mauricio Macri y al diputado Sergio Massa que, todo modo, deben “pasar” por internas el 9 de agosto.

Las PASO pueden fomentar que los votantes no-K o anti-K que avalen a quien salga tercero se desplacen tácticamente al segundo en octubre.

El esquema general se asemejaría, entonces, al que se produjo recientemente en Brasil y Uruguay.

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Datos (algo) más duros: Incluso con tantas urnas de por expresarse y sin carta astral alternativa algo puede insinuarse sobre el capital político con que podrían contar Macri o Scioli si llegaran a la Casa Rosada.

Se toma al opositor más taquillero al que consiguió posicionar en grandes ligas un partido de derecha o centro derecha, por primera vez en la historia democrática. Es una novedad auspiciosa para el sistema político (la derecha dedicada a la pugna política y no al golpismo) aunque su victoria no lo sería para el progreso de la Argentina, según el criterio nada original de quien esto firma.

Se van definiendo las gobernaciones y es accesible un cuadro provisional del reparto de bancas en el Congreso nacional. Sin ser muy lanzados ni vaticinar con minucia, es casi clavado que el FpV seguirá siendo, lejos, el partido a cargo de más ejecutivos provinciales, a enorme distancia del PRO, que pinta para tener uno solo. O un par, con bastante fortuna.

En Diputados se renueva la mitad de las bancas y en senadores un tercio. Así las cosas, aún imaginando desempeños parejos entre FpV y Cambiemos será aquel quien conserve cómoda primera minoría en el Senado y, se supone, más estrecha que ahora en Diputados.

Si triunfara Scioli contaría con un nivel de apoyos a nivel institucional mayor al que acompañó al presidente Néstor Kirchner en sus inicios, semejante al de Cristina en 2007 y algo más reducido al que dispone hoy día la presidenta.

Eso, más la virtualidad de ganar terreno con gobernadores y legisladores del peronismo federal. Es conspicuo que la verdad veintiuno del justicialismo predica que todo compañero debe estar dispuesto al sacrificio de correr velozmente en auxilio del vencedor.

La fuerza propia de Macri, en cambio, sería muy escasa. Un gobierno local, unos pocos aliados de Cambiemos, bloques minoritarios en ambas Cámaras. Aún maquinando un horizonte propicio para PRO de acá en más (dentro de lo factible) Macri sería el presidente con menos caudal propio desde 1983. Lejos de Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Néstor y Cristina Kirchner.

Peliaguda pintaría la gobernabilidad para Macri sobre todo si su afán fuera desmantelar conquistas laborales o el esquema de protección social articulado desde 2003. Una sociedad movilizada con actores muy dispuestos a la acción directa seguramente tendrían mucho que decir y por hacer en tales casos.

Se ejemplifica con Macri por ser el opositor con mejores perspectivas según el sentido común de encuestadores, analistas, quinchos y tertulias de café. El panorama sería similar y aún más precario si Massa diera un batacazo.

Quienquiera que se ponga la banda presidencial contará al iniciar el mandato una elevada legitimidad de origen. Elecciones relevantes con alta participación y la tendencia general de los argentinos de abrir un (ay, breve) crédito al gobierno entrante le suministrarán oxígeno para arrancar.

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Un contexto complicado: Las condiciones iniciales para quien gobierne desde 2015 mezclan referencias auspiciosas con otras preocupantes. Las auspiciosas son la estabilidad y sustentabilidad política de la larga década, única en la historia nacional sin crisis políticas terminales. Ni crisis económicas comparables a las de 1989, 1999 o 2001 con desolador impacto en empleo y desmantelamiento del aparato productivo.

El presente y el futuro local e internacional justifican la preocupación. Es, por lo pronto, imposible imaginar un período de cuatro años exitoso sin crecimiento económico. Ni para un gobierno nacional y popular con propuestas redistributivas ni para uno nuevo de centro derecha con afán de revalidarse en las urnas.

En los años más recientes el kirchnerismo defendió con ahínco (y razonable éxito) los puestos de trabajo existentes y los niveles de consumo. Pero se estancaron el crecimiento y la merma del trabajo informal. Algo o bastante habrá que cambiar e innovar en materia de políticas públicas para relanzar y reformular el “modelo”.

El macrismo y la oposición en general hablan de pagarles a los fondos buitres, promover jubileos impositivos bastante magnánimos (sobre todo para los más pudientes) y generar endeudamiento externo. No queda claro cómo podrían conseguirlo sin alterar variables significativas del patrimonio de la clase trabajadora.

Nada será sencillo para ninguno. La coyuntura política y económica y de Brasil son a cual más preocupante. El “golpismo institucional” asedia y la economía del aliado estratégico no da señales de repunte. Si Brasil tiembla, la onda sísmica cimbrará en la Argentina.

Hay muchos más factores exógenos y endógenos que condicionarán el porvenir más inminente. Se ahorra el repaso acá, por razones de enfoque y espacio. Se abordará en notas venideras.

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La Nashion, nerviosha y los buenos modales: Por si éramos pocos, apareció la abuela. O por ser más precisos el irredento diario La Nación que amenaza sin ambages al gobierno actual o al que lo sucederá. Un editorial titulado “El sobrevuelo del cisne negro” predice una “fuerte devaluación” al caer que será “tanto o más incontrolable” según la confiabilidad del próximo gobierno. A riesgo de ser obvios: incontrolable será en cualquier supuesto. Si vence el FpV, agarrate Catalina. La tribuna de doctrina alecciona y promueve aquello que augura. Amenaza, en suma. Se deja a cada quien definir la estirpe de la amenaza: golpista, destituyente, patotera apenas. El poder fáctico habla y se anticipa al mensaje del padrón electoral. Ojo al piojo.

En otro editorial, más gratificante, el periódico mitrista se congratula por “gestos que deben ser habituales”. Habla de buenos tratos entre candidatos ganadores y perdedores en comicios provinciales. Cita al desayuno entre el gobernador electo de Mendoza, el radical Alfredo Cornejo y el gobernador kirchnerista saliente Francisco Pérez.

Por una vez, cabe coincidir con La Nación. Los buenos modales, el reconocimiento a quien venció, los diálogos siempre son bienvenidos y edificantes. Gratifican a “la gente”, emiten una señal de convivencia.

Para completar el cuadro habría que apuntar que hubo malos perdedores que cuestionaron sin razón escrutinios que le fueron desfavorables. El aspirante santafesino del PRO Miguel Del Sel fue el primero. El radical cordobés Oscar Aguad también porfió la noche del domingo 5, alegando un “empate técnico”. Algo que solo concierne a los sondeos pero no a una votación en la que pude haber finales parejos, cabeza a cabeza o hasta igualdad en un caso extremo. Pero jamás la virtualidad del empate técnico que solo concierne a los sondeos y sus limitaciones predictivas.

Otros saludos interesantes se cruzaron la semana. Mariano Recalde, batido en la CABA, felicitó a quienes van al ballottage: Horario Rodríguez Larreta y Martín Lousteau (ver asimismo nota aparte).

Cristina Fernández de Kirchner llamó a Juan Schiaretti, próximo gobernador cordobés. Lo felicitó y usó el cariñoso vocativo “Gringo”: Este agradeció en su discurso triunfal el mensaje y el del Chino Carlos Zannini. Tanto apodo amable fastidió al gobernador cordobés, el Gallego De la Sota, quien fumigó a Cristina y Macri con ecuanimidad.

“¿Todos los políticos usan apodo como los jugadores de fútbol?”, inquiere y se fastidia el politólogo islandés recién llegado a la Argentina. “Antes sólo lo hacían los futbolistas brasileños. ¿Por qué llaman a las mujeres por el nombre (Cristina) o por el apodo (Lilita Carrió)? Es imposible aprender tanto en poco tiempo, con votaciones todos los días”. “¿Cómo puede ser que la oposición republicana y ejemplar se agreda entre sí o desconozca los veredictos electorales? ¿Por qué no fueron millones de ciudadanos a defender al egregio juez interino-vitalicio Luis María Cabral?”, agrega azorado.

Su flamante amigo, el politólogo sueco que viene currando desde años en estas pampas, se le ríe en la cara y se va a ver a Boca por tevé del bracete con la colorada progre que ahora es cristino-camporista. El islandés rumia bronca y piensa en cómo vengarse de su colega burlón. Una nueva grieta en ciernes... podría agregar divisiones al de por sí tenso clima nacional.

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Imagen: Leandro Teysseire
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