EL PAIS › TEMAS DE DEBATE CUAL PODRIA SER EL IMPACTO DE UNA LIBERALIZACION

El riesgo de la apertura comercial

El fallo contra Argentina en la OMC dará paso a una nueva etapa de administración comercial que aún es incierta. El contexto internacional complica la situación porque los países centrales buscan colocar sus excedentes en la periferia.

Producción: Javier Lewkowicz

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¿Abrir o cerrar?

Por Demián Dalle *

En medio de las elecciones presidenciales, la mayor parte de las propuestas suelen elaborarse en gran medida sobre la base de lo que la sociedad desea escuchar, lo cual puede estar distanciado del aquí y ahora. Con respecto a las negociaciones internacionales y el comercio exterior de Argentina, el proceso electoral presenta un debate más alejado que cercano de la actual coyuntura mundial. Al menos, por ahora.

En general, los planteos se presentan a través de una gran disyuntiva: o bien hay que “abrir” la economía, o bien hay que “cerrarla”, sin referencias claras sobre el significado último de ambas opciones, casi como si fuera una decisión exclusiva de los policy makers. Otros relatos más complejos invitan a “expandir” las ventas al exterior y, a partir de allí, construir una senda de crecimiento estable y sostenido, olvidándose de que el resto del mundo a veces no juega en nuestro equipo, sobre todo cuando algunos de nuestros socios buscan ganar competitividad a través de salarios bajos o con prácticas de dumping que permiten introducir bienes en el mercado doméstico por debajo de su costo.

Pero vayamos al punto anterior y central, ¿cuál es el gran problema de fondo de los planteos binarios? Impiden reflexionar sobre los pormenores del tema central, en este caso, el comercio exterior. Comencemos con las exportaciones. El mundo se encuentra prácticamente estancado. Según el FMI, el crecimiento mundial en 2016 será de 3,12 por ciento. EE.UU. será la economía desarrollada con la mayor tasa proyectada de crecimiento (2,54 por ciento), incluso por encima del promedio de los países más avanzados (1,98 por ciento). Aunque nada despreciable, se ubica bastante lejos de las cifras que vimos en la década anterior. Tal vez, esa evolución es la que genere que internamente se debata cuándo aumentará la tasa de interés, aunque su mero anuncio (del debate) provocó caídas en los precios de los principales commodities (la soja, el maíz, el trigo y el petróleo registraron caídas del 21, 13, 28 y 48 por ciento, respectivamente, en el período acumulado entre enero y octubre de 2015 en relación con el año anterior). Barack Obama, por su parte, continúa promocionando acuerdos comerciales multilaterales (como el TPP y el TTIP) a través de su cuenta de Twitter. Lo curioso de este juego geopolítico es que China no forma parte de este mega acuerdo, aunque sí lo hace Japón. Pareciera que EE.UU. y Japón quisieran disputarle al gigante asiático no sólo su presencia en la región Asia-Pacífico, sino también su posición en América del Pacífico. China, por su parte, no solo está bien presente en la región latinoamericana –ya que es el principal socio comercial de Brasil, Chile y Perú y el segundo de la Argentina, México, Colombia y Ecuador–, sino que también, al permitir un mayor crecimiento de su población con el fin de su política del hijo único aplicada durante décadas, parecería sostener una estrategia dual de consumo interno y exportaciones.

Con este contexto de precios hacia la baja y un mundo estancado, habría que sumar entre otras cuestiones: a) devaluaciones/guerra de monedas (por ejemplo, la devaluación del real se ubicó en 58 por ciento, si se compara octubre de 2015 contra octubre de 2014), b) mayor número de medidas no arancelarias (la OMC registró más de 2416 medidas restrictivas desde octubre de 2008), y c) la elasticidad comercio/producto mundial se redujo en los últimos años. Esto quiere decir que el aumento del PIB mundial implica un aumento del comercio cada vez menor. El deseo de aumentar exportaciones bajando retenciones o estableciendo mayores reintegros no parecería cambiar demasiado la cuestión de fondo, aunque incentivaría al productor individual que hoy se encuentra en serios apuros. Entonces, ¿es imposible aumentar exportaciones? No. Para ello, se necesitará diagramar un plan de exportaciones profesional y exhaustivo.

Vamos ahora por las importaciones. La Argentina tiene al momento de escribir este artículo un fallo en contra establecido por el Organo de Solución de Diferencias de la OMC. La adecuación del actual sistema de administración de importaciones deberá llevarse a cabo antes del 31 de diciembre de 2015. Las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI), que reemplazaron a las Licencias Automáticas y No Automáticas en 2012, darán paso a una nueva etapa de administración comercial que podríamos llamar 2.0, y que aún es incierta. La industrialización incompleta de la Argentina requiere de dólares para financiar, por un lado, aquellos productos finales que no se producen en el país, y por el otro, aquellos insumos necesarios para sostener esa matriz productiva (incluyendo los combustibles) y las maquinarias para acelerar la acumulación de capital. La necesidad de dólares o la falta de ellos, “restricción externa”, obligan en la práctica diaria a administrar la utilización de dichos dólares y, por lo tanto, el comercio.

En un mundo cada vez más complejo, la definición estratégica del desarrollo económico, que invita a la redefinición de tácticas vinculadas al comercio exterior de la Argentina, se convierte casi en un proceso prácticamente ineludible. Estas tácticas forman parte, sin duda, de un conjunto mucho más amplio relacionado con la política industrial, la macro y la cambiaria, pero no por ello menos importante.

* Economista.


Romper el ciclo perverso

Por Eduardo Crespo *

Muchos analistas diagnostican un “fin de ciclo” en América latina. Los desempeños económicos de los últimos años, los vuelcos ideológicos de algunos gobiernos, como el brasileño, sumados a los resultados electorales recientes, parecen apuntar a un cambio de rumbo regional. En el plano económico, los años en que los precios internacionales de las materias primas subían ininterrumpidamente quedaron atrás. Varias de las economías denominadas “emergentes”, que empujaban el crecimiento global, se desaceleraron o incluso entraron en recesión.

Sin embargo, aunque las condiciones económicas globales que deberá enfrentar el próximo gobierno argentino no serán excepcionalmente favorables, como en los años 2000, tampoco serán funestas. Se prevé que la economía mundial seguirá creciendo entre 3 y 4 por ciento en 2016. Si bien la economía norteamericana no volvió a crecer con solidez desde la crisis, se espera que lo haga en torno del 2 por ciento el año próximo, en tanto que Europa debería hacerlo a 1,5 por ciento. De igual modo, aunque las noticias de China parezcan desalentadoras, se espera que crezca entre 6 y 7 por ciento. Otros gigantes asiáticos, como India, crecerán entre 7 y 8 por ciento. El conjunto de Asia, excluido Japón, crecerá 6,5 por ciento. Incluso Africa Subsahariana está creciendo entre 3,5 y 4,5 por ciento (cifras del FMI).

La región que arroja peores resultados es América latina, que cierra 2015 en recesión, resultado que muy probablemente volverá a repetirse en 2016. Del conjunto de países, el que llama la atención por su pésimo desempeño es Brasil, nuestro principal socio comercial y político, cuyo PBI caerá 3 por ciento en 2015 y muy probablemente volverá a figurar con números rojos en 2016. Este dato no puede pasar desapercibido, ya que además de afectar las exportaciones del país en el corto plazo, genera interrogantes sobre la continuidad, el sentido y la conveniencia de la integración regional en todos los países integrantes del Mercosur. Esto sucede, además, al mismo tiempo que Estados Unidos avanza con acuerdos de libre comercio en toda la región.

Un eventual cambio de rumbo dependerá más de las nuevas orientaciones ideológicas y geopolíticas que de restricciones económicas o materiales. Aunque los términos de intercambio cayeron el último año, aún se encuentren en niveles apreciablemente superiores al promedio de las últimas décadas. Incluso una suba de las tasas internacionales de interés no puede tener efectos devastadores para una región que se encuentra virtualmente desendeudada en moneda extranjera. Si se tiene en cuenta que se parte de tasas próximas a cero, América latina aún podría registrar un nuevo ciclo de entrada de capitales que le permitiría financiar moderados déficit de cuenta corriente por períodos relativamente prolongados.

El dilema en este caso pasará por el destino y la dirección del endeudamiento. La mayoría de los países de América del Sur experimentó elevadas tasas de crecimiento desde los últimos años, unidas a apreciables mejoras sociales, aumentos salariales, universalización de derechos y una distribución más equitativa de la riqueza. La continuidad de esta tendencia hoy está comprometida por factores económicos y políticos. Los económicos son bien conocidos: los aumentos en los niveles de actividad se suelen topar con la restricción externa, que se manifiesta en escasez de dólares, devaluaciones, inflación y finalmente caídas de los niveles de ingreso y de empleo como condiciones “inevitables” de reordenar las cuentas externas. Es el caso argentino. Pero los factores políticos son aún más complejos y difíciles de administrar: las mejoras sociales y la caída del desempleo suelen sufrir el boicot y la resistencia explícita de sectores capitalistas y de amplias franjas de las “clases medias”, que visualizan en esas políticas una amenaza a sus intereses tanto materiales como simbólicos. Es el caso de Brasil y también de la Argentina. Pero lo más complejo del caso es que estos obstáculos al desarrollo, como bien lo documenta la bibliografía local, suelen combinarse de forma pendular. Así, durante los períodos de restricción externa se fortalecen las posiciones conservadoras que atribuyen los problemas al “excesivo gasto público”, al “clientelismo” y a la “demagogia”, en lugar de poner correctamente el acento en la necesidad de elevar la productividad con mejoras en la infraestructura, aumentos de la inversión pública y políticas industriales explícitas. El desarrollo económico argentino y regional dependerá de nuestra capacidad para romper con este ciclo perverso.

* Profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

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